Adolescencia: ¡De 9 a 25 años!

Adolescencia: ¡De 9 a 25 años!

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Lo que viene a continuación puede que te incomode y te entren ganas de pegarme un portazo virtual pero, tanto si eres padre-madre como si no, te recomiendo que te quedes hasta el final y así puedas ver otros puntos de vista que, tal vez, te ayuden a mejorar tu relación con tu hijo adolescente o con el tuyo propio interior.

Es curioso cómo, cuando recordamos el pasado, tendemos a saltarnos ese período turbulento y problemático llamado adolescencia y cuando nos convertimos en padres muchos sufrimos amnesia de nuestra propia adolescencia. Pero muchas veces cuando nos relacionamos con nuestro hijo adolescente puede sacar lo peor de nosotros. Y si nos trasladamos a nuestra adolescencia podemos recordar días de rabia, angustia, desorientación, confusión emocional y malentendidos con compañeros, conflictos con nuestros padres, haber sido excluidos de tu grupo de amigos o incluso recordamos las ganas de mandarlo todo a la mierda porque no veíamos salida. 

Y ahora que lo veo desde la distancia y la madurez creo que es la época, que si está bien canalizada, es la más auténtica de nosotros mismos. Y casi siempre, una vez pasada esta época, nuestra esencia se apaga, se desintegra y, sin quererlo ni beberlo, nos replicamos en nuestros padres como vimos en el episodio/artículo anterior. 

Si nuestra adolescencia hubiera estado bien canalizada (orientada o dirigida) nos hubiéramos comido el mundo. Así que si tienes adolescentes en casa te recomiendo que los apoyes hasta el final porque son diamantes en bruto y si les ayudamos a pulirse brillarán más que las luces de Navidad.

Te aconsejo que recuerdes tu adolescencia para comprender la de tus hijos que, por cierto, ahora abarca (siempre abarcó) de los 9 años hasta los 25 años. Nada más y nada menos que 16 años de período donde el cerebro está en pleno crecimiento y desarrollo. 

Nos dicen que es en la infancia donde se conoce cuál es nuestra auténtica vocación pero es durante la adolescencia cuando reavivamos y reconectamos con ella. Esto sucede por una razón. Es durante este difícil período y de transición que conectamos con nuestra pasión de una manera renovada e intensa porque es una forma de lidiar con el dolor y la incertidumbre que experimentamos. Y por otra parte, también puede servir como una especie de escape y refugio de todo.

En cualquier caso y sea como sea, es una forma de conseguir que no perdamos la cabeza y nuestra frágil cordura. 

En mi caso personal fue el divorcio de mis padres lo que hizo que me volcara en el estudio y pasara horas en la biblioteca de mi barrio leyendo todos los libros de nutrición y de terapias alternativas; gastaba mi paga de 500 pesetas en discos de Michael Jackson y me recreaba viendo ‘Regreso al Futuro’ y todas las películas americanas de los 80 del video club de al lado de mi casa. Recuerdo mi soledad y la incomprensión de mi entorno pero también recuerdo mi primer novio que, si no le hubiera dejado, seguramente sería el padre de mis hijos, en serio, una muy buena persona que él también había pasado lo suyo con el divorcio muy turbulento de sus padres y que sólo quería acompañarme en mi proceso y no le dejé, dañé nuestra relación como una autoafirmación de que las relaciones de pareja eran un desastre como lo había visto en casa. Le mando un abrazo y espero que encontrara una gran mujer que le diera la familia que tanto deseaba.

Ahora tengo una hija en plena adolescencia así que me he puesto a investigar y me ha encantado el trabajo de la psicoanalista Erica Komisar que, en su segundo libro, Chicken Little, el cielo no se está cayendo: criando adolescentes resilientes en la nueva era de la ansiedad, ofrece a los padres las herramientas que necesitamos para navegar en esta época tumultuosa de cambios y crear una conexión profunda, auténtica y duradera con nuestros hijos. Nos enseña a prevenir o reconocer las primeras etapas de los trastornos de salud mental como la depresión, el TDAH, los problemas de conducta y la adicción. Seamos realistas, es un período caótico tanto para sus vidas como para las nuestras. 

Como he comentado, la edad de la adolescencia se ha ampliado de los 9 hasta los 25 años. Este período de crecimiento se divide en tres fases principales: 

  • La adolescencia temprana de Exploración de 9 a 13 años.
  • La adolescencia media de Declaración, antiguamente conocida como la adolescencia principal, de los 14 a los 18 años. 
  • La adolescencia tardía de Confirmación, también conocida como el período de adulto joven, de 19 a 25 años. 

Es al final de la adolescencia cuando el cerebro ha madurado total y emocionalmente.

Infancia. Momento Crucial 

Erica Komisar, en su primer libro Estar allí: por qué es importante priorizar la maternidad en los primeros tres años, nos dice que aunque la adolescencia es un período crítico de crecimiento cerebral, no es el único. El primer período crítico comienza desde el nacimiento hasta los 3 años y es crucial para la regulación emocional y la resistencia al estrés. En esta etapa, el entorno es especialmente importante y el bebé/niño pequeño sigue siendo extremadamente sensible al estrés. Y aquí, especialmente las madres, actúan como el apego principal del niño y como amortiguadores del estrés.

‘Es esencial y vital que el cuidador esté siempre ahí, presente y ayude a calmar al bebé en cada momento, ya que esto regulará biológicamente las emociones del niño, sentará las bases de la seguridad emocional y creará un refugio seguro y una confianza sólida en el entorno. Se trata de elementos importantes de afrontar y regular eficazmente el estrés y para tender un puente hacia la resiliencia, todo ello en preparación para etapas posteriores en las que se pondrán a prueba, en particular en la adolescencia. Al cuidar a su hijo, especialmente durante los primeros tres años de su vida, al protegerlo del estrés excesivo y al no colocarlo en centros e instalaciones institucionales, como guarderías, durante esos años críticos de crecimiento y conexión, la parte del cerebro que detecta el estrés, la amígdala, se silenciará (lo cual es bueno) y no se conectará (no amígdala, no miedo).’ 

La guardería no es la mejor opción

Según Erica Komisar, nos hemos creído que la guardería es el primer lugar para que los niños socialicen. Y según sus investigaciones, es contraproducente para sus cerebros porque aumenta la agresividad, los problemas de conducta y los trastornos de apego ya que los bebés necesitan que sus madres pasen con ellos el máximo tiempo posible los primeros tres años y así construir su seguridad emocional.
Nos recalca la importancia de los roles entre madres y padres ya que cumplen diferentes funciones.

