No quiero convertirme en mi Madre

No quiero convertirme en mi Madre

Tabla de contenidos

Sé que muchas mujeres tiemblan sólo de pensarlo e incluso muchas lo evitan desde que eran niñas. Además, yo era de aquellas que le avergonzaba presentar a mi madre a mis novios o amigos. Y si tu pareja te dice que te pareces a tu madre y te molesta, bienvenida al club porque este artículo es para ti. Por cierto, los hombres no os escapáis porque recuerdo que cuando era joven me gustaba conocer a los padres de mis novios para saber cómo serían de mayores. Y tuve amigos varones que querían conocer a las madres de sus novias, no para hacer de buen yerno, sino para hacerse una idea de cómo sería esa niña tan mona 20 años más tarde.

‘No quiero convertirme en mi madre’ ha convivido conmigo durante toda mi vida pero ahora que tengo 50 años soy consciente de que muchas de mis manías (sobre todo en la limpieza) son de mi madre. Y con los años podrán ser muchas más. ¡¿Cómo puede ser?!

Aspiradora y lavadora diarias, limpiar el polvo y fregar el suelo una vez a la semana, tener todo recogido, que no haya ni un pelo de animal, dejar la cocina como una patena antes de terminar de comer, tener preparada la maleta una semana antes de viajar, llegar al aeropuerto tres horas antes… Esto y más es lo que he heredado de mi madre. Y esto es control. ¿Control? Control a no mandarlo todo a la mierda y vivir tranquila al ver que no pasa nada si no has pasado la bayeta por la encimera o no hiciste el baño en dos semanas. Y también tengo la versión de mi padre, apagando las luces que voy encontrando encendidas y hasta recuerdo que en mi primera casa iba al baño sin encender la luz.

Cuando me quedé embarazada me comprometí conmigo misma en ser una madre diferente y mejor a la mía, es decir, más presente y cercana. En muchas cosas lo he conseguido porque al ser consciente de lo que no me gustaba de nuestra relación madre-hija, he sabido qué tipo de relación quería tener con mi hija. Así que me relaciono con mi hija de manera mucho más amorosa, confidente y sobre todo coherente, es decir, que cuando digo algo vea que luego lo hago y no lo contrario. Pero la cosa cambia cuando estoy en un momento de estrés y veo cómo se asoma la disfuncionalidad y ahí está el reflejo de mi madre en esas circunstancias de desequilibrio. Entonces me paro, reparo y regreso a mi lugar de coherencia. Para lograrlo tengo que estar muy presente y con la presencia y la práctica voy mejorando.

Según un estudio de 2019 encargado por el Dr. Julian De Silva, cirujano plástico facial de Londres, descubrió que la mayoría de las mujeres comienzan a convertirse en madres alrededor de los 33 años y los hombres comienzan el proceso de convertirse en padres un año después, a los 34.

Llevo años que cada vez que me miro en el espejo veo más similitudes físicas en cuanto a gestos y maneras de actuar y eso que no tenemos comunicación. Además del ADN, ¿está todavía presente en mí porque la rechazo? ¿O tal vez es porque me rechazo por cómo soy yo? Cuanto más lejos quieres que esté alguien más cerca está de ti aunque os separen kilómetros de distancia. ¿Y qué hacemos al respecto? Resistirnos a vernos como ellas y justamente rechazarlas no es la solución (y ni mucho menos un lifting) porque hasta que no aceptemos que en nuestras sombras están también nuestras madres no podremos trasmutarlas y hacer una mejor versión de ellas. 

¿Qué hago para despegarme/desapegarme de ella?

Empieza escribiendo o pensando todo lo que no te gusta de ella porque será justamente lo que no te gusta de ti. Entonces si te pido que escribas o pienses lo que te gustaba de ella y no me escribes nada, por la misma regla de tres, puede llevarte a creer que no hay nada de valor en tí pero lo correcto sería que, en realidad, no puedes ver nada de valor en ti, y eso es diferente y preocupante. Aquí es cuando nos damos cuenta que tenemos que ponernos a trabajar. 

