Después separarme en el 2017, me quemé las plantas de los pies al pisar los azulejos de una piscina. Me aparecieron dos bambollas, una por pie, que se convirtieron en dos callos a la altura de los metatarsos. Este año, por arte de magia, el callo del pie izquierdo desapareció quedando el de la derecha y haciéndose más prominente. Y pensarás: Y a mi qué carajo me importa.
Pues sigue leyendo si te interesan tus pies. Lo que te contaba, este callo ha sido el que no le ha dejado espacio a mi segundo dedo del pie y de ahí que se hubiera agarrotado (dedo martillo). Dejé de poner mi atención en el dedo y lo puse en el callo y ahí lo vi claro. Así que directa al podólogo, callo quitado y mi dedo ya recolocándose.
Tu cuerpo te habla a base de golpes porque sino no despertamos y aún así a veces no le hacemos ni p* caso.
Los callos en los pies representan esa armadura de protección porque tenemos miedo a avanzar, a crecer, a evolucionar y porque estamos agotados de llevar exceso de ‘equipaje’ cargando con la vida de los demás. Y la zona donde tenía localizado el callo es la zona de la acción, del tirar ‘palante’.
Y reconozco que ahora ya no tengo que protegerme de nada ni de nadie y que ya es hora de que me coma el mundo con patatas. ¡Y tú también!
No vayamos a pies juntillas porque sino no daremos pie con bola y no le busques tres pies al gato. Mejor estar al pie del cañón para pararle los pies al que creas que se pasa de la ralla y sigue al pie de la letra lo que tu intuición te diga.
En cristiano: No tengas miedo porque sino no tomarás elecciones acertadas. Deja de ponerte excusas. Está presente, pon tus limites y escúchate.
‘Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar’. Machado.
No queda otra para avanzar: Primero un pie y luego le sigue el otro. Así que cuídalos y que nadie te los pise.
Y para pies los de Ferran Torres. No comment. Punto y Pelota