  • Las madres son importantes para lo que llaman la crianza empática y sensible de los bebés y niños pequeños. Eso significa que cuando los niños están angustiados, las madres los calman y regulan sus emociones al momento. Cada vez que una madre calma a un bebé a través del contacto piel con piel, del contacto visual, y del tono tranquilizador de su voz regula sus emociones. Cuando las madres están lo suficientemente presentes física y emocionalmente en los primeros tres años, ayudan al bebé a aprender a regular sus emociones. Así, a los tres años de edad, el 85 % del cerebro derecho está desarrollado. A los tres años, los bebés pueden empezar a interiorizar la capacidad de regular sus propias emociones. Ahora bien, si las madres no están presentes como figuras principales de apego para calmar sus emociones, entonces los bebés no aprenden a regular sus emociones. La otra cosa importante que hacen las madres es proteger a los bebés del estrés llevándolos en su cuerpo durante el primer año y luego, al estar lo más presentes posible durante tres años, protegen el cerebro del bebé del cortisol, la hormona del estrés. Entonces la oxitocina, la hormona del amor, protege contra el cortisol. Cuanto más nutre una madre con una crianza sensible y empática, aumenta la oxitocina en el cerebro del bebé, que luego lo protege del cortisol.
  • Y los padres también producen oxitocina pero tiene un efecto diferente en el cerebro. Para las madres, la oxitocina hace que sean sensibles, empáticas y muy atentas a las necesidades de su bebé. Cuando los padres producen oxitocina, proviene de una parte diferente de su cerebro y los convierte en lo que llaman estimuladores táctiles lúdicos de los bebés como lanzar al bebé al aire, hacerle cosquillas y bromas, correr detrás del bebé fomentando cosas como la exploración, la habilidad para asumir riesgos y la autonomía. Y ambos, madres y padres, hacen algo realmente importante: ayudar al bebé a aprender a regular las emociones. Las madres ayudan a regular la tristeza, el miedo, la angustia y los padres ayudan a regular la excitación y la agresión. Cuando hay madres solteras que crían a sus hijos sin un padre, a menudo los niños pequeños desarrollan problemas de conducta ya que no pueden regular su agresión porque los padres ayudan, a los niños pequeños en particular, pero también a las niñas pequeñas, a regular la agresión. Entonces, cuando los padres no están presentes, a menudo se ven niños pequeños que son más impulsivos y más agresivos. Tanto los padres como las madres son fundamentales para el desarrollo de los niños, lo cual es muy controvertido hoy en día, porque si te crían sin uno, te falta una pieza. Así que no somos iguales porque nuestras hormonas así lo demuestran. Los padres producen grandes cantidades vasopresina que es la hormona protectora y agresiva por lo ayuda a los padres a proteger a su familia. Se hizo un estudio donde las madres y los padres se tumban en la cama y el bebé en su cuna. El bebé llora y el padre sigue durmiendo plácidamente mientras el bebé sigue llorando pero la madre se despierta de inmediato para atenderlo. Pero se oye un ruido externo en la ventana, la madre duerme, el bebé duerme y el padre se despierta de inmediato porque está en sintonía con la amenaza depredadora. Así que madres, en estos tres primeros años, no te frustres si tu pareja no se despierta para atender a su bebé porque eso no significa que no lo quiera.

Seamos sinceros, queridos padres, tener hijos es estresante y frustrante. Requiere estar sin dormir durante los primeros cinco años más las noches en vela que pasaremos en la adolescencia mientras los esperamos a que lleguen a casa. Requiere que puedas tolerar mucha incomodidad e impotencia. Nos venden que la paternidad/maternidad/crianza es alegría y lo más maravilloso de que te va a pasar en la vida pero también conlleva frustración, falta de sueño, estrés, malestar y esto también tendría que estar dentro de esta definición y ya no digamos si tenemos que añadir la lactancia al pack familiar.
Siguiendo con la guardería, que a primera vista puede ser bastante liberadora para los padres, nos dicen los expertos que eleva los niveles de cortisol salival en los niños, es decir, que esos bebés sufren estados estresantes a una edad muy temprana, cuando sus cerebros están en pleno desarrollo. ‘Se sabe que las guarderías aumentan la agresión, la ansiedad y los problemas de conducta en los años escolares, y esos niños tienen más probabilidades de desarrollar trastornos de apego. Recuerde, esos primeros tres años, cuando los niños son tan frágiles y vulnerables, alejarlos de nuestro cuerpo como figura de apego principal y entregárselos a extraños y dejarlos allí durante horas hará que su hijo tenga que desarrollar defensas patológicas, y eso es lo que esos niños se ven obligados a hacer.’  Pero la sociedad en la que vivimos nos fuerza a que sea la opción por excelencia. Así que, en la medida de lo posible, lo ideal durante los tres primeros años de vida de un bebé su principal figura de apego tendría que ser la madre. Y si eres madre trabajadora, y te toca ir a trabajar, pues pide ayuda a las abuelas o las tías para que así todo quede en familia.

Adolescencia, segundo período crítico y crucial

La tormenta emocional de la adolescencia llega a escena y es el segundo período crítico de crecimiento cerebral donde el cerebro vuelve a estar vulnerable y bajo presión. Incluso para los niños sanos, la adolescencia se vive como un trauma y si el adolescente tiene poca seguridad emocional y poca capacidad para regular sus emociones no saldrá ileso.

La adolescencia es un período en el que, como padres, tenemos una gran influencia en nuestros hijos, además de una gran responsabilidad. Y no ayuda que nos sintamos impotentes y confundidos o que proyectemos nuestro estrés en ellos y si lo hacemos es porque nuestra adolescencia no está sanada y aparece nuestro adolescente rebelde interior y se convierte en una lucha entre dos adolescentes (tu adolescente interior y tu hijo adolescente) donde aquí pierden todos. Además aquí es donde se empieza a asomar la independencia pero muchos padres no tenemos ni patotera idea de lo que esto significa y lo que implica.

Separación-Independencia

Esta época es importante para que se lleve a cabo un proceso de desarrollo psicológico conocido como separación-individuación. Es el momento idóneo para la separación natural y saludable entre padres y adolescentes. Cuando eran bebés, en su primer período crítico de crecimiento, aprendieron a dar sus primeros pasos. Y ahora aquí, los adolescentes aprenderán caminar solos para crear un poco de distancia entre padres e hijos. Así aprenden a desenvolverse en el mundo y ganar confianza al estar separados física y emocionalmente de nosotros.

Entonces nuestro adolescente comienza a individualizarse (no es lo mismo que independizarse) y formar su propia identidad pero todavía necesita nuestro apoyo emocional y orientación. Sabe caminar pero tenemos que darle la dirección, seguimos siendo su GPS. Puede que conscientemente rechace nuestra seguridad y nuestro apoyo y quiera depender más de sus compañeros y profesores pero todo forma parte de su crisis existencial, de la oportunidad de su crecimiento y conocimiento personal. Así que no confundamos y creamos que ya son totalmente autónomos a esa edad porque sino se darán un buen batacazo.

Como padres, aún debemos estar ahí para ellos y así crear como un acuerdo donde a veces sigan dependiendo de nosotros y también volverse independientes en otras ocasiones. No se trata de tener que apegarse a la independencia a costa de la dependencia sino un poco de ambas, cada una en su momento y según sea necesario y requerido.

Sin embargo, esto no cambia el hecho de que nuestros queridos hijos adolescentes pasarán por un doloroso período de crecimiento a medida que comienzan a depender de sí mismos y sus vidas estarán llenas de conflictos y de muchos cambios de humor. Y toda esta agitación, que es necesaria, como una montaña rusa, puede ser un poco más llevadera con nuestro amor y apoyo emocional. Es esencial que nuestros hijos sepan y sientan que estaremos allí para ayudarlos cuando nos necesiten aunque no nos pidan ayuda verbal y directamente. Los conocemos desde que nacieron así que, en el fondo, sabemos cuándo necesitan de nuestra ayuda. Y eso les dará confianza y seguridad y viceversa.