También es importante poder escribir qué nos aportaron, sea bueno o malo, y así dejar de juzgarlas para poder despedirte del pasado sabiendo cuál ha sido el aprendizaje y qué herramientas hemos conseguido para poder ver nuestra verdadera esencia. Sí, muy simplista todo, ¿verdad? No hay más secreto así que no seas perezosa y lo dejes para mañana y empieza a quitar todas las capas (excusas, juicios) que no te dejan ver con claridad. 

Está claro que sin nuestras madres no estaríamos aquí pero junto a ellas muchas de nosotras no habríamos avanzado ni un metro. Por lo que todo lo vivido con ellas, bueno o malo, nos hace quienes somos ahora pero, aunque no te guste lo que ves de ti en ella o viceversa, no significa que no haya solución o no sea importante. La hay, es importante pero hay que mover el culo y resetear tu mente (muy trillado lo de resetear) para empezar a ver que eres un ser único que puedes cambiar el curso de su vida si quieres pero hay que poner intención y aceptación auténtica y genuina, hacia a ti, y no, no hablo de aceptación hacia ella porque ahí pondríamos el foco en ella de nuevo en vez de en ti, cuando realmente tú eres mi prioridad. Ya he puesto el foco en ella poniendo un título que le hace referencia. Y, lo dicho, no me refiero a aceptar a tu madre sino a aceptar tu situación de vida, tu rechazo hacia ella y hacia ti, tu resistencia a querer ser como ella cuando ya estás casi llegando a ser su clon. Aún estás a tiempo, siempre estás a tiempo.

No le perteneces a nadie, ya no es tu ‘mamá’ ni tu ‘mami’, es una mujer que te dio a luz para que ahora hagas tu camino y dejes de castigarla o castigarte por cómo lo hizo o cómo lo hiciste o permitiste o le permitiste. Hagámonos adultas de una vez.

Date un respiro, y si es necesario deja la comunicación para así comunicarte contigo y ver qué es lo que quieres en tu vida y si estás en el camino correcto o tienes que rectificar tu ruta ya que si hay que rectificarla es porque el GPS está siendo tu madre (en cristiano, lleva el control de tu vida a tus 40 años) y ahí si que estamos jodidas porque, aunque ella quisiera o quisieras, no te va a llevar al destino deseado sino al suyo. Y, please, no me pidas un Uber, que sería como la figura de tu padre, otro que no tiene idea. Si quieres pedir un Uber es para darle la dirección exacta así que si la tienes bien está pero no cargues a tu padre con una responsabilidad que ya no le toca, él no tiene la solución.

Somos adultas, ¿verdad? Pues demuéstratelo. ¿Has creado tu propia estructura familiar? Pues no repitas patrones, transfórmalos o, si hace falta, rómpelos todos y crea de nuevo tu casa con buenos cimientos y con un buen techo donde no haya goteras que es por donde tu madre podría entrar para crear de nuevo humedad y aprovechar para recrear tu antigua identidad.

Despójate de todo y saca lo mejor de ti, apuesta por ti, reconcíliate contigo (muy hierbas, lo sé), y así verás que la salida te lleva a la meta donde tus valores los creas tú, no tu pasado, ni tus padres. Despelotarse frente a tu mundo es lo más valiente, desgarrador y bonito del mundo. 

Muchos terapeutas te aconsejan que admitamos que nuestros padres, probecitos ellos, hicieron lo que pudieron porque no tenían herramientas y eso me es tan empalagoso que lo veo una excusa en toda regla. Está claro que no podemos cambiar lo que nuestras madres nos hicieron pero si podemos decidir seguir adelante y eso para mi es un gran desafío muy atractivo. Y no, no podemos cambiarlas ni interponernos en sus decisiones, en sus resultados de la vida que eligieron pero debemos cortar el cordón umbilical para ser nuestra propia versión de Mujer y de Madre. Y oye, que nosotras tampoco teníamos herramientas y las buscamos y las encontramos así que no me sirven excusas baratas para que no asuman su responsabilidad de ampliar su mente.

