‘Decidir qué personas mantener cerca o lejos se ha convertido en una importante estrategia de vida». Joshua Coleman, psicólogo en práctica privada y miembro principal del Council on Contemporary Families. Sus libros incluyen The Marriage Makeover (2004), The Lazy Husband (2005), When Parents Hurt (2007) y Rules of Estrangement (2021). Vive en el Área de la Bahía de San Francisco.
‘Hoy día nada ata a un adulto con sus padres más allá del deseo del hijo de tener una relación con ellos.’
La mayoría de los alejamientos o rupturas entre padres y un hijo adulto son iniciadas por los hijos, de acuerdo con la investigación hecha por el psicólogo Joshua Coleman
Si, ya sé que suena muy fuerte pero creo que todos entendemos el concepto. Después de muchos años de ayudar a otros a mejorar sus relaciones con sus padres me he dado cuenta que hay un apego enfermizo en todas ellas haciendo que la persona no evolucione, no madure y no se responsabilice de sí mismo. Y con esto no me refiero a relaciones donde tenga que haber un maltrato o agresión física ya que a veces es todo más ‘silencioso’ de lo que parece, pasa desapercibido y queda entre las paredes de la casa familiar. Seguro que muchos aún tenéis una relación muy estrecha con ellos y por una parte me alegro pero por otra quiero que seas honesto contigo mismo y veas si a día de hoy, a tus 40 o 50 y tantos, de qué manera aún estás enganchado ya sea a nivel económico como a nivel de lealtad familiar o a nivel de situaciones ocurridas en el pasado.
No has matado a tus padres si:
- Aún vives en casa de tus padres.
- Vives cerca de tus padres.
- Pasas las vacaciones con ellos o vas religiosamente a comer los domingos, te apetezca o no. Y ya ni te cuento si vas todos los días a comer a su casa (eso si que es saber ahorrar en manutención…)..
- Tus hijos pasan más tiempo con sus abuelos que contigo.
- Sientes que te has convertido en el padre/madre de tus padres.
- Los llamas a diario o le das los ‘buenos días’ o ‘buenas noches’ todos los días.
- Les pides consejo para tomar decisiones importantes o para contarles lo que te ha pasado esta mañana.
- Les ocultas detalles o mientes para que no se preocupen.
- Dejas de hacer cosas que te apetecen porque ellos no las aprueban.
- Hiciste algo en el pasado por el que tus padres te han sentenciado pero nunca ‘cumplirás la pena’ porque es una sentencia de por vida.
- Recibes alguna compensación económica cada dos por tres (esto es un mensaje claro de que no te ven capacitado para valerte por ti mismo al 100%).
- Les das a tus padres alguna aportación económica (mensaje oculto: pagas tu ‘deuda’ porque te dieron la vida).
- Sientes que no has evolucionado como a ellos les gustaría.
- Sientes que no has evolucionado como a ti te hubiera gustado por los ‘frenos’ que te pusieron.
- Has dejado relaciones de pareja, de amistad o algún trabajo porque a tus padres no les gustaban.
- Desde que se murieron tus padres tu vida ha sido un total caos. No sabes ni hacerte un huevo frito.
- Sigues haciendo terapia y te pasas el 90 % de la sesión hablando sobre ellos, estén vivos o muertos.
- Te acompañan a las reuniones del colegio de tus hijos.
- Vas a comprar al supermercado con tu madre y paga ella.
- Tu madre tiene un juego de llaves de tu casa para que en tu ausencia te la limpie y te la ordene como a ella le gusta. ¿A cambio de qué? Ojo con las concesiones.
- Aún les llamas papi y mami.
- Les reprochas situaciones del pasado; les culpas por tus fracasos; por no saber relacionarte con los demás; por ser un cero a la izquierda.
- Te critican a tus espaldas y viceversa.
Y así un largo etcétera del mismo palo.
‘Cuanto más tratamos de evadir o evitar realidades dolorosas, más nos enredamos en los tentáculos de su abrazo’. Psicólogo Joshua Coleman.
Has matado a tus padres si:
- Si vives lejos de ellos (si sólo es esto, que no es poco, sólo los has dejado ‘medio muertos’).
- Si te comunicas con ellos lo justo y necesario y sin apegos.
- Si te sientes libre tomando tus propias decisiones personales y económicas sin tener que consultar con ellos.
- Si te importa un carajo si estás o no en el testamento.
- Si estando en una situación crítica laboral, personal o económica no piensas en tus padres como primer recurso sino que piensas en cómo solucionarla por tus propios medios.
Amor y Apego Emocional. Cortar lazos
Ya sé que todos sabemos que no es lo mismo Amor que Apego Emocional pero cuando estamos dentro de la relación parece que pasa desapercibida esa diferencia.
La línea entre el amor y el apego es tan delgada o fina que sin darnos cuenta podemos pasar a tierra de nadie…
Después de la resaca al escribir el artículo ‘Crónica de un Principito’ he visto con claridad la importancia de cortar lazos (en algunos casos más extremos son más bien sogas) con nuestros progenitores para seguir avanzando, creciendo y dejar de ser niños. Incluso si has tenido una relación decente con ellos. Puedo parecer una exagerada pero sólo un mínimo porcentaje de personas podría decirme que tiene una relación sana con sus padres y que su vida personal, laboral y de relaciones está alineada. Si alguna de estas partes (personal, económica/laboral o emocional) cojea es porque hay temas con tus padres, hay resistencias que te impiden crecer. Observa a tus padres dónde se quedaron estancados y mira con detenimiento qué relación tenían con tus abuelos (sus padres). ¡Bingo!.
Creo que somos la única especie en este planeta que mantiene algún tipo de relación con sus padres una vez tenemos todas las capacidades físicas maduradas. Si nos fijamos en otras especies está bien claro que es así. Una hembra se queda preñada, tiene a sus cachorros o a sus crías y al poco tiempo salen del núcleo familiar para convertirse en adultos e independientes y se sienten capaces de sobrevivir sin tener que ir con el rabo entre las piernas a que su madre le dé teta. Y si por un casual pasara eso ya sabéis lo que haría la madre, lo espabilaría rápidamente con un rugido. A una madre de este calibre no se le puede manipular y no manipula porque no está en su ADN. Su objetivo en enseñarle todas las herramientas posibles para su propio sustento, supervivencia y replicar con las reproducción. Una vez hecho pues a volar. Cuántos clientes he visto en mi camilla con dolores justo en los omoplatos. Y pensaréis: ¿Qué tienen que ver ahora los omoplatos? Pues para mi simbolizan nuestras alas. Y no es coincidencia de que la mayoría tienen relaciones disfuncionales con sus padres y se sienten ‘atrapados’, por no decir ‘enjaulados’.
¿Realmente crees que eres independiente? ¿Cuántos sois los que aún llamáis ‘mamá/mami o ‘papá/papi’ a vuestros padres? Si, eso es muy significativo y cuando un adulto se refiere a sus padres como ‘mi mamá’ o ‘mi papá’, ahí ya ves con claridad que estamos delante de un niño con cuerpo de adulto.
¿Se acabaron entonces las comidas familiares de los fines de semana? Primero pregúntate por qué aún sigues yendo. A partir de ahí ya puedes empezar a deshilachar los lazos. No sé tú pero yo ya las cancelé hace muchísimo tiempo, podían llegar a ser ‘muy indigestas’.
Ejemplos de que aún eres hijo/hija de tus padres (aunque ahora ya tengas hijos)
Ahora pongamos un ejemplo básico: Hombre de 35 años que se acaba de separar y vuelve a casa de la madre. Ya os podéis hacer una idea, ¿verdad? Ropa limpia y planchada, comida en la mesa y él deprimido un largo período de tiempo que hace que, en vez de ser un momento para replantearse cambios en su vida, se convierta en alguien paralizado y sin darse cuenta ya han pasado varios años y su situación no ha cambiado lo más mínimo, bueno sí, ha vuelto a ser un adolescente con pelos en las orejas.
Otro ejemplo: Mujer de 40 años recién separada, sin trabajo estable y con 3 niños. Sus padres le dejan temporalmente un apartamento y eso se convierte en que al final se quedan indefinidamente, ella con trabajos temporales y sin estabilidad económica para poder permitirse encontrar un lugar por su cuenta y poner la atención en su propia estructura familiar.
En los dos casos, si quitamos la ayuda de los padres, estoy convencida de que se habrían puesto las pilas, os aseguro que no se hubieran quedado en la calle. Cuando uno se encuentra en situaciones tan críticas hay algo en nuestro interior que se pone en marcha y hace que en menos que canta un gallo todo se recoloque de la mejor manera posible y siendo testigo la persona que ha podido con la dificultad. De eso se trata, se trata de salir del nido y que aparezcan dificultades y superarlas, si volvemos al nido es imposible crecer ni creer que podemos hacerlo, nos autoinvalidamos, nos encojemos, nos hacemos pequeños y, por qué no decirlo bien claro, nos acojonamos.
Estas situaciones son disfuncionales, es decir, que no funcionan y hacen que la relación entre padres e hijos sea más agridulce, más amor/odio por ambas partes e insostenible donde la culpa, la deuda y el resentimiento cogen el mando.
Puede sonar muy fuerte tener que dejar de tener relaciones con nuestros padres, y más cuando uno ya es padre/madre pero si quieres lo mejor para tus hijos estoy segura que no los dejarás en la zona de confort o en una burbuja sino todo lo contrario, así sacarán sus garras y se comerán el mundo. Y podrás sentirte orgulloso de lo bien que lo has hecho contigo y con y por ellos.
Mata a tus padres para que todos descansemos en paz y seamos los padres de nuestros hijos que es donde hay que poner el foco.
“Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes.” Jorge Bucay.
Emancipación y Estadísticas
‘La juventud española es de las que más se lo piensa antes de abandonar el hogar familiar, tal y como revelan las cifras publicadas por Eurostat. En promedio, estos jóvenes deciden abandonar la casa de sus padres a los 30,3 años, casi cuatro por encima de la media de la UE, que está en 26,4 años’.
‘Los datos de Eurostat de 2021 muestran que, en España, el 64,5% de los adultos de 18 a 34 años aún viven con sus padres.’
‘En 2017, en la UE, los jóvenes abandonaron sus hogares más temprano en los tres Estados miembros nórdicos: Suecia (21,0 años), Dinamarca (21,1 años) y Finlandia (21,9 años), así como en Luxemburgo (21,4 años). Les siguieron Estonia (23,1 años), Bélgica (23,4 años), Países Bajos (23,6 años), Alemania (23,7), Francia (24,0 años) y Reino Unido (24,4 años).‘
‘Los adultos jóvenes de Malta y Croacia permanecieron más tiempo en el hogar de sus padres. Salieron de casa a una edad media de 32,2 y 31,9 años respectivamente. Los adultos jóvenes de Eslovaquia (30,8 años), Italia (30,1 años), Grecia (29,4 años), Portugal (29,2 años) y Bulgaria (28,9 años) también abandonaron el hogar paterno más tarde. También cabe señalar que en todos los Estados miembros de la UE, las mujeres jóvenes tendían a abandonar el hogar paterno antes que los hombres. Las mayores diferencias entre géneros se registraron en Rumanía (25,6 años para las mujeres, frente a 30,3 para los hombres), Bulgaria (26,5 frente a 31,1)’ Fuente y Fuente.
‘Se terminó’. Según los expertos
He querido investigar para ver si estas rupturas y estas relaciones tan disfuncionales ocurren sólo en mi camilla. Aquí es lo que he obtenido. Fuente.
Si bien no hay datos específicos, hay una percepción creciente y generalizada entre los psicólogos y sociólogos de que esta ruptura de relaciones entre padres e hijos está al alza en los países de Occidente.
Conocido técnicamente como «alejamiento» o «distanciamiento», la definición sobre este término difiere un poco entre los expertos, pero la mayoría está de acuerdo en usarlo en situaciones en las que una persona corta cualquier comunicación con uno o más miembros de la familia.
«Decir ‘se terminó’ con un familiar es un fenómeno muy potente y distinto», le dice a la BBC Karl A. Pillemer, profesor de Desarrollo Humano en la Universidad de Cornell, en EE.UU. »Es distinto de peleas familiares, de situaciones conflictivas o emocionalmente distantes, porque estas incluyen o se mantiene algún tipo de contacto», agrega.
Después de darse cuenta de que había pocos estudios importantes sobre alejamiento familiar, Pillemer logró realizar una gran encuesta en 2020 para su libro «La línea divisoria: familias fracturadas y cómo repararlas». La encuesta mostró que una de cada cuatro personas en EE.UU. afirmó estar alejada de al menos un familiar. Resultados similares emergieron de otra encuesta hecha en Reino Unido, que sugiere que este fenómeno afecta a una de cada cinco familias en el país. Mientras tanto, académicos de Australia y Canadá señalaron que han visto una «epidemia silenciosa» de rupturas familiares de este tipo en los últimos años.
Si bien los conflictos familiares o aislarse del entorno familiar no es algo nuevo, conceptualizar el acto de ruptura hacia un miembro de la familia es una expresión de crecimiento personal, y así como es algo común hacerlo en estos días, también es un fenómeno nuevo», anota el psicólogo Joshua Coleman.
«Los temas de salud mental se hablan mucho más y por eso es más fácil decir ‘estas personas no me hacen bien’. Creo que las personas ahora tienen más confianza en poner sus propios límites y decirle ‘no’ a la gente».
‘No necesitar a un miembro de la familia como apoyo significa que con quién elegimos pasar el tiempo se basa más en nuestras identidades y aspiraciones de crecimiento que en la supervivencia o la necesidad», explica Coleman.
Hay varios impactos positivos en aquellos adultos que se han alejado de lo que creen era una relación dañina con sus padres.
«La investigación señala que la mayoría de los que han tomado la decisión han dicho que ha sido por el bien de todos», dice Coleman.
Pero, si bien se mejora la salud mental y se percibe una mayor libertad, también hay otros factores que aparecen cuando una persona decide alejarse de un familiar.
«Para muchos el cortar una relación familiar también puede ser visto como una pérdida», explica Pillerman.
«Además de que se pierden los beneficios de pertenecer a una familia: apoyo material, por ejemplo, y la sensación de no pertenecer más a un grupo estable de personas que se conocen bien», añade.
Por supuesto, todo esto también tiene un impacto en los padres que, a menudo de forma involuntaria, han sido excluidos de la vida de sus hijos, y potencialmente de sus nietos.
«La mayoría de los padres se sienten miserables por ello», indica Coleman.
Además de perder su propio equilibrio en la unidad familiar tradicional, por lo general «afirman sentir profundos sentimientos de pérdida, vergüenza y arrepentimiento», señala el investigador.
‘‘Mi predicción es que empeorará o seguirá igual», anota Coleman.
«Las relaciones familiares se basarán mucho más en buscar la felicidad y el crecimiento personal, y menos en enfatizar el deber, la obligación o la responsabilidad», señala. Fuente
Andrew Pillemer, profesor de la Universidad de Cornell y autor de Fault Lines, realizó una investigación a nivel nacional que indicó que en 2020 uno de cada cuatro americanos, lo que suponen más de 65 millones de personas, había roto con un familiar. Resultados similares emergieron de otra encuesta hecha en Reino Unido, por la plataforma Stand Alone que sugiere que este fenómeno afecta a una de cada cinco familias en el país. Fuente.
‘Eres un desagradecido’
La “sacralización social” de la familia cristaliza en las típicas frases como ‘la familia es lo primero‘ o ‘tus padres son los que más te quieren‘. Además, el clásico ‘los trapos sucios se lavan en casa‘ no es solo una frase hecha y el mandato de silencio suele primar en las relaciones familiares. Para Castillo, que está a punto de publicar ‘El dolor que se hereda, la felicidad que se contagia’ (Grijalbo), los motivos por los que “la gente no habla públicamente de esto” son variados: “Solemos creer que trauma solo puede ser un hecho concreto muy impactante, como un accidente, lo que lleva a banalizar el sufrimiento de quienes han quedado muy traumatizadas por estas otras cuestiones. Además, existe la creencia de que los hijos tienen una especie de ‘deuda’ con sus padres por haberles dado la vida y de ella derivan otras como la idea de que si hablas mal o te quejas de ellos eres un desagradecido”.
Por eso la sacudida vital que supone tomar la decisión de cortar la relación arrastra tantas cosas que deben recolocarse emocionalmente, señalan las expertas. “A veces es la única opción, pero no es romper y ya está, hay que tener cuidado con no simplificar lo que supone esto para una persona porque implicará resituar muchas cosas y es posible que se enfrente a sensaciones de rechazo, de falta de comprensión o también un sentimiento de soledad muy profundo, de responsabilidad o culpa”, señala Muñoz, que apunta a la importancia de contar con un “acompañamiento terapéutico”. Fuente.
Mensaje para los Padres
Los hijos adultos son adultos, no niños. Esta frase si llega profundamente, si se integra puede dar un poco de luz y puede transformar las relaciones enquistadas durante años. Pero es muy difícil si todos los miembros de la familia no ponen acción, como por ejemplo, yendo a terapia, y no hace falta que sea terapia grupal o familiar ya que cada miembro tiene su propia historia y su propia percepción de la realidad y de lo que ha vivido.
Aquí no vale el ‘tenemos que hablar’ sino el ‘tenemos que poner acción’. A estas alturas el hablar ya no sirve de nada (las palabras se las lleva el viento), aquí sólo las acciones son capaces de llevarnos a la transmutación.
También quiero hacer un inciso porque podría escribir un artículo donde los papeles se revierten. Es decir, cuando son los hijos que no tienen intención alguna de dejar de ser niños y manipulan a los padres de cualquier manera, sobre todo económica y emocional. Haciendo que esos hijos se sientan con todo el derecho del mundo a creer que sus padres son los que se tienen que encargar de todo, y cuando digo todo, me refiero a todo. Así que tal vez me anime y escriba sobre ello más adelante pero aquí es importante también resaltar que si un hijo consigue manipular a sus padres es porque ellos lo han permitido en algún momento de la crianza y una vez ese hijo ya es adulto la cosa se complica y es muy difícil darle la vuelta a la tortilla.
‘Una de las paradojas más grandes es que la familia es, en demasiadas ocasiones, fuente de lucha, conflicto y sufrimiento. Curiosamente, el concepto de “familia feliz” suele ser un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. La incómoda verdad es que la gran mayoría de nosotros estamos –o hemos estado– peleados con nuestros progenitores. Por más “adultos” que nos consideremos, muchos seguimos cargando con una mochila emocional repleta de heridas y traumas originados durante nuestra infancia. Y estos condicionan inconscientemente la relación que mantenemos con la pareja, los hijos y la sociedad. Las pataletas que tenemos con 30, 40 o 50 años ponen de manifiesto que en nuestro interior reside un niño acomplejado, inseguro y enfadado. En general, seguimos identificados con el arquetipo de “hijo”, impidiéndonos conectar con el adulto que podemos llegar a ser’. Jorge Vilaseca.
P.D. Ya tenéis el artículo ‘Matar a los Hijos’.