Adolescencia y Terapia Familiar

Debemos ser conscientes de que la edad no equivale automáticamente a madurez emocional ya que no todo el mundo se ha desarrollado emocionalmente para estar en su supuesta edad física y, de hecho, es muy posible que nos hayamos estancado en un punto específico de nuestras vidas, y aún más probable que nos hayamos estancado en la adolescencia. ¿Cuántos conoces que superan los 50 años y con sus comportamientos parece que tengan 13? 

Muchos padres hemos sufrido traumas importantes y nuestro dolor se remonta a la adolescencia. Es posible que algunos tengan amnesia al respecto y es posible que no puedan o no quieran recordar las partes dolorosas. Y la terapia puede ayudarnos a reflexionar no solo sobre en qué parte de ese desarrollo quedamos atrapados y estancados, sino también sobre cómo superar esos obstáculos emocionales.

‘Estamos destinados a pasar por estas etapas de desarrollo pero no siempre las pasamos, especialmente si hay un trauma que lo interrumpe. De esta manera, la terapia abre puertas y ventanas para resolver conflictos antiguos que no se resolvieron a su debido tiempo y que ahora se trasladan inconscientemente a la experiencia y la mentalidad actuales.’ Erica Komisar.

Así que tener un adolescente en casa puede abrir un buen melón que estaba latente (aparentemente inactivo) por lo que es muy importante estar consciente y prestar atención al comportamiento de nuestro hijo adolescente que pondrá el dedo en nuestra llaga, es decir, en nuestros traumas. Si algo en él te molesta o te pone de los nervios continuamente está claro que te está mostrando tus propios conflictos no resueltos que, en realidad, pudo haber aprendido de ti. Son características que podemos haber transmitido a nuestros hijos de forma inconsciente, y que pueden manifestarse en notables síntomas de ansiedad, depresión, paranoia o dura autocrítica.

De hecho, es fácil echarle la culpa a las redes sociales o a sus supuestas malas amistades pero es innegable que nuestros hijos aprenden de lo que ven en casa, así que esto no sólo proviene de las redes sociales ni de la sociedad sino forma parte de nuestra responsabilidad. No tiremos balones afuera. ‘Si en tu vida se prioriza el éxito material y los altos logros, entonces estos aspectos superficiales y apariencias van a ser los que tus adolescentes también valorarán en sus vidas. Por otro lado, si valoras las relaciones, la familia y el trabajo significativo, entonces eso es lo que efectivamente les enseñarás a tus hijos.’ Erica Komisar.

Eres tú quien le enseña lo qué es valioso y qué no, es decir, le enseñas cuáles son tus valores humanos importantes. De hecho, mirar a tu hijo puede ser como mirarse al espejo y eso da miedo o rechazo. Se convierte en un problema cuando desplazas y proyectas tus propios deseos y frustraciones en tu hijo y tratas de modelarlo en una miniversión o clon o esas versiones idealizadas de ti mismo. Por ejemplo, es posible que hayas fracasado en la escuela por lo que de manera obsesiva e irrazonable intentarás que tu hijo demuestre, o mejor dicho le exijas, un alto rendimiento escolar y para ti nunca será suficiente.

Este impulso ansioso por parte de los padres creará mucha ansiedad y ejercerá una enorme presión sobre su hijo.

Es difícil reconocer y aceptar nuestros propios fracasos y nuestras deficiencias. Así que muchas veces culpamos a nuestros hijos de cosas que no queremos aceptar de nosotros mismos. En cualquier caso, somos mucho más responsables de su desarrollo de lo que pensamos. Así que no te distancies de él o, mejor dicho, no lo alejes de ti.

Por lo tanto, en el mundo adolescente, o estás con ellos o estás en contra de ellos, estás dentro o fuera, eres el poli bueno o el poli malo. Somos “niños adultos” andantes, al igual que nuestros adolescentes, y en algunos casos incluso peores que ellos, que carecemos de la capacidad de asimilar múltiples perspectivas  y carecemos de madurez e inteligencia emocional.

Pero, al igual que los adolescentes, podemos superar este período oscuro y superar el túnel del estrés y la ansiedad. Hay esperanza para todos nosotros, tanto padres como adolescentes, de salir de allí más fuertes, más empáticos, más perspicaces y más maduros emocional y espiritualmente, y de donde no sólo podamos ver, sino también visualizar, que el futuro puede ser realmente diferente del presente y de que el presente ya es diferente de lo que realmente estamos interpretando y juzgando. Sólo nos hace falta cambiar nuestras lentes.

Ansiedad o Miedo

Ahora todo el mundo a la mínima dice que tiene ansiedad. Y a muchos jóvenes se les diagnostica ansiedad cuando en realidad es miedo. ‘Estamos sobrediagnosticando a los niños como locos pero la ansiedad es una preocupación por el miedo’

Así que criamos a nuestros hijos con menos comprensión y desde la distancia. Nos autoconvencemos de que nacen resilientes, es decir, que se pueden adaptar a la adversidad, al trauma, a la tragedia, a la amenaza o a cualquier tensión. Y así conservar nuestra hipotética independencia y seguir con lo nuestro. Algunos padres si ven muy mal a sus hijos lo llevan al terapeuta para que se ocupe pero así no funciona la cosa. Primero deberíamos nosotros ir a terapia y luego hacer terapia conjunta con ellos.

Nuestros hijos no están bien porque no son resilientes y necesitan de nuestra presencia física y emocional pero no cuando a nosotros nos vaya bien en un determinado momento del día sino cuando nos abran ellos la puerta metafórica como literalmente.

TDAH: Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad

‘Esta es una triste realidad cuando se trata del (erróneo) diagnóstico de TDAH. Es exagerado y suele ser más un síntoma que un trastorno. Surge de la ansiedad y proviene de diferentes tipos de frustraciones en la vida de nuestro niño pequeño. Es trágico que muchos padres recurran al uso de medicamentos para tratar los síntomas y, en ese proceso, dejen los problemas sin resolver y dañen la salud y el bienestar de sus hijos.

Muchas veces porque los padres prefieren la solución rápida y fácil, termina causando daños importantes y en ocasiones irreversibles al crecimiento físico y psicológico del niño. En cambio, los padres atentos y atentos deberían tomarse el tiempo y el esfuerzo para observar y analizar la situación y llegar a la raíz del problema’ 

‘Muchos de los trastornos que vemos en niños y adolescentes son trastornos de estrés’.

Según Erica Komisar, el TDAH no es un trastorno sino una respuesta al estrés. Es el cerebro en lucha o huida. Entonces, lo que estamos viendo en niños muy pequeños es un comportamiento agresivo, que es la parte de pelea o lucha o vemos una mayor distracción, que sería la huída.

Suelen ser los primeros signos de problemas, ya sea agresión en la escuela o distracción. Y esa es la primera vez que los padres escuchan de boca de los profesores que su hijo tiene un problema porque está mordiendo, golpeando o empujando a otros niños o porque está distraído y no puede quedarse quieto.