Es importante ser conscientes de que no sólo hemos tenido el rol de nuestras madres ya que nos hemos rodeado de otras personas allegadas en nuestra infancia donde pudimos observar y aprender otras formas de amar. Aquí podemos incluir a nuestras abuelas, tías, hermanas, vecinas o las madres de nuestras amigas. Y es justo con estas personas que también vamos creando y obteniendo unos valores propios que se alinean con nosotras y de los que si nos sentimos orgullosas por mucho que estén en contra con los de nuestra madre porque son justamente los que nos hacen únicas.

En mi infancia interactué con muchos miembros de mi familia que se podrían catalogar como narcisistas, conarcisistas, psicópatas, mentirosos, manipuladores, maltratados, víctimas y victimarios, en definitiva, una gran selección de personajes que nos daría para hacer una película de Disney. Pero también hubieron honestos, bondadosos, altruistas y la diferencia con los anteriores es que cuando estás con ellos te sientes en paz y a salvo. Y fue gracias a interactuar con todos ellos lo que hizo que fuera selectiva y eligiera lo que realmente me hacía sentir en coherencia. Pero ojo que esto no ocurrió de la noche a la mañana, es un proceso que se va gestando y dando forma en tu adolescencia y adultez pero cuando todo se coloca ya hay ciertas cosas que no puedes dejar pasar y todo tiene sentido, ves la luz al final del túnel. Hay salida, siempre hay salida si miras en la dirección correcta.

¿La genética influye?

El pasado da forma a nuestros pensamientos y comportamientos más allá de nuestra conciencia. Examinar terapéuticamente nuestras heridas pasadas y nuestras experiencias nos ayuda a comprender que hemos sufrido y que nuestro sufrimiento nos ha afectado, a veces para bien y otras para mal. Esa conciencia puede ser dolorosa pero viene acompañada de un nuevo poder: El poder de actuar de manera diferente. Aunque primero debería decir el poder de pensar de manera diferente para luego decir y actuar de manera diferente. Y eso nos hace únicos.

Los expertos dicen que la genética manda y que, hasta cierto punto, todos estamos destinados a ser nuestros padres, nuestros abuelos y probablemente nuestros bisabuelos. Pero también hay otros expertos que dicen que puedes cambiar si haces un trabajo personal. 

Así que si descubres que estás actuando como tu padre o tu madre combina tu conciencia con la autocompasión. La genética y las experiencias de la primera infancia tienen una poderosa atracción magnética. A veces actuaremos como nuestros padres, incluso con las mejores intenciones. Si eso sucede, tu mejor herramienta es la simple conciencia para despertar de tu Matrix y cambiar el rumbo de los acontecimientos por mucho que tu madre fuera una narcisista. No hay excusa. Tienes todas las papeletas de repetir el rol pero también tienes muchas otras para justamente hacer la versión de Madre que te hubiera gustado tener y quieres ser.

Cuando entendemos o integramos la raíz sabemos en el fondo de nuestro corazón de que estamos destinados a ser más, mejores y diferentes. Eso lo llaman Evolución. La respuesta no está en lo que ella hace o no hace sino en lo que nosotras estamos dispuestas a hacer. No querrás quedarte obsoleta ni caducada en una versión anticuada que no aportó nada sino más de lo mismo, ¿verdad? Pues eso, a mover el culo y a crear una nueva versión mejor que el último iPhone.

¿Hay esperanza con la Epigenética?

Según los estudios científicos si bien ninguno de nosotros puede cambiar los genes que nos dieron nuestros padres, podemos mejorar la forma en que nuestros cuerpos usan los genes mediante modificaciones epigenéticas, lo cual es posible a través de una dieta saludable y ejercicio.

Cuando nos ataca una enfermedad o nos sentimos infelices con nuestra apariencia, tendemos a suspirar y decir cosas como: “Lo heredé de la parte de la familia de mi madre”, “Soy igual que mi padre” o “Es genético”.

Hay algo de verdad en estas declaraciones. La colección de genes que tienes de tus padres se llama genoma. Tu genoma funciona como un modelo para tu cuerpo que no puedes cambiar. Puede influir mucho en el desarrollo de muchas enfermedades como el cáncer, diabetes y obesidad. Sin embargo, los factores que están bajo nuestro control, como la dieta y el estilo de vida, pueden cambiar la forma en que se utilizan estos genes en el cuerpo, un proceso conocido como expresión genética. 

