Comida en el Avión. Nutrición por las Nubes

Antes de coger tu vuelo puedes deleitarte a observar todos los puestos de comida. La verdad es que actualmente mucha gente que vuela a menudo por trabajo, tenga que tragar (dicho en todos los aspectos) dicha pseudo-comida: sandwiches de plásticos, bebidas químicas llenas de azúcar, comidas envasadas con aspectos bastante indeseables y todo tipo de comida fast-food… y para colmo a unos precios que están por las nubes.

Pero también tengo que reconocer que en los aeropuertos más selectos e internacionales, como por ejemplo el de Londres, me asombró ver un puesto con pescado fresco y que te lo hacían al momento pero, eso sí, dejándote la tarjeta de crédito a mínimos por una simple comida en condiciones.

En uno de mis viajes me puse a leer la revista de la compañía aérea y había un artículo que hablaban sobre el primer vuelo entre España y América Latina que fue en 1946 durando 36 horas y haciendo varias escalas. Lo que más me gustó es lo que en ese vuelo comieron los clientes: pollo frito y tortilla de patata. Lo vi auténtico, genial y sobre todo casero ya que los que hacéis vuelos internacionales habéis podido comprobar (y vuestros estómagos también) la poca comida auténtica que te sirven en bandeja de plástico. 

Lo veo tan irónico que la azafata te pregunte si quieres comida vegetariana o no vegetariana porque, realmente, da lo mismo. Piensas que la vegetariana será más sana y cuando abres el envoltorio ves que hay tantas salsas y potingues que casi no dejan ver lo que hay de comida sólido. En fin, yo soy bastante precavida y prefiero llevar mi comida en un tupper y sobre todo cuando son vuelos largos. El jet lag te deja destrozado pero si además tienes que mal-comer, tu cuerpo se queda totalmente en las últimas y pasarán horas hasta que se reponga. Tengo que confesar que si cojo algún vuelo nacional y es al mediodía, también me llevo la comida y como tan ricamente desde las alturas aunque algún pasajero pone cara rara, yo disfruto de lo lindo.

La comida no sabe igual en el avión, pero no es culpa del chef. Muchos estudios confirman que el sentido del gusto se altera en situaciones de vuelo, ya que a medida que el avión va ganando altura se produce un cambio en la presión del aire que adormece un tercio de las papilas gustativas. Por esta razón, la sal nos suele parecer menos salada y el azúcar menos dulce. Concretamente para ser exactos, según los datos de una investigación realizada por expertos del Instituto Fraunhofer de Física de la Construcción IBP, “la sal se percibe entre un 20% y un 30% menos intensa y el azúcar entre un 15% y un 20%”. Este cambio de sabor obliga a las aerolíneas a modificar la cantidad de aderezos usados en la comida, lo que repercute en la elección del menú, que al poder ceñirse solo a unas pocas recetas, a ojos de muchos pasajeros puede resultar poco variado.’ La Vanguardia.

Sobre este dato comentar primero, que la comida de mi tupper sigue teniendo el mismo sabor en las alturas y segundo, me pregunto si además del sabor también se altera la vista porque yo veo una comida que no resulta nada apetecible para mis ojos.

Comienzos de la Comida Aérea

Según Wikipedia: ‘Las primeras comidas aéreas fueron servidas por la compañía aérea británica andley Page Transport en 1919, para atender la ruta Londres-Paris en octubre de ese año. Los pasajeros podían elegir entre una selección de bocadillos y frutas.’

Las primeras cocinas preparadas para servir comidas en vuelo fueron desarrolladas por la compañía aérea United Airlines en 1936. Las escalas que se hacían antiguamente cada cuatro horas servían para aprovisionarse de combustible y alimentos cocinados que se mantenían a temperatura adecuada en grandes termos. Por regla general la calidad de las comidas de vuelo han declinado desde los 80. Los precios y disponibilidad de las comidas han ido cambiando con el tiempo y la reducción de costes ha hecho que se prefieran los snacks a las grandes comidas. Muchas de las comidas servidas en vuelo se congelan y en el propio vuelo se calientan (seguro que en microondas).’

‘Los catering aéreos, pese a su evolución en los últimos años y la incorporación de cocineros de prestigio para la elaboración de sus menús, aún tienen asignaturas pendientes. La calidad nutritiva de la “comida de avión”, su temperatura, textura o presentación suelen ser cuestionadas por el pasajero habitual. Los platos se preparan en una cocina central de donde ya salen emplatados, empaquetados y listos para servir. Se colocan en unos carros ideados específicamente para este fin conocidos como “trolleys” que, a su vez, se almacenan en grandes refrigeradores (…).