Y esa es la lucha o la huida. Es una respuesta al estrés. Y entonces, en lugar de ver qué pasa en nuestra familia, los medicamos. 

Sólo queremos medicarlos y apagar su dolor y no verlo. Y para los padres esto funciona porque no tienen que mirarse a sí mismos. La verdad es que siempre que un niño tiene un problema, son los padres los que tienen el problema, con raras excepciones.

Comprender las conexiones y asumir la responsabilidad es la única manera de ayudar a nuestro hijo. Así que, como dije anteriormente, no se puede tratar a un niño en terapia si no se trata también a los padres. Sin la orientación de los padres, la terapia infantil no funciona. Y eso se debe a que si tratas a un niño y lo devuelves al mismo entorno, eso no hace nada por ese niño. Se debe cambiar el entorno, nuestro entorno, nuestra relación, nuestra convivencia.

‘Se estima que entre el 3 y 7% de la población infanto-juvenil la sufre, lo que equivale a uno o dos niños por aula.’

Lo que está sucediendo es que sus sistemas nerviosos, la parte de su cerebro que regula el estrés, se está activando. Decimos que la parte de su cerebro que regula el estrés tiene que ver con una pequeña parte del cerebro llamada amígdala. Es una parte muy primitiva del cerebro, una parte muy antigua del cerebro. Regula el estrés a lo largo de nuestra vida. Nos ayuda a gestionarlo. Lo que sabemos es que se supone que parte del cerebro permanece desconectado del primer al tercer año, razón por la cual las madres llevan a sus bebés pegados a sus cuerpos. Es por eso que se recomienda que los bebés permanecen cerca de sus madres durante los primeros tres años.

Para mantener la amígdala tranquila hay que exponer mentalmente a los niños a un estrés y una frustración que puedan manejar. ‘Como, por ejemplo, que la madre les ayude a tomar sus primeros bocados pero lo que estamos haciendo es llevar a los bebés a la guardería con extraños, es entrenar a los bebés para que duerman, todas estas cosas raras que les estamos haciendo a los bebés, es activar la amígdala. La estamos activando precozmente, demasiado pronto. Lo que sucede cuando la amígdala se activa demasiado pronto es que se vuelve muy activa y muy grande rápidamente. El problema es que luego se marchita y se quema porque no puede gestionar ese estrés tan pronto. Cuando deja de ser funcional, deja de serlo durante toda la vida. Es muy importante proteger el cerebro de un bebé y sobretodo a la amígdala. Hay que mantener el estrés al mínimo durante el primer año, razón por la cual el entrenamiento para dormir es peligroso. Por eso separarnos de nuestros bebés durante horas y horas cuando son tan frágiles es contraproducente para sus cerebros porque hace que fluya el cortisol, que es la hormona del estrés y hace que esta parte del cerebro esté muy activa.’

Lo que estamos viendo en el cerebro de los niños es que la amígdala crece precozmente y el hipocampo, que es el interruptor de apagado, es muy pequeño. Tenemos un interruptor de encendido a toda velocidad, sin pausas y sin interruptor de apagado. Y eso está provocando TDAH, problemas de conducta que están aumentando en la escuela, además de mucha agresión y violencia. Eso es lo que está pasando. Esta es una respuesta al estrés. ‘Deberíamos hacer las preguntas correctas como: ¿De dónde viene esto? ¿Qué está causando el estrés? En cambio, silenciamos el dolor de los niños. Les decimos a los padres: lo medicaremos y simplemente aliviaremos los síntomas. Para mí eso es mala praxis. La forma en que tratamos el TDAH es una negligencia. Un niño se desarrolla, lucha o huye cuando está bajo estrés. Podrían ser factores estresantes psicosociales en el hogar, en la familia, podría ser en la escuela, podría ser con sus amigos, podría ser una discapacidad de aprendizaje.’

Entonces lo inconveniente es que cuando tu hijo recibe un diagnóstico de TDAH lo primero que debes hacer es acudir a un terapeuta que te oriente como padre. No te apresures a llevarlo al psiquiatra para que lo medique. Usted va con su pareja o cónyuge y habla con un experto en orientación para padres sobre lo que podría estar causando que este niño sienta tanto estrés. Y mire los factores estresantes psicosociales. Mire las influencias y las dinámicas en la vida de este niño que podrían causarle un estado de estrés como este.

En casa, los factores estresantes podrían ser que los llevaron a una guardería a una edad temprana, lo que activó la respuesta de la amígdala, lo que activó la parte de su cerebro que regula el estrés demasiado pronto. Ahora tienen esa reacción de hipervigilancia y no pueden apagarla. También podría ser una situación de divorcio, el 50% de las parejas se divorcian, lo que significa que el divorcio es una adversidad y un estrés. Cuando los padres pelean, cuando hay peleas entre hermanos, mudarse, cambiar de colegio, una enfermedad en uno de los padres… todo esto causa estrés. Pero la cuestión es que el estrés puede regularse pero sólo puede regularse si los padres son conscientes de sí mismos y están dispuestos a mirar por la familia y responsabilizarse. ‘Si los padres entregan un niño a un psiquiatra y le dicen: «Arregla a mi hijo», por supuesto, el psiquiatra cooperará contigo y silenciará el dolor de tu hijo. ¿Pero es eso realmente lo que quieres hacer?’ Porque al final, simplemente estás metiendo el dedo la llaga y al final se te infectará.

¿El TDAH se hereda?

Los expertos nos dicen que no existe un precursor genético de la enfermedad mental, es decir, que no hay una conexión genética. No la tienes en tus genes. Por tanto, no existe ningún precursor genético del TDAH. Si tu padre o tu madre estaban deprimidos, lo contraes por algo llamado herencia de características adquiridas, características que un organismo adquiere después del nacimiento como resultado de influencias externas o de las propias actividades del organismo que cambian su estructura o función y no pueden heredarse. Así que si eres criado por un padre deprimido, es más probable que te deprimas. Es el argumento naturaleza-educación. Pero lo que sí encontraron es que la esquizofrenia y el trastorno bipolar tienen una conexión genética pero no la tienen la ansiedad, la depresión y el TDAH. Lo que sí encontraron es un vínculo genético con algo llamado gen de la sensibilidad. Es un alelo corto del receptor de la serotonina (cada organismo tiene por lo menos dos formas de cada gen, llamadas alelos, uno procedente del padre y otro de la madre. Pueden tener la misma información o distinta) y la serotonina, como sabemos, se usa para regular las emociones felices. Necesitamos poder captar serotonina en nuestro cerebro para ser felices, sentir alegría y sentirnos equilibrados. Cuando tienes un alelo corto, significa que te resulta más difícil captar la serotonina, pero también significa que eres más sensible al estrés. Ahora, los niños que nacen con este gen, este alelo corto en el gen del receptor de serotonina, son más propensos a sufrir enfermedades mentales en el futuro debido a esa sensibilidad al estrés.

Puedes nacer con un temperamento genético pero si el entorno lo contrarresta, si es un entorno sensible, empático y enriquecedor puede incluso contrarrestar los genes con los que naces.

