A ver si esto te suena que seguro que si.
Hombre atractivo y rico con vacío existencial conoce a mujer joven atractiva pero sin un céntimo. El final feliz es que nuestro príncipe la saca de su miseria y felices comieron perdices con limusina incluida. Este es el argumento de Pretty Woman que adaptó Disney ya que el verdadero trataba de una prostituta, adicta al crack, que conoce a un millonario sin escrúpulos y la contrata para pasar una semana juntos a cambio de tres mil dólares. Y aquí el final es diferente ya que nuestro príncipe la deja tirada en un callejón y ella y su amiga también prostituta cogen el autobús para irse a Disneyland. Ya podrían haber elegido otro sitio… Es muy similar al cuento de Cenicienta (aquí no hay limusina pero si carroza calabaza, según de mire) donde de nuevo tenemos un personaje masculino adinerado, el príncipe, y una huérfana precaria que la salva de su madrastra y hermanastras aunque en el cuento original alemán, estas, desesperadas por encajar el zapato, se cortaron los dedos y los talones del pie para que les entraran el zapato que, por cierto, en la versión francesa eran de piel de ardilla pero hubo un error de traducción
Pretty Woman se convirtió en una de las comedias románticas más icónicas, recaudando más de 463 millones de dólares a nivel mundial y tuvo un profundo impacto en la sociedad creando una imagen duradera de cuento de hadas que contrastaba marcadamente con la realidad. ¿Por qué? Pues porque se glamuriza el trabajo sexual romantizando la prostitución y tapando los verdaderos peligros y explotación de este gremio. De nuevo refuerza los roles de género y las dinámicas de poder tradicionales.
El director de la película, Garry Marshall dijo: ‘Yo lo veía como un conjunto de cuentos infantiles. Julia Roberts/Vivian era Rapunzel; Richard Gere/Edward era el Príncipe Azul y Hector Elizondo/el conserje era el hada madrina’.
Disney y sus Versiones Edulcoradas
Los argumentos típicos de un cuento de Disney siguen una estructura formulada para emocionar que se centra en el viaje del héroe o la heroína; en el amor y superación de obstáculos; y no puede faltar el villano celoso que quiere destruir al protagonista; y por supuesto, el primer beso de amor ‘verdadero’; los padres ausentes; el compañero gracioso; y el final feliz. Lo irónico de todo esto es que estos cuentos son versiones de originales no tan bonitos y maravillosos.
- Ya lo comenté con la versión original de Cenicienta pero es que la Bella Durmiente no se queda corta: El príncipe no la despierta con un beso de amor verdadero sino que abusa de ella violándola mientras duerme, largándose y dejándola embarazada y es despertada mientras da a luz gemelos y estos le muerden los senos. Y realmente no era un príncipe sino un rey casado y su esposa, la reina celosa, intenta matar a los gemelos e incluso cocinarlos para que se los coma el rey.
- Y lo mismo con Rapunzel, historia escalofriante ya que en la versión original esta adolescente es torturada, violada y hacinada a vivir completamente desnuda en una torre y cuando sus hermanos descubren que tiene un enamorado lo torturan frente a ella dejándolo sin ojos cortándole la lengua y arrojándolo por la torre. Los cuervos devoran su cuerpo y Rapunzel esa misma noche es sacrificada por sus hermanos. La Rapunzel de la vida real fue Blanche Monnier y permaneció secuestrada por su familia durante 25 años. La llamaron “Mademoiselle Monnier”, vivió en Francia y era abusada por sus propios familiares.
- En La Bella y la Bestia, Bella padecía el síndrome de Estocolmo: Respuesta psicológica paradójica donde víctimas de secuestro, abuso o situaciones de peligro desarrollan sentimientos positivos, empatía o lealtad hacia sus agresores. Funciona como un mecanismo de supervivencia inconsciente ante un estrés extremo, permitiendo al rehén mitigar el miedo y el trauma. Bella desarrolló sentimientos por la Bestia bajo presión, sola y sin apoyo, en lugar de a través de una conexión genuina. Sin embargo, cuando la historia fue adaptada por Disney para un público supuestamente más moderno, los elementos del síndrome de Estocolmo desaparecieron. ¿Y cuántas y cuántos nos hemos enamorado de ‘Bestias’ padeciendo el síndrome de Estocolmo?