La alternativa en la clase turista entre la mayoría de compañías deja mucho que desear. La elección alimentaria de una persona que viaje con frecuencia en “low cost” y coma en el avión se mueve entre el sandwich de roast-beef y refresco, roll vegetariano de queso cheddar más refresco y chocolatina obsequio. Tampoco faltan los conocidos “bocatas” de jamón y, como oferta distinta, una ensalada comercial envasada y lista para tomar (vamos, todo muy nutritivo y sabroso y tendremos que agradecer que nos obsequien con chocolatinas…). La eliminación del servicio de alimentación tradicional en la clase turista y la venta de los productos de catering directamente al pasajero es un nuevo negocio que aporta beneficios a las empresas. Pero el viajero habitual de trayectos frecuentemente nacionales o cortos ha salido perdiendo, ya que resulta difícil llevar una alimentación equilibrada con unos menús tan poco variados.’

Experiencia ‘culinaria’ de una ex-azafata

‘Si eres pasajero, te vamos a clavar una buena por un minibocadillo de jamón serrano, que poco tiene que ver con lo que estás viendo en la foto del menú. Y ni se te ocurra pedir un plato de pasta. Los macarrones no existen.

Si eres parte de la tripulación, lo tienes un poquito más fácil. Da igual si hay carne, pescado o verduras para comer. Ni te molestes en elegir. Todo sabe igual. Todo está impregnado por esa especie de salsa de tomate albondiguera que no te deja apreciar el sabor de lo que realmente estás comiendo.

Por eso nos alimentamos a base de los muffins de chocolate que vendemos al pasajero, de frutos secos, de barritas de chocolate y de algún sandwich de pollo y bacon que robamos del carro. Que claro, después nos quejamos si pasamos de la talla 3 de uniforme, a la talla 4 y medio…

Cuando el servicio a bordo está incluido dentro del precio del billete, siempre te encuentras a la típica madre que te pide “un zumito de naranja natural para el peque” y “una tortillita francesa para mí”. Así que te muerdes la lengua y sonríes, y les explicas amablemente que no tienes lo que te piden…pero en verdad te dan ganas de decirle: “Ah, sí, claro…un momentito que ahora mismo se lo traigo; igual tardo un poquito más de la cuenta, porque tengo que bajar a la bodega, donde llevamos a las gallinas, a ver si ya han puesto los huevos de hoy para su tortillita. Y lo malo es que las naranjas se las voy a tener que exprimir a mano, porque el exprimidor eléctrico lo tenemos estropeado’.

No pidas café o té

Según reveló Business Insider tras hablar con los miembros de la tripulación de una aerolínea, pedir café o té durante un vuelo no es la mejor de las ideas. Los tanques de agua caliente que se usan en los aviones rara vez se limpian y los propios trabajadores del avión se niegan a consumirla. Gate Gourmet, el mayor proveedor mundial de servicios de catering y aprovisionamiento para aerolíneas, posiblemente sea la compañía responsable de decidir qué comerás en tu próximo vuelo. Trabajan con Iberia, LAN, TAM, British Airways, Aerolíneas Argentinas, Thai, Singapore Airlines, Etihad o Vueling, entre otras; sirviendo unas 25.000 comidas diarias que llegan hasta 30.000 en verano.

Otras compañías, como Emirates Airways, cuentan con su propia cocina. Emirates Flight Catering, por ejemplo, prepara 180.000 comidas cada día para más de 400 vuelos diarios a 142 destinos.

Todos los alimentos que no se consuman, se tiran inmediatamente después de cada vuelo. Además, la comida también se desecha si el vuelo se retrasa durante más de seis a ocho horas. Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, las aerolíneas produjeron 5.2 millones de toneladas de desechos en 2017, y producirán más de 10 millones de toneladas anualmente para 2030. Afortunadamente, las aerolíneas se están dando cuenta del problema y están encontrando cada vez más formas de desviar los desechos de cabinas de los vertederos.La Vanguardia.

Visto lo visto sólo se me ocurre aconsejarte que te lleves tu propia comida o que hagas ayuno y si es conmigo mucho mejor! Más información en Ayuno Intermitente Diferente.

Yo Isasi

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