Es alentador saber que si a los niños que nacen con ese gen de la sensibilidad se les proporciona seguridad de apego emocional y físico durante el primer año, se neutraliza la expresión de ese gen. Entonces, la epigenética significa que nacemos con genes como uno que podría tener un gen para la artritis reumatoide o un gen para el cáncer pero nunca se expresan. Eso es la epigenética, es decir, que nacemos con una determinada composición genética pero luego el entorno desempeña un papel en la activación de esos genes. Significa que el medio ambiente tiene que activar el gen. ‘Lo que demostró en este estudio es que los niños que nacieron con este precursor genético, esta sensibilidad al estrés, si tuvieron una crianza empática sensible y padres presentes durante el primer año, neutralizaron la expresión de ese gen para que esos niños pudieran ser tan saludables como los niños nacidos sin ese gen. Sin embargo, si los niños nacidos con ese gen de la sensibilidad eran descuidados, abandonados y no se les proporcionaba una crianza presente, empática y sensible, ese gen exacerbaba. Entonces sabemos que ese gen de la sensibilidad está vinculado y correlacionado con enfermedades mentales más adelante, a menos que la crianza empática sensible mitigue ese gen.’

Medicación

Según Erica Komisar, la medicación para el TDAH es un estimulante. ‘En cuanto a las consecuencias del uso de estimulantes, aún no hay consenso, pero sabemos que causan problemas de crecimiento, ataques de pánico, trastornos de ansiedad y depresión.
Esa presión hace que los niños literalmente se descarrilen. Somos una sociedad a la que le gustan las soluciones rápidas y superficiales. La verdad es que esta no es una solución rápida. Descubrir relacional y dinámicamente qué te pasó cuando eras niño, cuáles fueron tus pérdidas, cuáles fueron tus traumas, qué te hizo ser tan ansioso, qué te llevó a luchar o huir es un trabajo duro.’

Los niños pequeños de entre tres y cinco años tienen picos de testosterona, casi tantos como en la adolescencia. Así que necesitan correr, saltar, empujar y explorar, y en las guarderías y colegios no pueden hacer eso y la mayoría del tiempo, están sentados en silencio y se están volviendo locos.

‘Lo que estamos viendo es que la distracción en muchos de estos niños pequeños es simplemente estrés porque lo que estamos haciendo es obligar a un niño pequeño que debe correr, saltar y jugar físicamente y aprender sobre el mundo físicamente a sentarse en silencio en círculo, la tolerancia a la frustración no está ahí. Así que les hacemos eso a los niños pequeños y los etiquetamos. Y luego, si no pueden sentarse en círculo, la escuela llama a los padres y les dice: su hijo tiene TDAH. Nos gustaría medicar a su hijo. A las escuelas les conviene porque reciben un niño tranquilo, pequeño, pasivo y sedado.’ 

Estamos anteponiendo el aprendizaje cognitivo, el aprendizaje del lado izquierdo del cerebro, al aprendizaje socioemocional. Jugar no consiste en sentarse en círculo para aprender letras y números. Jugar es construir torres, derribarlas, disfrazarse, pintar con los dedos, jugar con la arcilla. Eso es realmente juego libre porque a través del juego libre y el juego imaginario se aprenden cosas como la tolerancia a la frustración y la resolución de conflictos. Se trabaja en muchas áreas de resolución de conflictos a través del juego. Y le quitamos eso a los niños y lo reemplazamos con el lado izquierdo del cerebro.

‘Así que piense en la analogía como si el aprendizaje del lado izquierdo del cerebro antes del aprendizaje socioemocional o el aprendizaje del lado derecho del cerebro es como ponerse los zapatos antes que los calcetines.’

Trastornos de Apego

Los trastornos de apego tienen que ver con cómo educamos a nuestros hijos en los primeros tres años. Los estudios muestran que cuando un niño tiene un trastorno de apego a los doce meses, tiene un trastorno de apego veinte años después.

Un trastorno del apego se produce cuando no brindamos a nuestros hijos la seguridad emocional durante los primeros tres años que sienta las bases de su salud mental de por vida. Esa base, es decir, estar allí física y emocionalmente para calmarlos cuando están angustiados, es fundamental cuando, básicamente, se trata de un bebé neurológica y emocionalmente frágil que está aterrorizado por el mundo. El mundo es un lugar aterrador, abrumador, aterrador, y lo único entre ese niño y el abismo es esa madre o ese padre.

Cuando un niño está angustiado vuelve o busca a su objeto de apego principal. Así que se podría pensar que no se trata sólo de apegarse a un bebé, sino también de tranquilizar el apego durante los primeros tres años. Así que el primer año se forma el apego y los siguientes dos años se le asegura ese apego. 

Pero no, no estamos cerca de nuestros hijos, no tomamos el tiempo suficiente para estar con ellos para formar esa seguridad emocional y esa base para su salud mental. Y al no hacerlo luego la adolescencia llega como una bomba nuclear que no te la esperas y te abruma y te consume y tu hijo se pierde entre el caos, las redes sociales adictivas, las malas amistades y la autoagresión.

Los trastornos de apego en nuestros bebés/niños llegan después como ansiedad en la adolescencia y luego en su adultez se repite como las natillas en sus relaciones de pareja, laborales, etc.

El apego saludable significa que usted ha hecho que su bebé se sienta tan seguro y protegido porque usted está allí principalmente y le ha dado prioridad la mayor parte del tiempo como la principal figura de apego, que cuando regresa a casa, su bebé le da la bienvenida.

Cuando llega un padre o madre a casa y el bebé se aleja de usted y se vuelve hacia la niñera o simplemente se aleja. Ese bebé tiene el comienzo de lo que se llama un trastorno de apego por evitación. Ahora, eso se correlaciona más adelante con cosas como la depresión y la dificultad para formar apegos más adelante.

El trastorno de apego ambivalente es cuando la madre regresa a casa y el bebé se aferra a la madre por su vida porque la voz interna de ese bebé es: mi mamá me va a dejar otra vez, así que tengo que aferrarme a ella. Ahora, ese bebé está irritable y no se lo puede calmar y se pega a su madre como una lapa.

El trastorno del apego desorganizado se diferencia de los otros dos en que los otros dos tienen una estrategia. Así que tenemos un niño al que sus padres abandonan durante demasiadas horas. Este bebé tiene que arreglárselas, tiene que tener una estrategia. Darle la espalda a la madre es una estrategia. Y la narrativa interna es que mi mamá no está presente para mí, no está aquí para mí, no estará allí para mí. No puedo confiar en mi entorno. Y ese bebé dice: ‘Voy a tener que afrontarlo solo’. Es lo que llaman impotencia aprendida. 

En el trastorno de apego ambivalente, la estrategia del bebé es: ‘Voy a aguantar porque si no aguanto, ella se va a ir otra vez’. El trastorno de apego desorganizado es el más difícil de tratar porque el bebé no tiene una estrategia. Entonces el bebé pasa por muchas estrategias. El bebé pasará de aferrarse a evitar, a enfurecerse e incluso abofetear o golpear a la madre y luego volver a pasar. Y ese bebé que desarrolla un trastorno de apego desorganizado se correlaciona más tarde con el trastorno límite de la personalidad

Trastorno límite de la personalidad: ‘Una autoimagen o sentido de identidad distorsionado e inestable. Comportamientos impulsivos y con frecuencia arriesgados, como derrochar el dinero en compras excesivas, tener sexo sin protección, participar en consumo de drogas y otras sustancias, conducir de forma temeraria y comer compulsivamente.’