Por ejemplo, ‘un paseo de intensidad moderada de 30 minutos en una bicicleta estática puede provocar un cambio epigenético que aumenta la cantidad de células inmunitarias que combaten el cáncer en el cuerpo’. Fuente. 

Si bien el ejercicio crea un estímulo importante para que nuestro cuerpo inicie el cambio epigenético, esto no es posible sin una dieta que también respalde el cambio genético, es decir, que sea capaz de suministrar etiquetas químicas y procesos de combustible dentro de la célula que hacen posibles estos cambios.

¿Hay esperanza con la Epigenética?

Según los estudios científicos si bien ninguno de nosotros puede cambiar los genes que nos dieron nuestros padres, podemos mejorar la forma en que nuestros cuerpos usan los genes mediante modificaciones epigenéticas, lo cual es posible a través de una dieta saludable y ejercicio.

Cuando nos ataca una enfermedad o nos sentimos infelices con nuestra apariencia, tendemos a suspirar y decir cosas como: “Lo heredé de la parte de la familia de mi madre”, “Soy igual que mi padre” o “Es genético”.

Hay algo de verdad en estas declaraciones. La colección de genes que tienes de tus padres se llama genoma. Tu genoma funciona como un modelo para tu cuerpo que no puedes cambiar. Puede influir mucho en el desarrollo de muchas enfermedades como el cáncer, diabetes y obesidad. Sin embargo, los factores que están bajo nuestro control, como la dieta y el estilo de vida, pueden cambiar la forma en que se utilizan estos genes en el cuerpo, un proceso conocido como expresión genética. 

Por ejemplo, ‘un paseo de intensidad moderada de 30 minutos en una bicicleta estática puede provocar un cambio epigenético que aumenta la cantidad de células inmunitarias que combaten el cáncer en el cuerpo’. Fuente. 

Si bien el ejercicio crea un estímulo importante para que nuestro cuerpo inicie el cambio epigenético, esto no es posible sin una dieta que también respalde el cambio genético, es decir, que sea capaz de suministrar etiquetas químicas y procesos de combustible dentro de la célula que hacen posibles estos cambios.

Las estrategias de dieta y ejercicio aplicadas desde la concepción podrían representar un objetivo epigenético innovador para prevenir y tratar enfermedades humanas.Fuente.

‘Nuestros genes desempeñan un papel importante en nuestra salud, pero también lo hacen nuestros comportamientos y nuestro entorno, como lo que comemos y nuestro nivel de actividad física. La epigenética se refiere a cómo esos comportamientos y el entorno pueden provocar cambios que afectan la forma en que funcionan nuestros genes. A diferencia de los cambios genéticos (mutaciones), los cambios epigenéticos son reversibles y no cambian la secuencia de las bases del ADN, pero pueden cambiar la forma en que nuestro cuerpo lee una secuencia de ADN.’ Fuente.

¿Cómo afecta a tu Cerebro?

La psicoterapeuta y coach Victoria Donahue cuenta que muchos de sus clientes entran en shock cuando son conscientes de que están siguiendo el patrón de sus padres y que suele ocurrir cuando se convierten en padres.

Y también comenta que es muy fácil convertirnos en nuestros padres, especialmente si han sido una influencia negativa, especialmente para aquellos que no son conscientes de ello. La razón por la que es tan común es porque entre el ochenta y el noventa por ciento de nuestra vida, en realidad estamos operando en el nivel inconsciente. La mayoría de nuestras interacciones son inconscientes. En su mayor parte, las personas empiezan a actuar como sus padres y empiezan a heredar sus atributos cuando son bebés y niños pequeños. En realidad, sus cerebros están programados por sus cuidadores para actuar y comportarse en el mundo. 