- Y Blancanieves no se queda atrás porque no tenía madrastra sino que era su madre biológica la que está celosa de su belleza y encarga a un cazador que le traiga los pulmones e hígado de su hija con la intención de cocinarlos para después comérselos en una grotesca muestra de canibalismo. El cuento no termina con un beso sino con la reina malvada que se cuela en la boda de Blancanieves, donde es forzada a ponerse zapatos de hierro al rojo vivo y bailar (que el príncipe mandó confeccionar, por petición de Blancanieves) hasta caer muerta. Y por cierto, los siete enanitos realmente eran niños que trabajaban en condiciones de minería extrema, lo que provocaba enanismo y desnutrición, envejeciéndolos prematuramente. Más allá de la fantasía de Disney que incluso les dio nombres como Sabio, Gruñón, Dormilón, etc., la figura de los siete enanitos proviene de una realidad histórica de explotación laboral infantil en minas europeas. Este cuento fue inspirado en la trágica historia real de Margaretha von Waldeck.
Todo esto, y mucho más, nos han ocultado y han recreado cuentos edulcorados para que nuestros cerebros tengan una percepción del amor muy infantilizada y aunque superemos los 40 aún creamos que algún día llegará nuestro príncipe azul o nuestra princesa desvalida.
Love Story y los Kennedy
Disney continúa edulcorando y ahora con Love Story contándonos otra historia de amor, supuestamente real, entre John F. Kennedy Jr. (nombrado el hombre más sexy del mundo por la revista People en 1988 y conocido como el príncipe de Nueva York) y Caroline Besset (publicista de Calvin Klein y conocida como la Lady Di americana). Este cuento de príncipe rescata a princesa está tergiversado. La verdadera historia sería más o menos así: Niño rico de una mamá doble viuda, narcisista, medicada y alcohólica, es un atractivo exhibicionista, misógeno, promiscuo (como su padre y su tío), temerario narcisista y con TDHA que no sabe hacer nada, solo que vivir del cuento (nunca mejor dicho) conoce a chica alocada obsesionada por el apellido Kennedy y la fama, que también le era infiel, y empiezan una relación disfuncional y acaban muriendo en un accidente aéreo pilotado por nuestro protagonista por no querer hacer caso a las previsiones meteorológicas, volar de noche (llegó tarde al aeropuerto ya que estaba siéndole infiel a nuestra princesa), entre otras cosas. Y para más inri iban acompañados de la hermana de ella.
Se dijo que él tomó drogas antes de pilotar el aparato. Además, era un piloto sin la suficiente experiencia. Y apenas unos días antes de emprender aquel vuelo con su mujer y con su cuñada para asistir a la boda de un primo suyo en Cape Cod, todavía cojeaba a consecuencia de un accidente de parapente. Tampoco hizo caso de las advertencias que se le hicieron ante las adversas condiciones meteorológicas.
‘Todas las mujeres que se han casado en esa familia, una tras otra, han descubierto que esos hombres no les hacen más que daño, que son unos misóginos que aportan una fama pésima a la heterosexualidad’. Peter Collier, coautor de The Kennedys: An American Drama (Los Kennedy: un drama a la americana). ‘En los viejos tiempos, tenían montado todo un aparato que se ponía en marcha cuando el nombre de los Kennedy corría peligro’. El hijo del patriarca Joe, JFK, compartía la insaciable promiscuidad de su padre y se acostó con putas, modelos y actrices, entre ellas Marilyn Monroe, en su camino hacia la presidencia. Cuando ya estaba en la Casa Blanca, lo intentó con secretarias menores de edad en el despacho oval. Todas estas aventuras amorosas fueron encubiertas por los empleados de Kennedy, a fin de conseguir que la boda del presidente con Jackie pareciera el más bello cuento de hadas del país. Así sucedió también cuando, en 1969, Teddy, un hermano de John, sospechoso de homicidio, sólo fue acusado de abandonar la escena de un accidente en el que murió una joven. O cuando un sobrino de JFK, William Kennedy Smith, fue increíblemente absuelto de la acusación de haber violado a una mujer en Florida, en 1991.
Los familiares de Carolyn no habían perdido a una, sino a dos hijas, y amenazaron con presentar una demanda contra la familia Kennedy en la que señalarían la inexperiencia de John como causa de lo ocurrido. Pero, una cláusula especial destinaba la parte más importante de su fortuna de 60 millones de dólares a los hijos de su hermana Caroline Kennedy, y ni un céntimo a la familia de la esposa fallecida. Después de años de amargas disputas legales con el poderoso equipo de abogados de los Kennedy, Ann y William Bessette, acordaron por fin, mediante un arreglo extrajudicial, una indemnización de 15 millones de dólares por homicidio debido a imprudencia. Los Kennedy consideraron el acuerdo como una victoria.
Y podría contaros mucho más de este culebrón pero esto se lo dejo a los expertos como la periodista Maureen Callahan que baja a los Kennedy del pedestal en su libro No preguntes: Los Kennedy y las mujeres a las que destruyeron. Rebate el mito de la maldición que les persigue y habla de «mujeres y niñas víctimas de sus abusos físicos, psicológicos y sexuales». De Jackie a Carolyn Bessette, pasando por Rosemary, Mary Richardson o Marilyn Monroe. Un peazo de libro que te va a poner los pelos de punta.
No perdamos el tiempo absorbiendo dopamina química con estas minucias porque encima se hacen millonarios a nuestra costa.
Y tenemos otro príncipe, este más musculoso y alemán, Arnold Schwarzenegger, obsesionado por el mismo apellido, se casó con una sobrina de JF Kennedy y aunque simple vista pudiera parecer un cuento de hadas, nuestro príncipe dejó embarazada no solo a su mujer sino también a una empleada doméstica Mildred Baena y tuvo un hijo ilegítimo.
Así que el argumento típico vendido por Disney (y por Hollywood) es muy simplista e irrealista pero muy dañino psicológicamente creando expectativas de fantasía donde no se ajustan a nuestra vida real.
Hollywood y el Romance
En Hollywood es más de lo mismo pero un poco más exagerado y grotesco: Chico del tipo príncipe/huérfano/perdedor tiene que salvar a la chica atractiva y desvalida luchando con el tipo malo mientras resuelve la conspiración super secreta para derrocar al gobierno corrupto o destruyendo la malvada nave espacial o peleando a muerte con espadas o pistolas o haciendo kung fu como Bruce Lee pero, eso sí, si o si, el tipo malo al final muere o pierde. Y nuestro antiguo príncipe huérfano perdedor es ahora un héroe con H mayúscula. ¿Y qué obtienen los héroes como recompensa por salvar el universo? Pues a la chica guapa.
Esta es la trama que prácticamente se repite en todas las historias desde La Guerra de las Galaxias (aquí resulta que no era huérfano pero tenía un padre ausente y el malo pero para colmo nuestro príncipe estaba enamorado de la princesa hasta que se entera de que es su hermana) a Iron Man a El Indomable Will Hunting a Super Mario Bros (Nintendo confirmó en 2025 que Mario y Peach son solo amigos, no novios). O el Diario de Noah, ¿quién no ha llorado en esta película? Al final ella con Alzheimer y no se acuerda de su propia historia de amor… Una pena.
A veces también habrá un detalle en la historia que la hará un poco más trágica y dramática. Como que el héroe muere por la chica guapa (Terminator, Titanic) o la chica sexy muere y el héroe decide emprender una acción asesina por amor y venganza (BraveHeart o Gladiator).
Sí, estas son prácticamente todas las películas que has visto, cada cómic que has leído, cada videojuego que has superado, cada libro de cuentos que has leído. Y está arruinando tu vida amorosa y tu confianza sexual, alimentando tus expectativas amorosas fallidas y esa sensación punzante que tienes cuando piensas en no quieres morir solo. Estas historias nos envían mensajes mientras estamos creciendo:
- Si un hombre quiere estar con una chica atractiva, tiene que hacer algo heroico en mayúsculas, tiene que destacar, ser alguien único, sorprendente e inspirador. De lo contrario, nunca atraerá a las mujeres. Tiene que salvar el puto mundo. Sólo entonces una mujer adulará sus actos heroicos y nobles y finalmente le permitirá verla desnuda y poseerla. Eso es todo lo que vale: La aprobación de una mujer. Así que será mejor que empieces a hacer estallar cosas.
- Las mujeres terminan creyendo que si un hombre no está tratando de impresionarla, que no está tratando de mostrarle cuán heroico es con mayúsculas y hasta dónde llegará para ganarse su aprobación, entonces algo profundo y horriblemente defectuoso hay en su cuerpo. De ahí las obsesiones por ser perfectamente bellas, según los cánones establecidos, lo que acarrea problemas psicológicos importantes distorsionando nuestra percepción real de nuestro cuerpo. Los que ganan aquí son los cirujanos plásticos y todo lo relacionado con la estética desde el Botox hasta el negocio cosmético.
Qué manera más retorcida de encontrar o buscar a alguien con quien acostarse. Pero es la narrativa que nos han vendido durante muchísimos años y nos la hemos creído y grabado en nuestras venas. Esto realmente arruina nuestras vidas amorosas.
- Los hombres pasan toda su vida creyendo que no son lo suficientemente buenos para estar con una mujer. A los hombres se les enseña a sentir una inmensa presión para impresionar a las mujeres, actuar para ellas, mostrar su dinero, su estatus, su carisma, su título universitario o su gran puesto de trabajo. Esto, en realidad, es un comportamiento poco atractivo, de carencia y refuerza la baja autoestima así como ansiedad sexual. Todos sienten que no son lo suficientemente buenos como para gustar a las mujeres y entonces se nos convierten en narcisistas y nosotras en Rottenmeiners.
- Las mujeres pasamos toda nuestra vida esperando que un hombre haga algo sorprendente que nos impresione. O, en otras palabras, pasamos toda la vida esperando al príncipe encantador, al caballero con brillante armadura y si es en caballo blanco mejor para que se arrodille y nos pida matrimonio. Como curiosidad arrodillarse para pedir matrimonio proviene principalmente de la Edad Media, cuando los caballeros se hincaban ante la realeza o sus damas como símbolo de lealtad, sumisión, respeto y devoción. Este gesto caballeresco se trasladó al ámbito romántico, representando la entrega de la propia vida, fuerza y amor eterno hacia la pareja. Las mujeres estamos condicionadas a creer que somos un premio que se supone que los hombres deben ganar mediante algún gran logro. Y cuando ningún hombre está salvando al mundo o peleándose con otros hombres para conseguirnos, acabamos inevitablemente decepcionadas. Y el mensaje que recibimos es que no somos lo suficientemente buenas. Ningún hombre se está matando por nuestra vagina. Por lo tanto, nuestra vagina, pechos, trasero, ojos, etc. deben tener algún defecto.
Esta narrativa inculca inseguridad sexual y promueve estándares elevados que, cuando no se cumplen, hacen que tanto hombres como mujeres se vuelvan irritables y poco complacientes con las personas que realmente podrían atraerles y tener un noviazgo sólido, es decir, sin altibajos, sin dramas…
Lo disfuncional llega cuando los hombres sienten que nunca podrán ser lo suficientemente buenos para conquistar a las mujeres y deciden idear formas de engañar para atraerlas. A veces lo hacen mediante manipulación, la mentira o engaño y en casos extremos, podrán hacerlo por la fuerza.
Cuando las mujeres sentimos que nunca podremos ser lo suficientemente buenas como para atraer a un solo hombre, intentamos engañar a los hombres haciéndonos las difíciles de conseguir, creando un montón de drama innecesario o siempre manteniendo al hombre adivinando cuáles son realmente nuestras intenciones.
Aquí todos salimos perdiendo ya que nadie se muestra como realmente es y luego vienen la falta de conexión, de comunicación por el miedo a mostrarnos tal como somos en realidad, seres vulnerables con ganas de amar y ser amados.
Sexo como Transacción
Esta narrativa disfuncional ha continuado durante la mayor parte de la civilización occidental y es porque el casamiento fue la piedra angular económica y política de la mayor parte de la existencia de la civilización. En las sociedades feudales, la forma en que los hombres garantizaban la seguridad de sus propiedades era casándose con mujeres de familias ricas. Si eras un hombre de una de las clases bajas, la única manera de «casarte» con riqueza o mayor poder era logrando alguna hazaña asombrosa, generalmente en la guerra. De ahí la historia épica de valientes caballeros que salvan a la princesa que tantas veces se repite.
La palabra casamiento proviene del latín casa (choza, cabaña o vivienda) y el sufijo -miento (acción y efecto). Etimológicamente, se refiere a la acción de formar un hogar o establecerse en una casa, consolidando una unión. Mientras casamiento se centra en el «hogar» (casa), matrimonio proviene de matrimonium (el estado legal de la mujer casada para ser madre). La palabra boda proviene del latín vota, que es el plural de votum (voto, promesa o juramento). Originalmente, hacía referencia al compromiso, promesas o juramentos solemnes de amor y fidelidad que realizaban los contrayentes. Evolucionó del latín al castellano cambiando la ‘v’ por ‘b’ y suavizando la ‘t’ a ‘d.
Pero vivimos en el siglo XXI. Nuestra política y nuestra economía ya no se arreglan, en teoría, a través de los casamientos. Nadie se casa por el poder político ¿seguro? Las mujeres tienen trabajo y ganan su propio dinero ¿y eso importa? Creo que no te vas a escandalizar si te digo que aún nos casamos por dinero, por ascender de clase social, por fama, por estatus, por… pon lo que quieras ¿conveniencia?
La idea del sexo como transaccion fue propuesta originalmente por Thomas MacAulay Millar. Millar, que no es su nombre real, es un abogado y escritor feminista de Nueva York.
No creo que podamos comprender plenamente cuánto se asume sobre la masculinidad hasta que los hombres empiecen a intentar desmantelarla, examinarla y remodelarla. Y eso es principalmente tarea de los hombres.
Un estudio demuestra (entre otras cosas) que cuando los hombres acosan sexualmente a las mujeres, también lastiman a los hombres que no son acosadores. Señalar las maneras en que el sexismo afecta a los hombres puede brindarles una valiosa vía de acceso a temas feministas. También puede interpretarse como una invitación a compadecerse del victimismo masculino.
No creo que se trate de compadecerse de los hombres; creo que se trata de reconocer que los hombres pueden ser aliados valiosos para luchar contra el menosprecio, la represión, el acoso y el abuso de las mujeres.
Nuestra cultura ofrece a los depredadores sexuales una «licencia social para operar», al trivializar y negar sus crímenes, y asegurarles que es poco probable que enfrenten consecuencias graves.
La idea es algo así:
La evidencia antropológica sugiere que en la prehistoria, las sociedades de cazadores/recolectores tenían normas flexibles e informales con su moral sexual. La idea del matrimonio o la posesión sexual era en gran medida un rechazo absoluto para la mayoría de estos grupos.
Pero con el auge de la agricultura, los humanos, por primera vez en la existencia de nuestra especie, tuvimos excedentes de recursos. Y no sólo teníamos excedentes de recursos, sino que los hombres, por su tamaño y fuerza, obtuvieron una gran ventaja competitiva al adquirirlos sobre las mujeres.
Los hombres comenzaron a competir económicamente entre sí, acaparando recursos excedentes y luego usándolos para dominar a los que los rodeaban. Nacieron las jerarquías económicas. Le siguieron ciudades/estados. De ahí surgieron los monarcas, los señores y el sistema feudal, al igual que la guerra organizada y los primeros imperios.
El problema con esta nueva estructura social fue que los hombres, por primera vez en la historia, tenían dos preocupaciones principales: 1) Necesitaban garantizar la paternidad de sus propios hijos y 2) Necesitaban gestionar su competencia política a través de matrimonios, alianzas y vínculos familiares.
Así empezó a importar la castidad femenina, la fidelidad y la fertilidad. El sexo se convirtió en una transacción económica y política, y las mujeres (que eran inútiles para la guerra y el trabajo físico) se convirtieron en activos procreadores para los hombres. Las mujeres proporcionaban sexo y procreación y a cambio, sus familias recibían recursos, dotes, alianzas políticas, tierras, etc.
Los hombres tenían que ganarse la aprobación de la mujer y su familia. Y se esperaba que las mujeres fueran castas y distantes pero sumisas hasta que un hombre finalmente las conquistara. Y así lo hicieron durante unos 7.000 años, más o menos.
Los tiempos han cambiado y supuestamente ya no organizamos nuestra sociedad a través del casamiento aunque de manera más sutil seguimos haciéndolo. Podemos ceder nuestros recursos a cualquiera que elijamos cuando muramos. Contamos con sistemas legales establecidos para garantizar nuestros activos. Las mujeres tienen empleos y sus propios ingresos más luego el trabajo de casa sin sueldo. Mujeres y hombres, en cierta medida, tienen control de la natalidad y pueden dictar su propia procreación aunque ahora cada vez quedar embarazada de manera natural se ha convertido en una odisea donde las clínicas de fertilidad están haciendo su negocio. Para volver a nuestros orígenes las mujeres nos hemos vuelto más desconfiadas, más reactivas y ya no aguantamos tanto y quien paga los platos sucios son los hombres buenos y muchas mujeres prefieren estar solas y tener hijos solas haciendo que la familia se rompa. Estamos en una era donde la familia ha cambiado y puede tener estructuras antes impensables pero la mujer sigue con fuerza aunque se consuma haciendo doble rol (padre, madre) y los hombres no tienen caballos blancos suficientes para impresionarnos y si lo hacen ya no les prestamos atención. Por eso creo que muchas mujeres se juntan y crean familias y muchos hombres se juntan y crean familias y muchos hombres han dejado la armadura y la han cambiado por el delantal y oye, tan ricamente. Hay que aceptar que el concepto anterior de familia es diferente y moldeable dependiendo de los miembros que la compongan. Eso es ya una realidad.
Actualmente tratar el sexo como una transacción ya no tendría que tener sentido pero lo seguimos haciendo a pesar de que dañe nuestra autoestima y nuestra salud emocional. Tanto hombres como mujeres usamos el sexo para conseguir nuestros objetivos. Ahora que nadie se escandalice porque en esto hay niveles: Un nivel inferior sería acostarte con tu pareja para que se le vaya el enfado y un nivel superior sería acostarte con una mujer rica para subir de clase social o acostarte con tu jefe para que te ascienda.
Pero lo bonito es que ahora podemos pasar a usar el sexo no como transacción sino para satisfacer nuestras necesidades de intimidad y amor.
Sexo como forma de Intimidad y Amor
Los hombres tienden a asumir que el sexo en sí mismo es una necesidad, independientemente de quién (o qué) provenga. Las mujeres tienden a asumir que el sexo solo puede ser una forma de intimidad/amor. Ambas son erróneas y ambas meten a muchas personas en problemas.
Todos los seres humanos poseemos necesidades psicológicas fundamentales. Si no las satisfacemos, sufrimos y, a veces, gravemente. Al igual que necesitamos alimento, refugio y descanso para sobrevivir, también necesitamos satisfacer nuestras necesidades psicológicas para mantenernos mentalmente sanos y estables.
Los psicólogos han estudiado una serie de necesidades psicológicas, pero en realidad se pueden reducir a cuatro necesidades fundamentales: Seguridad, autoestima, autonomía y conexión.
Para ser personas felices y estables, necesitamos satisfacer estas cuatro necesidades constantemente. Si no las satisfacemos, nuestra mente comenzará a racionalizar maneras de satisfacerlas, incluso a costa de nuestra salud física o mental.
Por ejemplo, los deportes satisfacen nuestras necesidades de conexión y, si ganamos, de estima. Una familia sana puede satisfacer nuestras necesidades de conexión, autoestima y seguridad. Aprender artes marciales puede satisfacer nuestras necesidades de seguridad y autoestima. Ser bueno en matemáticas para impresionar a nuestro profesor puede satisfacer nuestra necesidad de autoestima. Experimentar con drogas puede satisfacer nuestra necesidad de autonomía y conexión. Y así sucesivamente.
Así que aquí está lo más sorprendente: El sexo es una estrategia que utilizamos para satisfacer nuestras necesidades psicológicas y no una necesidad en sí misma.
¿Cómo lo sabemos? Porque no hay evidencia de que el celibato o la asexualidad sean perjudiciales física o psicológicamente. Uno no se muere por no tener suficiente sexo o nada de sexo.
Ahora, no estoy diciendo que no tengamos sexo. De hecho, el sexo es genial. Es maravilloso. Nos hace más felices y saludables. Simplemente señalo que no es una necesidad biológica ni psicológica, sino simplemente otro impulso. Por otro lado, si las necesidades psicológicas no se satisfacen durante largos periodos, nos perjudicará física y psicológicamente. Las personas desarrollan neurosis, adicciones e incluso delirios para satisfacer sus necesidades. Las investigaciones demuestran que el aislamiento social es más perjudicial que el alcoholismo o el tabaquismo.
Para muchos el sexo es también un impulso fisiológico, como comer o dormir Pero a diferencia de comer o dormir, puedes pasar toda la vida sin sexo sin que te sientas mal. El hecho es que, como humanos, hemos evolucionado para utilizar el sexo para satisfacer nuestras necesidades psicológicas, no nuestras necesidades físicas.
Gran parte de la falta de entendimiento entre hombres y mujeres y el sexo se debe a que lo usan de manera diferente para satisfacer sus necesidades. En el pasado, las mujeres buscaban el sexo principalmente como una forma de seguridad. Incluso hoy, sigue siendo muy atractivo un hombre que pueda brindarle a una mujer un entorno seguro y estable.
Las mujeres también han sufrido un historial de vergüenza y represión social de su sexualidad. Por lo tanto, muchas han llegado a percibir una relación inversa entre el sexo y su necesidad de autoestima. En cambio, son mucho más propensas a usar el sexo para satisfacer su necesidad de conexión, ya que han sido condicionadas a sentirse mal consigo mismas por tener relaciones sexuales por otras razones.
Los hombres, por otro lado, tradicionalmente han usado su vida sexual como un símbolo de estatus con otros hombres. Si eres un hombre que se acuesta con muchas mujeres, generalmente se te considera un crack. Por lo tanto, los hombres han sido en gran medida condicionados a buscar sexo para satisfacer su necesidad de autoestima.
Debido a que los hombres y las mujeres tradicionalmente han buscado el sexo para satisfacer diferentes necesidades psicológicas, no logran entendernos entre sí y nos criticamos entre sí: Los hombres piensan que las mujeres son dependientes y manipuladoras, mientras que las mujeres pensamos que los hombres son inseguros, inmaduros, desesperados y egoístas.
La clave sería que los hombres pudieran satisfacer sus necesidades por sí mismos independientemente de las mujeres tanto como sea posible. Y lo mismo las mujeres. Buscar sexo para compensar tu falta de autoestima o porque sientes falta de conexión o falta de seguridad en tu vida solo hará que te comportes de forma nada atractiva. No forma atractiva de belleza sino de atracción, de atraer al sexo que deseas atraer.
Si con esto de acabas de dar cuenta de que dependes demasiado del sexo para sentirte bien contigo mismo, entonces te recomiendo que pases más tiempo con familiares y amigos que te repongan energía y te hagan sentir bien o haz actividades que te motiven y te hagan sentir realizado sin necesidad de validación externa.
Una vez que seas capaz de satisfacer tus necesidades psicológicas, entonces podrás buscar el sexo desde un lugar de poder y abundancia (atractivo) y no desde un lugar de necesidad y desesperación (poco atractivo).
La evolución ha entrelazado nuestro impulso sexual (que no es una necesidad) con nuestras necesidades psicológicas de autoestima y conexión. Están íntimamente ligadas a nuestro arraigado sistema de apego emocional. Y no se pueden desvincular. Incluso si logramos suprimir esas necesidades, regresan con fuerza en forma de necesidad y sobrecompensación.
Por eso las mujeres queremos estar enamoradas y enamorarnos perdidamente (autoestima y conexión). Por eso el uso excesivo de pornografía te hace sentir como un miserable, porque mientras te diviertes, eres consciente que no eres lo suficientemente bueno (autoestima) para ser amado por alguien real (conexión).
El sexo no es como comer, porque a) no te mueres sin él, y b) es inevitablemente una experiencia emocional cuando lo tienes. La naturaleza nos ha programado así: priorizamos nuestras necesidades psicológicas y luego usamos el sexo para satisfacerlas, con el fin de engañarnos para que nos quedemos y nos cuidemos mutuamente. Claro, todavía podemos intentar tener algo extra de vez en cuando. Y claro, podemos tener una pequeña orgía sexual para sentirnos bien con nosotros mismos.
Por tanto, no se trata solo del sexo, sino que a través de él queremos sentir que somos deseados (autoestima) y amados (conexión).
Volviendo a nuestro escritor Millar. Él propone que deberíamos tratar el sexo como una actividad que se realiza por el simple hecho de hacerlo, por el bien de la autoexpresión, por el placer y la intimidad.
Cuando el sexo se trata como una transacción, a menudo tanto a los hombres como a las mujeres ocultan o desvían sus intenciones y esto conduce a relaciones y situaciones desagradables que hacen que no exista y por tanto perdiendo tu propia autoestima.
Cuando el sexo se trata como una actividad, lo mejor para hombres y mujeres es abordarlo con intenciones claras, sin lastimar, sin juicios y con consentimiento por ambas partes creando así relaciones sexuales satisfactorias donde la ambigüedad desaparece.
¿Es posible alcanzar esto? Probablemente no. La realidad es que hombres y mujeres siempre tendrán impulsos sexuales biológicamente diferentes. Pero aún así, se debería intentar por el bien de ambas partes. Todos saldríamos ganando.
Y así tal vez la próxima generación no tenga que sufrir un lavado de cerebro con las mismas películas de Disney que nos toca ver a nosotros.
Una Love Story Auténtica
Si no has visto Hamnet (2025) te la recomiendo. Está basada en la novela histórica de Maggie O’Farrell que narra la vida familiar de William Shakespeare, enfocándose en la muerte de su hijo de 11 años, Hamnet, por la peste en 1596 y el profundo duelo de su esposa, Agnes. Alterna entre el cortejo de la pareja y el trágico desenlace, explorando el dolor, la pérdida y la creación artístico.
Es muy lenta al principio pero te lleva a través de simbolismos, amor, naturaleza y diálogos directos a tu corazón, a ese que escondemos por miedo a lastimarnos. Te brotan lágrimas, aquellas que has tenido contenidas tanto tiempo, al ver escenas tan llenas de amor y pérdida. Muerte y Vida, Vida y Muerte se fusionan para llevarnos a lo que realmente es una Historia de Amor. La protagonista Jessie Buckley se come la pantalla. Aquí no hay príncipe ni princesa pero si un hombre y una mujer que desde sus sombras y sus luces se conectan y desconectan a través de crisis y pérdidas hasta que llega esa intersección que nos lleva a la comprensión del otro, a la empatía y al reencuentro.
Una clienta muy cercana me dijo: Tienes que verla. Tal vez no me dijo exactamente esto tan contundente pero es lo que sentí. Llevaba tiempo con ganas de verla así que ya era el momento. Le escribí para agradecerle y esta fue su contestación:
Es espectacular esta película!!! Es para verla varias veces…. ella se come la pantalla… la maternidad, la madre, la madre tierra…. y la paternidad y el mundo y la conexión con el exterior…
Como hay esto que se percibe sin palabras ella y su basto mundo hacia dentro… y él y su basto mundo hacia fuera…
Y la conexión entre ellos la comprensión (con sus momentos de incompresión) de los dos mundos…
Es de una sensibilidad y riqueza en cada detalle…. Ayer me quedé pensando que además nada de la historia de Hamnet es formal. No encaja nada en lo formal pero es profundamente sincera, auténtica y real…
Y me quedé con esta copla. En como cuando algo es auténtico normalmente desencaja de lo formal…
Totalmente de acuerdo. Más películas como estas, más argumentos no formales, más historias de Amor.