Estamos viendo un gran aumento de trastornos límite de la personalidad. ‘Son los niños que se cortan, que intentan suicidarse. Tenemos una crisis de enfermedad mental como nunca hemos visto en la historia, y tiene mucho que ver con la forma en que criamos a nuestros hijos.’

Este estudio concluye que el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes y adolescentes entre 12 y 29 años y que en 2021, se registraron 336 muertes por suicidio en este grupo de edad en España, considerándose cifras alarmantes.

Volviendo a los trastornos de apego:

  • Un trastorno del apego por evitación sería alguien que no puede formar conexiones profundas y significativas, no puede comprometerse, tiene dificultades para comprometerse, tiene dificultades para confiar en la intimidad y la profundidad de la intimidad en una relación. 
  • Un trastorno de apego ambivalente sería alguien que está muy ansioso, alguien que se aferra a ti, que te llama cinco veces al día para ver cómo estás. Asfixia a las personas que ama porque tiene miedo de que les dejen. 
  • El trastorno de apego desorganizado, sería alguien muy volátil emocionalmente, tiene mucha ira y un comportamiento autodestructivo. Le resulta muy difícil entablar relaciones y aferrarse a ellas. Son los más complicados de tratar, y también lo son a la hora de poder tener relaciones exitosas en el futuro.

Los trastornos de apego son defensas patológicas. Y las defensas nos ayudan hasta que ya no nos ayudan ya que no suelen durar toda la vida y se estropean en algún momento. ‘Es posible que estés con una persona con trastorno de apego y la evites, pero en algún momento, uno de los dos se derrumba y uno se da cuenta de que necesita al otro. Entonces estás en una relación con alguien que no puede contribuir. Las personas se sentirán atraídas entre sí a menudo por la misma carencia pero no es necesariamente una relación sana. Desaparece la confianza. Cuando no confiamos en los demás, generalmente es porque no podíamos confiar en aquellos de quienes dependíamos cuando estábamos en nuestra etapa más vulnerable.’

Adolescencia de 14 a 18 años

La adolescencia temprana, de 9 a 13 años, está monopolizada por los cambios físicos. Las niñas entran en la pubertad a los nueve años ya que hay más grasa corporal y por los alteradores endocrinos (sustancias químicas, ajenas al organismo, capaces de imitar, suplantar o copiar nuestras hormonas y así interferir o alterar sus funciones) y por la cantidad de niños con obesidad o sobrepeso por querer tenerlos quietecitos y, como no, por las pantallas, los videojuegos y demás.

Y la adolescencia media (14 a 18 años) está monopolizada por los desafíos sociales. Se trata de descubrir dónde encajas tú. ¿Dónde encajo yo culturalmente? ¿Dónde encajo en mi género y mi sexualidad? Y es el comienzo de experimentar sexualmente. Entonces pasan de tener mejores amigos que son del mismo sexo a tener, novios y novias y experimentar sexualmente. Y se está muy orientado al presente. En cambio, en la adolescencia temprana hay como unas ganas de volver al pasado, como una esa sensación de que no está seguro de si quiere ser un niño grande o si todavía quiere volver y ser un niño pequeño. Entonces siente esa sensación de pérdida. Ya sabes, a veces también son sus amigos y las cosas que le gustaba hacer las que ahora ya no le gustan y, sin embargo, desea seguir haciéndolas, pero no es así. Están sucediendo un montón de cosas raras al mismo tiempo.

Pero cuando llega al instituto se está en pleno cambio. Entonces vive muy en el presente, que es lo que lo hace tan doloroso. ‘Curiosamente, esa postura orientada al presente de «Tengo dolor en este momento» es muy dura para los niños en términos de su salud mental. Porque si lo piensas, como adultos, cuando tienes un día difícil o incluso una semana difícil, sabes que este momento saldrá la próxima semana. Si no sale mañana, saldrá la semana que viene.

La parte del cerebro que tiene perspectiva es la corteza prefrontal. Entonces no hay perspectiva. Entonces, si tu mejor amigo te rechaza o el grupo de niños con el que estabas publicó algo en las redes sociales en el que dices que estás fuera y no dentro, es muy devastador. Ahí es donde entra en juego el suicidio.’

En realidad, la mayor cantidad de tendencias suicidas se da en la adolescencia media porque está tan orientada al presente que no saben que mañana se sentirán mejor. No saben que pueden hacer otros amigos. No saben que la vida continuará. Sienten que el dolor que sienten en este momento es el dolor que sentirán para siempre y, por lo tanto, no hay esperanza.’

Y como padres debemos confiar en el proceso porque lo que realmente está sucediendo, aunque no puedas sentirlo, sigue siendo un reabastecimiento emocional. Aunque pasan más tiempo fuera, todavía regresan a casa para recargar energías. Pero la cuestión que muchos padres también rechazan a sus hijos y piensan que es una pérdida de tiempo focalizarse en su hijo adolescente así que decide trabajar más, pasar más tiempo con sus amistades y descarta esperar a que su hijo lo necesite y eso es muy doloroso por ambas partes. 

Si, muy doloroso porque se entra en un estado muy inseguro de sentirse rechazados. Y entonces, lo que termina sucediendo es que el niño, mejor dicho el adolescente, necesita que sus padres estén más seguros de sí mismos para no tomárselo como algo personal, para comprender que es la misma pero diferente experiencia y desarrollo que hacían cuando eran pequeños.

Primero caminan en un círculo pequeño, luego caminan en un círculo grande, luego caminan en un círculo más grande, pero siempre regresan. Entonces, lo que los padres pueden hacer es ser sensibles y empáticos. No des consejos a menos que te los pidan. Simplemente sea un muy buen oyente e increíblemente empático. No juzgues, pero mantente presente.

Porque cualquiera que tiene un adolescente sabe que son muy cerrados pero cuando se acercan se abren de par en par y nos comparten sus momentos, sus vivencias y experiencias y es cuando debemos estar ahí, presentes, para seguir brindándoles todo nuestro apoyo porque sino volverán a desaparecer hasta saber cuándo.

‘Por eso los padres piensan en criar a un adolescente en sus propios términos. Así llego a casa del trabajo y estoy listo para comunicarme con mi hijo. Y esto es algo muy narcisista porque tus hijos todavía te necesitan en sus términos, no en los tuyos. Y este es el problema. Los padres tienen que estar presentes. Necesitan el mismo procesamiento emocional que necesitaban cuando eran pequeños. Simplemente lo necesitan con menos frecuencia y lo necesitan de una manera diferente pero aún lo necesitan. Y como los padres se fueron, no los tienen. Entonces, lo mejor que pueden hacer los padres es ser empáticos, sensibles, sin prejuicios, pero estar presentes.’

Crianza Helicóptero

Este término hace referencia a aquellos padres que tienden a estar extremadamente involucrados en la vida de sus hijos, supervisando cada paso que dan y tomando decisiones por ellos’.