Así que la conciencia es el primer paso para no convertirte en tus padres porque cuando estás estresado, es aún más difícil darte cuenta de que estás repitiendo estos patrones. Así que tienes que trabajar para reducir tu nivel de estrés y, al mismo tiempo, darte cuenta en ese momento de estrés de que tienes que parar de ser brusco, borde o desagradable con otras personas como lo hicieron tus padres. Al hacer las cosas de manera diferente a como lo hacían nuestros padres, y al repetirlo una y otra vez, estamos creando nuevos caminos. Así es como dejamos de ser como nuestros padres.

‘Las neurovías y la neurociencia, durante los últimos diez o veinte años, realmente han arrojado luz sobre cómo nos volvemos como nuestros padres y cómo se forma nuestro cerebro. Cuando estamos estresados y no podemos pensar correctamente, recurrimos a esas neurovías que siempre se han formado desde que éramos bebés. Es como si estuvieras caminando por un bosque y no hubiera camino y tuvieras que crear uno. Cuanto más caminas por ese camino, más claro se vuelve. Haces lo mismo en tu cerebro, y cuando creas y utilizas ese nuevo camino (quién quieres ser y cómo quieres reaccionar), en lugar de seguir el viejo camino que aprendiste de tus padres. Así es como se crean nuevos hábitos y nuevas formas de comportarse con otras personas’. Victoria Donahue.

El Dr. Daniel J. Siegel es profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la UCLA, codirector del centro de investigación Mindful Awareness de la UCLA y director ejecutivo del Mindsight Institute, además de miembro distinguido de la American Psychiatric Association. Licenciado en la Facultad de Medicina de Harvard, es coautor de ‘Parenting from the Inside Out’ con Mary Hartzell y autor de ‘Mindsight: La nueva ciencia de la transformación personal’, que fue un gran éxito de ventas, además de ‘El Poder de la Presencia: Cómo la presencia de los padres moldea el cerebro de los niños’,Tormenta Cerebral: El poder y el propósito del cerebro adolescente’ y ‘Viaje al centro de la mente’.

Sigue la misma línea y dice que las personas absorben formas de comunicarse desde su infancia. Y que a veces intentas evitar estos patrones pero no lo haces de manera eficaz y luego aparecen cuando estás estresado. Entonces, tanto de manera directa como indirecta, podemos ser como nuestros padres, aunque no queramos serlo. ‘Digamos que alguien dice: “Mis padres son muy fríos y desconectados. Cuando crío a mi hijo, quiero estar seguro de que estoy cerca y cálido”. Esa es una gran intención, pero lo que puede suceder bajo estrés es que pueden comenzar a volverse fríos y desconectados, y tal vez ni siquiera se den cuenta.

Hay muchas personas que no hacen nada al respecto y si te tomas el tiempo para reflexionar sobre cuál fue tu historia cuando eras niño puedes cambiar y dejar de ser como tus padres. Pero el Dr. Siegel nos dice que muchas personas no lo hacen porque no quieren pensar en ello o porque piensan que su pasado está en el pasado, creen que no hay razón para pensar en ello porque el pasado ya pasó. ‘Y establecerá un estado mental que dice: No tengo por qué reflexionar sobre nada porque no puedo cambiar nada. Continuamente racionalizan por qué su forma de ser está bien, aunque no lo sea. No es lo que te pasó en el pasado; se trata de cómo has dado sentido a cómo te ha impactado el pasado. La clave para liberarse del legado del pasado es comprender cómo te ha impactado el pasado.

Nos da esperanza y nos dice que nunca es demasiado tarde para iniciar ese proceso mediante el trabajo reflexivo y así conseguir tener un cerebro nuevo o resetearlo.

Disociación: Conciencia fragmentada

Las personas que eligen no reflexionar suele ser cuando sus padres eran una fuente de terror. ‘Esto podría ser negligencia o abuso, o que un padre llegue a casa borracho todo el tiempo. Cuando, por ejemplo, el padre es la fuente del terror, suceden dos cosas en el cerebro del niño que son realmente angustiosas. Una cosa es que el cerebro diga que nos alejemos de la fuente del terror, pero también que el cerebro diga que acudamos a una figura de apego en busca de protección. Pero si la figura de apego es la fuente del terror, entonces la mente se fragmenta. Desafortunadamente, cuando esos niños crecen, tienen algo que se llama disociación. Se disocian cuando se estresan: no pueden pensar con claridad, tienen muchos problemas para regular y equilibrar sus emociones, tienen dificultades para tener relaciones mutuamente gratificantes. Con la disociación, literalmente tienen una fragmentación de la conciencia, y pueden sentirse desconectados de su cuerpo, de sus emociones, e incluso su memoria puede verse fragmentada y su capacidad para acceder a ella. Esto no es raro y casi nunca se habla de ello.