Es un término usado en exceso pero en realidad no significa que sea un padre presente. Es un padre ansioso, intrusivo y, a veces, agresivo y manipulador. Sí. Quiero decir, no estás allí en absoluto y estás allí de manera intrusiva y tu hijo puede puede experimentarlo de la misma manera como que tú no estás presente.

La teoría de Erica Komisar es que: ‘Hemos revertido las cosas. No es simple y tiene matices. Hemos transformado a niños pequeños en adultos y luego hemos convertido a niños más mayores en bebés. Lo hemos revertido.’

Tenemos que estar ahí si nos necesitan, si están en apuros, que sepan que confiamos en ellos para que sepan que pueden y que sean que los admiramos. 

En cierto modo, los tratamos como viejecitos y ancianas cuando son pequeños, y luego los infantilizamos cuando son mayores. En realidad tenemos que confiar más en nosotros para así soltarlos y que puedan explorar porque es la única manera de un crecimiento auténtico y sano.

Adolescencia tardía (18-25)

Llegó la universidad. Bueno, el comienzo de una carrera de vida, de lo que va a ser o quiere ser o se va a dedicar ¿Qué está pasando psicológica y neurológicamente en esa fase? 

Muchos se derrumban cuando salen de casa, tienen crisis mentales, ansiosas o suicidas.

Les hemos dado una idea del futuro y de su yo futuro antes de que estén listos para verla. Yo en esta época a lo que quería dedicarme no estaba aceptado en mi casa y en aquel entonces te tocaba trabajar, no te quedaba otra. Si volviera ahora a esa época hubiera elegido otra manera de hacer las cosas. Pero bueno, la vida luego te vuelve a poner en tu camino, le guste a tus padres o no. Pero la crisis que pasé me la comí yo sola con patatas. La soledad, el abismo, la ambigüedad eran mis colegas y la ilusión y la esperanza desaparecieron.

Lo que ocurre en casos así, es que el adolescente percibe que sus padres no le apoyan, no confían en él y se sienten desorientados, solos y perdidos y una total mierda, lo que les lleva a no confiar en la vida, ni en ellos mismos para seguir adelante por sus sueños. Y están a un paso de ser unos desgraciados de por vida, ¿te suena?

’Entonces estamos causando la ansiedad en nuestros hijos. Vuelvo a donde al inicio. No es innato en estos niños. Los estamos adoctrinando en un sistema que no funciona y no sé cuándo alguien va a desconectarlo.’

Recordemos que la adolescencia media estaba muy orientada al presente y entre los dieciocho y los veinticinco años es cuando empiezan a ser capaces de visualizar el futuro. Pero es sólo el comienzo de ese futuro, es decir, de poder ver que tal vez puede ser abogado, bombero, periodista o electricista. Sólo es el comienzo y nosotros les obligamos a decidir ya y sino es cuando decidimos por ellos. Esto es muy injusto porque es su vida lo que está en juego. Y me diréis: Es por su bien. Y yo os digo: ¿Es por su bien o por el tuyo?

Estamos imponiendo tanta tensión a sus cerebros en desarrollo que no pueden soportarla.

Lo que les sucede es como un cortocircuito. Y por eso se evaden en el alcohol y las drogas. Están tan estresados que recurren al cannabis o drogas más potentes pero ya no sólo los fines de semana sino a diario creando adicción con psicopatía. 

Es automedicación. Están recurriendo a las drogas incluso más que al alcohol. El alcohol también es un problema pero el consumo de drogas ha aumentado y sobre todo el consumo de cannabis, que es responsable de gran parte de las tendencias suicidas que estamos viendo. El treinta y nueve por ciento de las visitas a la sala de emergencias por razones de salud mental se deben a una intoxicación por cannabis. Por despersonalizaciones o por un brote psicótico.

Y algunos de esos brotes psicóticos significan que tienen que abandonar la escuela. Muchos de ellos significan que están hospitalizados y permanecen en los hospitales durante seis meses a dos años. Y no estamos hablando de eso. Es realmente interesante que no estemos hablando de eso. Es contracultura hablar de por qué consumen las drogas que consumen. Porque lo están usando para automedicarse porque están muy estresados. Recuerde, el cerebro adolescente también es increíblemente binario. Entonces, si en sus mentes no son un éxito absoluto y perfectos, entonces son un fracaso absoluto. No hay punto medio.’

Adicción a la Tecnología

La tecnología aumenta los niveles de dopamina en el cerebro, razón por la cual los adultos también se vuelven adicta a ella. Es muy adictiva. Pero algunas investigaciones han demostrado que la tecnología aumenta diez veces la dopamina en el cerebro de un adolescente. Así que a los adolescentes les afecta mucho más que a nosotros los adultos.Y esto tiene que ver con la sensibilidad del cerebro a la dopamina y la falta de regulación porque la corteza prefrontal que es la parte del cerebro que regula las emociones no se desarrolla completamente hasta los 25 años. Entonces, toda esa dopamina que debe regularse se regula más fácilmente en un adulto que en un adolescente.

Entonces les lleva a la adicción. Y particularmente las redes sociales ponen en funcionamiento la amígdala, esa pequeña parte del cerebro que regula el estrés que tiene forma de almendra y que activa la reacción al estrés, lo cual no deseamos que ocurra de manera crónica. Y parece que las chicas adolescentes les afecta más ya que se les manipula con la timidez y el perfeccionismo consiguiendo que todo el cerebro esté en un estado de hiperalerta o hipervigilancia de estrés y miedo. ‘Tengo que ser perfecta. No me veo tan bien como ellas. Mi cuerpo no es tan bonito.’ Y aquí ya no pueden separarse del dispositivo. En cierto modo, quedan atrapados en este paradigma de perfeccionismo, aislamiento social, autoobsesión enfermiza donde todo el cerebro está en un estado de hipervigilancia y estrés.

Según este estudio de todas las consultas atendidas con adolescentes y jóvenes, los casos de autolesiones se han multiplicado por 45,7 en esta década (con una tasa de crecimiento en los últimos 11 años de 4.468%) y la conducta suicida se ha multiplicado por 34,8 (tasa de crecimiento del 3.376%). Superando, de este modo, por primera vez, los problemas de salud mental a los de violencia.

El uso compulsivo de Internet se ha relacionado con trastornos como la ansiedad o la depresión: cuanto mayor es el uso de Internet de forma compulsiva, mayores los niveles de dichos trastornos. El simple hecho de mantener la vista y la atención constantemente en las pantallas tiene consecuencias. El tiempo que las personas adolescentes y jóvenes dedican a observar sus dispositivos digitales tiene impacto como además las adicciones al sexo, las compras, los videojuegos, redes sociales, apuestas y juegos de azar.

Un síndrome frecuente es el denominado FoMO, abreviatura en inglés del concepto fear of missing out, cuya traducción al castellano sería el miedo a perderse algo. Este síndrome produce angustia o preocupación por ausentarse de Internet y las redes sociales y perderse alguna experiencia que otras personas podrían estar disfrutando. Quienes presentan este trastorno tienen propensión a pasar tiempos más prolongados en las redes sociales y sufrir una serie de emociones negativas y trastornos psicológicos y físicos. Entre estos trastornos cabe destacar depresión, ansiedad, insomnio y baja calidad del sueño, deterioro del bienestar físico, trastornos alimenticios y baja satisfacción con la vida, entre otros. En esta línea, se detecta otro síndrome que responde al nombre de NOMOFOBIA (No Mobile Phobia) o miedo irracional a no disponer del teléfono móvil.

Sin embargo, aún existe gran debate alrededor del daño de videojuegos en menores y jóvenes y su influencia en el aumento de la agresividad, la reducción del comportamiento prosocial, la disminución del rendimiento académico, los síntomas depresivos y los síntomas de déficit de atención.

Acabo de terminar la serie de 4 capítulos ‘Adolescencia’ en Netflix. Os la recomiendo, muy cruda pero hay que afrontar la realidad. Aborda las consecuencias de un crimen adolescente cometido en una pequeña localidad inglesa. La serie pone un foco de atención en problemas como se ha normalizado la violencia, la crisis de salud mental y la masculinidad tóxica en las escuelas. Hay un episodio que se centra en una mañana en el colegio y es devastador ver cómo se relacionan los adolescentes entre ellos y los adolescentes con los profesores. Las formas ya no existen, ni el respeto ni la empatía. Stephen Graham, cocreador y uno de los protagonistas de la miniserie, que hace un trabajo excelente haciendo de padre nos dice: ‘Uno de los objetivos de ‘Adolescencia’ era que el espectador se preguntara por las presiones que reciben los jóvenes hoy en día en el entorno escolar y en las redes sociales e Internet. Queríamos que miraras a esta familia y pensaras: ‘Dios mío. Esto nos podría estar pasando a nosotros’. Y lo que ocurre aquí es la peor pesadilla de una familia normal’.

Consejos para nosotros los Padres

Ser conscientes es la clave. Ser conscientes de que tenemos ansiedad por el éxito de nuestros hijos. Está claro que los amamos y pero también les presionamos para que sean los mejores, tengan éxito, que ingresen en la mejor universidad, mejores notas, mayores ingresos… bla, bla, bla. 

Lo mejor es empezar a tener una auténtica comunicación abierta y sincera sin que tengan miedo a expresar y decirnos abiertamente lo que quieren de verdad porque el verdadero éxito es la coherencia, el ser feliz con lo que se piensa, siente y el fracaso es cuando dejan de hacer cosas o seguir su auténtico camino para agradarnos porque lo único que conseguiremos es que sean unos infelices, recordemos que estamos en una época clave. El éxito es equilibrio. El éxito es felicidad. El éxito es la relación transparente con ellos. Si teníamos tantas ganas de ser padres es aquí el momento para demostrar que lo somos de verdad.

Hay que alinear nuestros sentimientos profundos con nuestras palabras.

Pero hasta los veinticinco, en realidad estás simplemente en las trincheras con ellos, y estás tratando de que sobrevivan. Y entonces surge la idea de que una vez que llegan al otro lado, esas son las historias de éxito. El problema es que muchos de ellos se están hundiendo por el camino. No llegarán al otro lado. Así que cuanto antes podamos… Se desmoronan. Muchos abandonan la universidad. Muchos son no funcionales. Por eso los presionamos mucho para que ingresaran a buenas universidades. Cuando entran en ellas, están rotos. Son como personas destrozadas. La universidad no es el final de algo. Es sólo el comienzo. Así que se supone que es una línea continua de aprendizaje, educación, diversión, crecimiento y desarrollo.

Estamos obligando a nuestros hijos a correr. Yo diría que estamos codiciosos por ellos, los obligamos y los estresamos para que lleguen a la meta, y ellos llegan allí y colapsan. Eso es lo que está pasando. Así que tenemos que dejar de forzarlos a este estado de colapso presionándolos desde el principio. Queremos que sea una línea continua y alegre.

Me encanta, porque yo colapsé justo al entrar en la universidad, duré un mes. Me derrumbé en una clase que no tenía ni idea de qué hacía allí. Mi padre me echó una bronca y ahí caí en la cuenta de que lo hacía por mi padre, no por mi. Yo quería hacer otra carrera diferente, narices.

Así que si quieres que tus hijos estén emocional y mentalmente sanos tenemos que trabajar en nosotros mismos como padres.

El Dr. John Gottman ha creado un entrenamiento emocional para que podamos acompañar a nuestros hijos y se centra en comprender y validar los sentimientos de un niño antes de involucrarlo en la resolución de problemas y establecer límites apropiados. Entonces la vulnerabilidad y el apoyo se convierten en un asunto familiar. 

  • Ser conscientes de las emociones de nuestro hijo.
  • Reconocer la expresión de emoción de nuestro hijo como un momento perfecto para la intimidad y la enseñanza.
  • Escuchar con empatía y validar los sentimientos de nuestro hijo.
  • Ayudarlo a aprender a etiquetar sus emociones con palabras.
  • Establecer límites cuando lo ayudemos a resolver problemas o afrontar situaciones perturbadoras de forma adecuada.

El poder de nuestro hijo para comprender y regular sus emociones le ayudará a tener éxito en la vida de muchas maneras diferentes. Tendrá más confianza en sí mismo, se desempeñará mejor en situaciones sociales y académicas e incluso estará físicamente más sano. Cuando nuestro hijo se exprese de manera desafiante tratemos de descubrir la verdadera causa de sus acciones y emociones. 

 Estos son los ejercicios que nos recomienda el Dr. Gottman:

  • Muestre a su hijo respeto y comprensión en los momentos en que se sienta incomprendido, molesto o frustrado. Hable con él sobre sus sentimientos y trate de comprender su origen.
  • Sea consciente de las respuestas de su hijo a su método de superar el momento con él.
  • En interacciones difíciles, haga que su hijo sienta su empatía, validando pacientemente sus sentimientos y llegando a la raíz de su expresión.
  • En lugar de centrarse en la agenda de sus padres en estas situaciones, demuéstrele a su hijo que respeta sus intentos de resolver problemas y guíalo con confianza y afecto. Trabajen juntos en estas experiencias.

‘Nuestros adolescentes están atravesando una crisis de salud mental sin precedentes, alimentada por presiones y redes sociales apenas estamos comenzando a comprender. Sin embargo, también ilumina un camino hacia la resiliencia y la recuperación. A través de un compromiso emocional genuino y la voluntad de aprender y adaptarse, los padres pueden convertirse en poderosos aliados en los problemas de salud mental de sus hijos. En la era digital, donde las sombras acechan detrás de pantallas brillantes, la comprensión y la empatía pueden ser la luz que guíe a nuestra juventud. La salud emocional de nuestros hijos exige nuestra atención y nuestro compromiso que puede comenzar en la mesa de nuestra propia cocina’. Dr. John Gottman. 

El mejor regalo que puedes darle a tu hijo es verlo como un individuo auténtico y único y no verlo como un mini yo. Cuando comienzas a diseñar su vida, es muy probable que lo pierdas emocionalmente en algún momento, se alejará, te odiará o te rechazará. Y puede que tenga éxito en lo profesional pero también es posible que tenga una vida personal disfuncional o se convierta en un padre/madre narcisista. Así que te recomiendo que si tu hijo se muestra prometedor en algo que sientes que ama y tiene un impulso para ser bueno, entonces debes ayudarlo a dar el gran salto sin mirar atrás. Looking foward. 

Yo Isasi

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