Si la persona no reflexiona y no le da sentido a su pasado se continúa el ciclo de negligencia o abuso. ‘Porque cuando se fragmentan, se disocian y sin querer aterrorizan a sus hijos. No quieren, aman a sus hijos y nadie quiere lastimarlos, pero en su mayor parte, todos aman a sus hijos, pero lo están haciendo. Algunas personas que lean sobre esto pueden sentirse un poco nerviosas por encontrarle sentido a su pasado porque esas experiencias fueron muy aterradoras. Pero todo se reduce a la reflexión.’

La psicóloga Catherine Mary Lee nos da esperanza: ‘Como biológicamente tenemos dos padres, no somos idénticos a ninguno de los padres, por lo que no somos clones de nuestros padres. Lo ideal sería que aprendas desde la primera infancia a elegir el estilo de vida y los valores que tienen sentido para ti, no como una imitación de tus padres, ni simplemente como una reacción contra ellos. A medida que el joven crece, tiene muchas más fuentes de modelos a seguir y validación que pueden ayudarle en su identidad.’

Así que tener otros modelos a seguir ayuda a no asumir los rasgos negativos de nuestros padres. ‘Puede haber muchos modelos a seguir además de los padres. Es posible que el modelo a seguir nunca sepa lo importantes que son. Trabajé con una persona que había sido horriblemente abusada por sus padres. En la escuela secundaria, visitó la casa de una amiga y quedó sorprendida por la forma en que se comportaban los padres de su amiga. Era como un salvavidas, y cuando se convirtió en madre, se parecía más a los padres de su amiga que a los suyos.’


«No seas imprudente con el corazón de otras personas y no toleres a las personas que son imprudentes con el tuyo». María Schmich. Yo añadaría ‘aunque sean tus padres’.

Parentamorfosis

Hay unos anuncios de una compañía de seguros donde aparece un actor llamado Dr.Rick que ayuda a los nuevos jóvenes propietarios de su casa para que no actúen como sus padres. Si ves alguno de ellos y te ríes es que ya te has convertido en la versión de tu madre. Aquí te dejo el link.

Cuando la gente compra su primera vivienda, se vuelve sobreprotectora con los suelos y tacaña con la factura de la luz. Comienzan a convertirse en sus padres. Es una certeza en la vida que resulta tan identificable como aterradora para los jóvenes propietarios. Y si bien puede manifestarse de manera diferente para cada persona, es algo que todos sabemos. Pero, independientemente de lo que suceda, en Progressive te respaldamos. Es posible que no podamos protegerlos para que no se conviertan en sus padres, pero podemos proteger su hogar.

La empresa de seguros Progressive ha denominado el proceso de convertirse en padres como “parentamorfosis”. Señales de que te has convertido en tu madre son cuando ves los mismos programas de televisión, usas los mismos dichos y tienes pasatiempos similares, haces las mismas tareas domésticas. Si alguna vez has dicho alguna de estas frases es posible que ya te hayas convertido en tu madre: ‘Porque lo digo yo y punto’; ‘¿Tú crees que el dinero crece en los árboles?’; ‘Y si tus amigos se tiran por un puente tú también’; ‘Si te duele es que se está curando’; ¿Tú que te crees que soy el Banco de España?; ‘Cuento hasta tres’; ‘Un día me vas a matar de un disgusto’. 

Y si alguna vez has considerado darte tres horas para llegar al aeropuerto, o has empezado a guardar los botes de cristal o todos los domingos vas a lavar el coche (por dentro y por fuera) o vayas apagando las luces de casa probablemente ya te hayas convertido en tu padre. 

Pero, ¿es tan malo convertirse en tus padres? Hay algo reconfortante en dejar de lado la necesidad de parecer atractivo o mantenerse al día con las últimas tendencias. Hay algo agradable en elegir ropa según el nivel de comodidad y tener la vida marcada hasta el punto en que la mayoría de las cosas se reducen a un sistema.

Parece que la clave para completar con éxito el proceso de parentamorfosis es aceptar los aspectos maravillosos del envejecimiento, como tener unos cuantos euros de más en el banco, una despensa bien surtida y los medios para cambiar el aceite del coche antes de que sea demasiado tarde.

Humildad Intelectual

Cuando nos convertimos en padres, ¿seguimos creciendo y ampliando nuestros horizontes? ¿O hemos decidido volvernos rígidos y de mente cerrada? Supongo que eso depende de quiénes sean tus padres. Pero con demasiada frecuencia, cuando las personas sientan la cabeza y tienen hijos, terminan adoptando sus costumbres a medida que el mundo que los rodea continúa cambiando.

Shane Snow escribió en Harvard Business Review que los investigadores han identificado una idea simple que ayuda a las personas a mantener la mente abierta a medida que envejecen: la “humildad intelectual”.

Los investigadores creen que al practicar este concepto, las personas conservan la voluntad de cambiar y la sabiduría para saber cuándo no deben hacerlo. También descubrieron que las personas que muestran “apertura a nuevas experiencias” también tienen más probabilidades de mantenerse al día con un mundo cambiante.

Necesitamos personas que puedan ser lo suficientemente inteligentes y decididas como para persuadir a la gente de que haga grandes cosas, pero lo suficientemente flexibles como para que piensen de otra manera, admitir cuando se equivocan y adaptarse a las condiciones dinámicas. Cambiar nuestros métodos y nuestra forma de pensar es difícil, pero es importante en una era en la que las amenazas de disrupción están siempre en el horizonte. En la cultura popular, podríamos llamar a este tipo de flexibilidad cognitiva «mentalidad abierta». Y con las crecientes divisiones de la sociedad, es muy posible que la supervivencia de nuestras empresas y comunidades dependa de que nuestros líderes tengan esa flexibilidad.

La humildad intelectual es la virtud que se encuentra entre dos excesos; es la voluntad de cambiar, además de la sabiduría de saber cuándo no se debe.

Hace unos años, científicos de varias universidades empezaron a llevar esta idea al ámbito de la psicología cotidiana. Luego, en 2016, los profesores de la Universidad de Pepperdine dividieron el concepto de humildad intelectual en cuatro componentes y publicó un estudio para medirlos:

  1. Respetar otros puntos de vista.
  2. No tener un exceso de confianza intelectual.
  3. Separar el ego del intelecto.
  4. Disposición a revisar el propio punto de vista.

Jason Baehr, de la Universidad Loyola Marymount define la mentalidad abierta como la característica de estar ‘dispuesto y dentro de unos límites capaz de trascender un punto de vista cognitivo predeterminado para tomarse en serio los méritos de un punto de vista cognitivo distinto’. Su punto es que puedes ser intelectualmente humilde (abierto a cambiar de opinión sobre las cosas), pero si nunca sientes la curiosidad suficiente como para escuchar otros puntos de vista, no tienes una mente tan abierta.

Estudios mostraron que ciertas actividades generalmente se correlacionan con una mayor humildad intelectual en todos los ámbitos. Viajar mucho, o mejor aún, vivir períodos prolongados en culturas extranjeras, tiende a hacer que estemos más dispuestos a revisar nuestros puntos de vista. Al fin y al cabo, si sabemos que es perfectamente válido vivir de una manera diferente a la nuestra, tiene sentido que nuestro cerebro acepte mejor los nuevos enfoques de los problemas en el trabajo. Esto se alinea con una investigación reciente sobre la neurociencia sobre cómo la narración de historias nos ayuda a generar empatía por otras personas. Los lectores de ficción tienden a obtener puntuaciones más altas en humildad intelectual, tal vez porque sus cerebros están un poco mejor entrenados para buscar historias que difieran de las suyas propias y ven las experiencias y opiniones de los personajes como potencialmente válidas. 

Yo Isasi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *