Close
Menorca, Islas Baleares
+34 644 613 013
yoisasi@gmail.com
Lista de Aditivos Alimentarios a Inspección

‘Una sociedad que depende de sedantes y estimulantes no puede hallar en sí misma la fuerza necesaria para sobrevivir’. René Dubos (1901-1982). Microbiólogo, patólogo experimental, ambientalista y humanista norteamericano nacido en Francia que ganó el Premio Pulitzer por su libro ’So Human An Animal’ y se le atribuye la autoría de la máxima ‘Piensa globalmente, actúa localmente’.

Aditivo Alimentario es cualquier sustancia que normalmente no se consume como alimento ni se usa normalmente como ingrediente característico del alimento, tenga o no valor nutritivo y cuya adición intencional al alimento con un fin tecnológico (incluso organoléptico) en la fabricación, elaboración, preparación, tratamiento, envasado, empaquetamiento, transporte o conservación de ese alimento, resulta o es de prever que resulte (directa o indirectamente) en que él o sus derivados pasen a ser un componente de tales alimentos o afecten a las características de éstos.”

La lista de aditivos alimentarios supera varios miles de productos, pero no todos son inocuos. Algunos son comercializados durante años en el mercado sin las mínimas garantías de seguridad e inocuidad para la salud.

Antiguamente se utilizaban sustancias naturales para conservar los alimentos, la sal en las salazones, el vinagre en los encurtidos, las especias en las conservas… Pero el paso de la alimentación artesanal a la industrial, ha estado marcado por la gran explosión de aditivos químicos.

La IDA (Ingesta Diaria Autorizada) permite a la industria alimentaria poner en nuestra mesa sustancias potencialmente tóxicas, con la única condición de no sobrepasar ciertas cantidades. Debemos estar atentos y controlar lo que ingerimos y con cuanta frecuencia lo hacemos.

En España, desde el punto de vista legal se consideran aditivos aquellas sustancias añadidas intencionalmente a los alimentos con el fin de mejorar sus propiedades físicas, su conservación, su sabor, etc. La mayoría de los aditivos se obtienen por síntesis química, dado que es más fácil y económico que extraerlos de su fuente natural.

Un comité conjunto FAO/OMS fija internacionalmente los valores de la IDA para cada aditivo. Por su parte, cada país determina en su legislación las concentraciones máximas que se pueden utilizar de cada aditivo. Cuando se considera que el aditivo es totalmente seguro y que no se va a utilizar para defraudar al consumidor, no se fija legalmente ningún límite explícito, de manera que su uso queda condicionado por las ‘buenas prácticas de fabricación’. 

A lo largo del día es posible consumir grandes cantidades sustancias químicas sin darnos cuenta.

Los aditivos autorizados vienen identificados por un código constituido por la letra E seguida de tres cifras. La centena nos indica la función que realiza el aditivo. En España hay algunos códigos que empiezan por la letra H, y se trata de sustancias que, aunque de uso autorizado en algunos países de la UE, todavía no han sido catalogados en la identificación normalizada europea, son por ejemplo, el H3247 sal sódica y H3246 sal cálcica. Además en nuestro país, la legislación sobre aditivos diferencia dos grupos: las Reglamentaciones Técnico-Sanitarias de agentes aromatizantes, que incluyen más de ciento cincuenta productos, y las disposiciones relativas al resto de los aditivos, distribuidos en veinticuatro categorías.

El número 1 para los COLORANTES

Dan color a los alimentos y enmascaran la mala calidad de las materias primas. En los países nórdicos están prohibidos y en España se autorizan 23:

  • E102, la tartracina, para teñir la paella de amarillo (sustituto del azafrán), puede provocar reacciones alérgicas. Es muy utilizado, es el principal colorante. Usado en repostería, productos cárnicos, sopas, conservas vegetales, pescados, helados, caramelos, bebidas refrescantes, salsas, yogures, quesos…
  • E104, amarillo de quinoleína, es en realidad una mezcla de varias sustancias químicas semejantes entre sí y se utiliza para dar color naranja a las bebidas refrescantes, alcohólicas, yogures, quesos frescos, productos de repostería, pastelería, helados…
  • E110, el amarillo anaranjado, se utiliza en bebidas refrescantes, caramelos, postres y productos de aperitivo.
  • E122, azorrubina o carmisina, sirve para dar color frambuesa a productos dulces y postres.
  • E124, rojo cochinilla o rojo Ponceau, con él se colorean de rojo productos dulces o derivados cárnicos, como el chorizo, sin demasiada justificación, al menos en España, sustituyendo al pimentón.
  • E123, amaranto. Pesa la sospecha de una acción cancerígena, al tiempo que puede provocar reacciones alérgicas en individuos sanos.
  • E127, eritrosina. También se ha hablado de su acción cancerígena y un riesgo potencial cierto es su acción sobre el tiroides. Es el colorante más utilizado en todos los productos aromatizados de fresa; se usa también en algunos patés de atún o de salmón.
  • E129, E133, E155, el rojo allura, el azul brillante y el marrón, para colorear carnes frescas.
  • E131, azul patentado, colorante azul que se emplea para conseguir tonos verdes al combinarlo con amarillos, como el E102 y el E104. Se unas en conservas vegetales, mermeladas, dulces o bebidas. Se han descrito casos de alergias.
  • E132, indigotina, índigo común, es un colorante de uso en todo el mundo. En España está autorizado para bebidas, caramelos, confitería y helados.
  • E140 y 141, clorofilas, se usa en aceites, chicles, helados y bebidas refrescantes, sopas preparadas y lácteos. Éstos contienen cobre.
  • E142, verde ácido brillante o verde lisamina, su empleo está limitado o prohibido en bastantes países. En España sólo se admite para bebidas refrescantes, productos de confitería, chicles y caramelos.
  • E150, el caramelo, se obtiene por calentamiento de un azúcar comestible mezclado con otras sustancias que pueden ser ácidos, compuestos de azufre o amoníaco, provoca alteraciones sanguíneas y deficiencia de vitamina B. Últimamente lo ponen en los vinagres balsámicos. Es típico en los refrescos de cola, en bebidas alcohólicas, como el coñac o el ron, en la panificación, repostería, helados, sopas preparadas, cerveza, caramelos, conservas y diversos productos cárnico. Es el colorante más utilizado en la alimentación. 
  • E151, negro brillante, se utiliza casi exclusivamente en sucedáneos de caviar.
  • E153, carbón medicinal vegetal, resulta de la carbonización de materias vegetales y en su fabricación se exige la ausencia de hidrocarburos cancerígenos. Es utilizado para la clarificación, decoloración y desodorización del mosto, el vino, el vinagre y los aceites.
  • E160, carotenoides que se transforman en vitamina A, en grandes cantidades puede producir graves intoxicaciones. El E160c, es el pigmento del pimiento rojo y pimentón y el licopeno E160d, el del tomate. Son usados en bebidas refrescantes, conservas vegetales, margarinas, mantequilla, mermeladas, derivados del huevo, quesos y productos cárnicos.
  • E161 o xantofilas, son derivados oxigenados del grupo anterior y se administra a truchas y salmones de piscifactoría para conseguir una carne más coloreada y a las gallinas para obtener yemas de huevo de color más intenso. 
  • Colorantes para confitería, se trata de varios compuestos, como el carbonato de calcio, el dióxido de titanio, óxidos e hidróxidos de: hierro, aluminio, plata y oro. Abarcan entre E170 al E175. Se utilizan para recubrir grageas y confites, chicles y otras piezas de decoración en pastelería y en confitería, solas o mezcladas con azúcar o con gomas. El E171, dióxido de titatino, utilizado en la decoración de pasteles y sopas deshidratadas, puede bloquear la respiración celular, sobretodo en hígado y riñones. Y el E173, aluminio, figura en los colorantes pero es un constituyente de otros muchos aditivos como correctores de la acidez (E520 al 523) y antiaglomerantes (E541, 554,555, 556, 573), y se considera una neurotoxina y lo encontramos en la leche en polvo, en el café instantáneo, en las bolsas del té y la sal común. El aluminio como vemos, se encuentra en muchos productos, desde harina blanca (para impedir que se formen grumos) hasta quesos procesados (para facilitar que se fundan) y pasta dentrífica (como un abrasivo). Muchos expertos creen que el aluminio puede asociarse a demencia senil y problemas de memoria y, de hecho, ser una causa de la enfermedad de Alzheimer. Además, podría provocar problemas renales, úlceras en la boca y problemas gastrointestinales, como colitis, e interferir en la absorción normal de otros minerales. 
  • E180, pigmento rubí, la normativa europea autoriza el pigmento rubí como sal de calcio o de aluminio y lo reserva casi exclusivamente para teñir de rojo la corteza de los quesos, y considera que no es tóxico porque no pasa a la masa del producto.

Los colorantes se emplean de manera tan profusa que es muy difícil evitarlos. Los niños son especialmente sensibles a ellos ya que pueden contribuir a la hiperactividad y a los trastornos de aprendizaje. Si nuestro niño salta de manera constante de un lado a otro, examina su dieta. El consumo de alimentos frescos, no procesados, o alimentos que no lleven aditivos, reducirá la cantidad de estas sustancias en la dieta.

El número 2 para los CONSERVANTES

Evitan el deterioro microbiano de los alimentos.

  • E200 al E203, los sorbatos, aditivos de la panificación industrial, inhiben la subida de levaduras y de mohos, son irritantes de la piel.
  • E249 al E252, los nitritos y nitratos, utilizados en los productos cárnicos, pueden destruir los glóbulos rojos y  también producir cáncer al convertirse en nitrosaminas. Su empleo se justifica para prevenir el botulismo y fijar el color en productos cárnicos. Su uso sólo se admite en la elaboración de determinadas preparaciones cárnicas, quesos duros, semiduros y semiblandos y del arenque y espadín escabechados.
  • E220 al E228, los sulfitos, para la elaboración de vinos y mostos, pueden producir alergias, diarrea, urticaria, fuertes dolores de cabeza y vómitos. Se emplean también como agentes de blanqueo de frutas, hortalizas y crustáceos. Los sulfitos producen la ruptura de vitamina B1 (tiamina) y pueden provocar deficiencias. Su uso en frutas y hortalizas crudas ha sido prohibido en USA y Canadá, pero en nuestro país forman parte habitual de vino, cerveza y frutas desecadas, ensaladas preparadas y hortalizas.
  • E210 al E213, el ácido benzoico, para conservas de marisco, caviar, bebidas refrescantes, zumos, mermeladas, jaleas, yogures, conservas y de otros condimentos, se conservan tan ‘frescos’ como el día en que se prepararon. Pueden producir problemas neurológicos, asma, urticaria y malestar gastrointestinal.
  • E230 al 233, el difelino, penetran en las frutas y no se van con el lavado, lo utilizan para el tratamiento superficial de cítricos y plátanos, produciendo irritaciones en los ojos y en la nariz y agravan las afecciones hepáticas y renales.
  • E260, ácido acético, aditivo de la panificación industrial, conservante bactericida y estabilizante de la acidez, se usa en las masas de panificación.
  • E261, ácido potásico, utilizado también en el pan y a evitar las personas con problemas renales.
  • E262, diaceto sódico, inhibidor antimicrobiano activo contra las esporas del Bacillus mesentericus y el Bacillus subtilis, que son resistentes al calor y provocan degeneración de la miga del pan.
  • E263, acetato cálcico, conservante y espesante, también utilizado en la fabricación de pan industrial.

El número 3 para los ANTIOXIDANTES

Impiden la oxidación de los alimentos, especialmente las grasas. La vitamina C y la E son buenos antioxidantes pero se suele emplear otros sintéticos de bajo coste. Aquí encontramos los acidulantes y reguladores del PH, que la industria no tiene obligación de definirlos.

  • E300, ácido L-ascórbico (vitamina C), antioxidante y agente para el tratamiento de la harina. En cantidades elevadas puede provocar diarrea y en las personas con predisposición puede producir cálculos renales. Hace panificables harinas con poco gluten.
  • E306, 307, 308, 309, tocoferoles sintéticos, que actúan como antioxidantes en las grasas. Por ejemplo, en los aceites refinados y por norma no se suelen poner en el etiquetado.
  • E310, 311, 312, galatos, son antioxidantes controvertidos. La normativa ha acotado su empleo a determinados productos.
  • E320 o BHA (butilhidroxianisol) y el E321 o BHT (butilhidroxitoluol), son sintéticos muy potentes de amiplia utilización y se les señala poder cancerígeno. Se añaden a los alimentos en forma de bolitas gelatinosas y cumplen su función impidiendo la entrada de oxígeno en los nutrientes y microorganismos, eliminando de hecho los procesos vitales dentro de la sustancia alimenticia. Y allí es donde pueden surgir los problemas. Ambos se utilizan en los aceites refinados para evitar su oxidación. Ya ha sido prohibido en Inglaterra. Puede provocar lesiones de hígado y riñón, problemas de conducta en los niños y debilitamiento del sistema inmunitario.
  • Ácido tartárico y sus sales E334 al E337 y E353, 354.
  • E330, el ácido cítrico, puede provocar urticaria y edemas.
  • E338 al E341, los fosfatos, producen desórdenes digestivos y descalcificación en los niños.

El número 4 para los ESPESANTES, EMULGENTES y ESTABILIZANTES

Mantienen el aspecto físico original de los alimentos recién preparados y evitan la formación de cristales y grietas en ellos.

  • Polialcoholes, compuestos que tienen diferentes aplicaciones como estabilizantes y humectantes por su capacidad de retención de agua, con lo que es posible elaborar alimentos más jugosos, y asímismo, también se usan como edulcorantes: Son el sorbitol, E420i, jarabe de sorbitol E420ii y el manitol E421. El sorbitol y el manitol forman parte de numerosos alimentos: el sorbitol se encuentra en muchas frutas, como la ciruela o la manzana, y el manitol está en verduras como el apio o la endibia. No obstante, los utilizados como aditivos se obtienen modificando químicamente la glucosa y la manosa, respectivamente. Son muy solubles y tienen un sabor dulce de, aproximadamente, la mitad que el azúcar. Se utilizan en confitería, repostería, galletas, licores, chicles, caramelos, turrones y mazapanes, como humectantes en conservas vegetales y en productos cárnicos tratados por calor. En chicles y caramelos, además mejoran su textura, actúan como edulcorante y dan sensación de frescura parecida a la proporcionada por la menta cuando se disuelve en la boca. El sorbitol se usa mucho en la elaboración de sucedáneos extrusionados del marisco, como el surimi. El sorbitol se absorbe en el intestino por difusión pasiva más lentamente que otros azúcares. Su captación en los tejidos no requiere insulina, por lo que, en principio, es de fácil asimilación para los diabéticos. Aproximadamente un 70% de lo absorbido se transforma en energía sin pasar previamente por glucosa circulante, aunque puede transformarse en glucosa en el hígado y en otros tejidos. El manitol se absorbe poco en el intestino, y el que se absorbe se elimina sin metabolizar. Como no lo metabolizan las bacterias de la boca, cuando es componente de chicles no contribuye a que aparezcan caries. La lentitud de su absorción hace que ingestas muy grandes puedan ocasionar diarreas. En este grupo se incluye el xilitol, de propiedades semejantes a las anteriores. Se va introduciendo progresivamente en el mercado, pero no se acepta en todos los países, pues se han producido efectos indeseables en la médula adrenal de ratas de experimentación. Otros compuestos semejantes son el maltilol y el lactitol.
  • E450 al E452, los polifosfatos, bloquean algunas enzimas y producen descalcificaciones y cálculos renales. Hay fosfatos en los embutidos, jamón, pescados congelados (para retener agua); los quesos fundidos, helados, cremas y repostería industrial (como emulsionante de las grasas); el pan y las harinas refinadas, las margarinas y las bebidas artificiales.

Este exceso provoca un desequilibrio en la dieta no sólo de la relación calcio/fósforo, sino también magnesio/fósforo, lo que lleva a una disminución de la absorción de calcio y magnesio. El exceso favorece además la producción de parathormona, lo que lleva a una movilización del calcio óseo y una tendencia a la osteoporosis.

A partir de los 40 años, los riñones tienden a excretar con menos eficacia el fósforo absorbido, por lo que éste tiende a acumularse. Esto moviliza las reservas de calcio del cuerpo, lo que puede comportar a la larga una carencia en este mineral. De manera que a partir de esta edad conviene eliminar la ingesta de carne, helados o bebidas.

  • El fosfato disódico sirve como emulsionante en la mayoría de quesos en porciones, en cereales precocinados y para normalizar la acidez del chocolate, bebidas carbónicas y salsas como la de soja comercial.
  • E431 al E436, provocan alergias gástricas.
  • E460 al E466, los derivados de la celulosa, disminuyen la asimilación de ciertos componentes en la dieta.
  • E471, mono y diglicéridos de ácidos grasos alimentarios, emulsiona la manteca, se utiliza en el pan industrial.
  • E477, los ésteres de propano, provocan cálculos renales.
  • El aceite vegetal bromado (BVO),es obtenido a partir de diversos aceites vegetales (soja, maíz, canola, etc), el cual es brominado. Presenta propiedades como agente enturbiante, estabilizante y utilizado como emulsionante en alimentos y agente oscurecedor en refrescos, sodas y zumos de frutas. En dosis altas puede provocar lesiones cardíacas degenerativas y defectos congénitos y problemas de crecimiento en los niños. Se ha demostrado la acumulación de lípidos y de bromo ligado a los lípidos en el tejido adiposo y en la grasa intracelular de diversos otros tejidos, tanto en el hombre como en animales y ésto podría plantear un problema epidemiológico. A pesar de ser considerado inseguro por la FAO, se sigue empleando en algunos alimentos. Así que debería ser evitado por las mujeres embarazadas, las madres lactantes y los niños.
  • La goma arábiga o de acacia, agente emulsionante. Es el hidrocoloide más utilizado en la industria de bebidas por su alta capacidad emulsiva. Se utiliza como agente de cuerpo y palatabilidad en polvos para preparar bebidas y suele utilizarse en la capa de clara de huevo y azúcar que recubre los pasteles, en los chicles y en las bebidas sin alcohol, puede causar ataques de asma y erupciones leves o graves. Este aditivo ha provocado muertes violentas en hembras de animales preñadas.
  • El ácido algínico (alginato de sodio), se encuentra en helados, quesos untables, aliños de ensaladas y similares. La textura suave de los helados se consigue con este compuesto; la leche con cacao consigue su textura aterciopelada a partir de él. Estudios revelan que puede provocar un desarrollo fetal anormal.

Los POTENCIADORES del SABOR

Se añaden a los alimentos deshidratados, congelados o en conserva para devolverles el sabor perdido.

  • E621, glutamato monosódico o GMS (en japonés, ajimoto), es la sal sódica de uno de los aminoáciodos presentes en las proteínas de nuestros alimentos, el ácido glutámico. Sus síntomas clásicos son entumecimiento, debilidad general y palpitaciones. El descubrimiento de que el glutamato ha producido daños cerebrales en animales recién nacidos constituye una indicación más seria de los posibles efectos tóxicos de esta sustancia. Conviene tomar precauciones al utilizarlo como aditivo en la dieta de los lactantes. Se ha indicado que la principal razón de la adición de glutamato monosódico a la alimentación de los lactantes es mejorar el sabor desde el punto de vista de la madre: nada indica, sin embargo, que a los lactantes guste ese sabor, por lo que podría ser un argumento más convincente para utilizar el producto.
  • Hay que advertir que también existen los glutamatos de potasio y los de calcio.
  • E630 al E635, más glutamatos. El llamado síndrome del restaurante chino es un estado caracterizado por taquicardia, dolores de cabeza y debilidad muscular, que se produce después de una comida que contiene estos aditivos, muy utilizados por los chefs chinos, también se utilizan en las cocinas de hoteles, restaurantes y cadenas de comida rápida y se presenta como un condimento vendido bajo diversas marcas comerciales. Además pueden provocar náuseas, hipertensión arterial, prurito y otras reacciones alérgicas. Cualquiera que alguna vez haya sentido estos síntomas después de ingerir una comida china o tailandesa debería evitarlo.

Los EDULCORANTES

Empleados como sustitutos del azúcar, en los alimentos bajos en calorías y para diabéticos.

  • E420, E421, E953, E965, E966, E967, los polioles, provocan dolores abdominales, mareos, flatulencias y diarreas.
  • E 951, el aspartamo o aspartame, 200 veces más dulce que el azúcar, influye negativamente sobre los centros nerviosos que regulan el apetito y la saciedad. Está formado por la unión de fenilalanina y el ácido aspártico, unión modificada por otra unión, la de una molécula de metanol. Es relativamente resistente al medio ácido, si bien resiste mal el calentamiento fuerte. En el organismo se transforma inmediatamente en sus dos aminoácidos constituyentes y metanol. En algunos países ha sido obligatoria una indicación precautoria respecto a los enfermos de fenilcetonuria en el envase de los productos que lo contenían.

 El edulcorante artificial más utilizado por la industria alimentaria. Experimentos realizados con animales sugirieron un efecto cancerígeno y fue retirado del mercado desde 1974 hasta 1981. Algunos autores afirman que la industria actuó para obtener la autorización. La polémica sobre sus efectos secundarios reales dura hasta hoy en día.

  • E952, los ciclamatos, prohibidos desde 1970 en muchos países, son utilizados en bebidas refrescantes y carbónicas, yogures y productos de pocas calorías, podrían potenciar el efecto cancerígeno de otras sustancias. Fue descubierto en 1937 y se emplea desde 1950. Es setenta veces más dulce que la sacarosa y presenta un regusto desagradable que desaparrece cuando se mezcla con la sacarina. Es muy estable y no le afecta ni la acidez ni el calentamiento. En dosis altas actúan como cancerígeno y teratógeno y elevan la presión sanguínea y producen atrofia testicular.
  • E954, la sacarina, 500 veces más dulce que el azúcar, potencia la acción cancerígena de otras sustancias. Prohibida en Francia, Japón y Canadá, y en Estados Unidos es obligatorio poner en las etiquetas:‘Puede ser peligrosa para a salud’. Fue descubierta en 1879 y se emplea como edulcorante desde principios del siglo XX. Es resistente al calentamiento y a los medios ácidos por lo que es muy útil en diferentes procesos de elaboración de alimentos; es no calórica y se utiliza en bebidas refrescantes, en derivados lácteos edulcorados y en productos para diabéticos. Ha generado mucho polémica sobre su uso por la sospecha de ser inductora de cáncer de vejiga. En Estados Unidos se discutió la prohibición en 1977 y en la actualidad la polémica ha vuelto.
  • Acetosulfam o acesulfama K, es 200 veces más dulce que el azúcar. Tiene una gran estabilidad ante tratamientos tecnológicos y durante su almacenamiento. Su mezcla con aspartamo produce un sabor dulce, casi idéntico a la sacarosa. No se metaboliza en el organismo humano y se excreta rápidamente sin cambios químicos, por lo que no tiende a acumularse.

Los CARBONATOS, E500 al E505

Utilizados en bebidas con gas, pueden producir gota.

Los esteres acéticos de mono y diglicéridos de ácidos grasos alimentarios

De cinco maneras, emulsionantes, estabilizantes, lubricantes, aceleran los tiempos de trabajo. Se utiliza sobretodo en la panificación industrial.

El ACIDO GLUCÓNICO, E574

Prohibido en algunos países por producir una maduración fraudulenta de los embutidos.

El BARNIZ de los CONFITEROS

Se emplea con profusión en los caramelos y medicamentos para suministrar un revestimiento brillante.

El BROMATO POTÁSICO

Usado con frecuencia en los productos cocinados al horno, este aditivo puede causar trastornos renales o del sistema nervioso y molestias gastrointestinales. También puede ser carcinógeno.

El MUSGO de IRLANDA

Un alga marina de color rojo que se utiliza como agente espesante, puede provocar colitis y colitis ulcerosa. Además se sospecha que es un agente cancerígeno.

Las PARAFINAS o CERAS

Se utilizan ampliamente en frutas, hortalizas y caramelos para darles un aspecto brillante y bonito y para retrasar la pérdida de humedad y descomposición. Las ceras se elaboran a partir de aceites vegetales, derivados del aceite de palma, resinas sintéticas (también empleadas en cera para coches y suelos) y otros materiales. Las ceras fijan los insecticidas y fungicidas, haciendo que resulte imposible eliminar estas sustancias lavando las frutas y hortalizas. Si no podemos comprar estos alimentos orgánicos es mejor lavarlos y pelarlos, lavando previamente el cuchillo utilizado para luego cortarlas.

El PROPILGALATO

Se ha asociado a problemas renales y hepáticos y trastornos gastrointestinales. También suele encontrarse en combinación con BHA y BHT, por lo que puede agravar los problemas potenciales provocados por éstos últimos. En Inglaterra se ha prohibido la inclusión en los alimentos para bebés y niños.

La PROTEÍNA VEGETAL HIDROLIZADA

Contiene glutamato monosódico y alto contenido en sal y puede provocar daños en el cerebro y en el sistema nervioso de los niños.

Las SALES de HIERRO (pirofosfato férrico, pirofosfato de hierro y sodio, lactato ferroso)

Se añaden a los panes y cereales enriquecidos y a otros granos. Estudios recientes afirman que un exceso de hierro puede aumentar el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Evitar sobre todo las mujeres embarazadas, las personas con úlceras o las personas con un estado denominado hemocromatosis, para quienes la ingestión normal de hierro puede resultar tóxica.

El hidróxido de sodio

Quizá uno se haya preguntado alguna vez por qué las frutas enlatadas y las congeladas están peladas tan limpiamente, mientras que uno no puede hacer lo mismo con frutas frescas tales como melocotones, ciruelas y peras. Parte de la razón es le proceso de pelado, en el cual la fruta se sumerge brevemente en agua hirviendo. Posteriormente la fruta es tratada con una solución de hidróxido de sodio, que suaviza y ablanda la piel hasta que ésta se desprende. Ambos procesos contribuyen a una elevada pérdida de nutrientes en la fruta enlatada y congelada.

Los agentes de filtración y agentes clarificantes

  • El amianto, es un agente de filtración, es un contaminante de ciertos talcos. Los numerosos usos industriales del amianto han hecho de este producto un contaminante del medio. Se aludió la posibilidad de que la ingestión de alimentos contaminados con fibras de amianto aumentara el riesgo de carcinogenicidad. Existe la posibilidad real de absorción de fibras de amianto ingeridas con alimentos que durante su elaboración habían estado expuestos a forros de filtros que contenían amianto.
  • El carbón vegetal activado, se emplea como agente clarificante o decolorante.

Los metales pesados contaminantes y aditivos afines

  • El cobre y sulfato de cobre, es un oligoelemento esencial y un constituyente indispensable de la dieta. Se utiliza cobre para combatir la fermentación durante la fabricación del queso Emmenthal; para fijar el color de ciertas hortalizas en conserva; como plaguicida y como complemento dietético para favorecer el crecimiento de los cerdos.
  • El mercurio, es siempre un contaminante, no un aditivo. Algunos alimentos son contaminados por el mercurio. El origen de la presencia de mercurio es la contaminación del medio, cuyas causas principales son las industrias de cloro y álcalis que utilizan células de mercurio, las fábricas de pasta papelera que emplean fenilmercuriales como alguicidas, la fábricas de pasta de madera que utilizan sales fenilmercuriales como fungicidas, las industrias usuarias de sales mercuriales minerales y la agricultura, que emplea diversos fungicidas órganomercuriales. La mayor parte de los compuestos mercuriales pueden convertirse en derivados metilmercuriales, de los que pueden encontrarse después en pescados y otros alimentos de origen animal.

El radical de metilmercurio es muy estable. Eliminado muy lentamente por el hombre después de la ingestión, su eliminación por el pez es todavía más lenta, sobre todo en los peces grasos, y su duración media pasa de un año. Para orientarnos los pescados procedentes de zonas no contaminadas suelen contener menos de 0,1 ppm, y menos de 0,05 ppm en otros alimentos; en cambio, los pescados y maricos de zonas contaminadas por mercurio contienen a veces más de 1 ppm. Los compuestos metilmercuriales provocan neurotoxicidad y embriopatías graves y, a veces, fatales. El síndrome de intoxicación se ha denominado con el término de enfermedad de Minamata (ya que es aquí en Japón, donde se han reconocido más casos de intoxicación por el consumo de pescado y mariscos contaminados por mujeres embarazadas). Hay varios puntos alarmantes: el carácter epidémico de las intoxicaciones; la gran sensibilidad del feto; la aparición, en la sangre y los cabellos de los consumidores de pescado que viven en regiones no epidémicas, de concentraciones de mercurio casi iguales a las que provocan los síntomas de intoxicación; y una correlación en el hombre entre la exposición al mercurio como contaminante del pescado y la incidencia de rupturas cromosómicas en los linfocitos circulantes.

Y con todo esto, aún no se dispone de datos que puedan servir de base para establecer a propósito del mercurio una IDA, cuya necesidad se deja sentir con urgencia para tener una orientación de los niveles de contaminación pasados los cuales deben desecharse los alimentos. Algunos países han aplicado ya medidas a esos efectos.

Así como los conservantes químicos detienen los diversos procesos de deterioro, también pueden interrumpir los procesos de función natural.

‘Si consumimos productos alimenticios artificiales, nuestros procesos vitales acabarán minados por falta de sustento. Podría ser significativo que el cáncer, esa temible epidemia de nuestro tiempo, sea una enfermedad en la cual se han desquiciado, trastornado, los procesos vitales de construcción y ruptura de células. Quizá no haya ninguna otra cosa que hagamos a los alimentos que afecte a su contenido nutritivo y energía sustentadora de vida, y por tanto a nuestra salud, de manera tan negativa como lo hace la adición de sustancias químicas.’

Fuente Harold McGee, ‘La Cocina y los Alimentos’. Escritor estadounidense especializado en gastronomía con un especial énfasis en la química de los alimentos. Escribe periódicamente en el New York Times y participa en conferencias internacionales como Madrid Fusión.

Aditivos de dos productos:

  • Pipas Tijuana: Semillas de girasol, sal, azúcar, levadura inactiva, proteínas de soja y maíz hidrolizadas, lactosa, potenciadores del sabor E-621 y E-635, aromas (trigo y leche), ajo jalapeño en polvo, espesante, goma xantana, colorante E-150 y E-160c y especias.
  • Solomillo de ternera congelado: Carne de vacuno 92%, agua, sal, aroma, jarabe de glucosa hidrolizado, dextrosa, extracto vegetal, anitoxidante E300, E325, E331 y E316.

Aditivos más peligrosos para la Salud

Entre los aditivos más comúnmente utilizados están los preservantes y, de ellos, los nitritos y nitratos; éstos se usan frecuentemente para la conservación de embutidos. Su efecto es evitar la presencia de microorganismos, estabilizar el color y favorecer el desarrollo de aromas. En el cuerpo, el nitrato se convierte en nitrito, reconocido como un potente agente cancerígeno, especialmente de hígado, estómago, páncreas, riñones, esófago y vejiga.

Otros aditivos comunes, son los edulcorantes o endulzantes artificiales, utilizados normalmente en productos dietéticos y zumos, los que son de consumo masivo. Los principales edulcorantes utilizados son la sacarina, el aspartamo y el ciclamato. Ultimamente se han levantado serias polémicas acerca del uso de estos productos. Si bien, no existen pruebas concluyentes, existen numerosas evidencias que asocian el consumo de estos compuestos con algunos tipos de cáncer, aumento de las alergias en la población infantil y con daños neurológicos. En algunos países está prohibido el uso de ciclamato y está muy bien normado el uso y dosis de consumo de la sacarina.

Los colorantes son otro producto utilizado ampliamente en la industria alimentaria, en alimentos de consumo masivo como los caramelos, zumos, helados, conservas, bebidas y productos de pastelería, de los cuales poco se sabe y poco se informa.

El amaranto, el amarillo ocaso, la tartracina y la eritrosina, son algunos de los colorantes más utilizados. Sin embargo, su uso está prohibido en la mayoría de los países desarrollados por su reconocida asociación con manifestaciones alérgicas y su potencial cancerígeno.

Muchos aditivos son llamados por los nombres de ciertos elementos que se encuentran en la naturaleza para despistarnos y no asustarnos al ver tanto número en un mismo producto, además de hacernos creer que siguen utilizando aditivos naturales (nada más lejos de la realidad). Por ejemplo, el ácido láctico es E-270, el caramelo es el E-150, el ácido cítrico es E-330, la vitamina C es el E-300, la vitamina E es el E-306, la vitamina B2 es E-101, los carotenoides son los E-160a, la lecitina es el E-322, la pectina es el E-440, los tocoferoles son E-307,308,309, las gomas y la fibra son E-410, E-412, E-414, E-415 o el glutamato monosódico (también llamado GMS, proteína vegetal hidrolizada, vegetales hidrolizados, extracto de levadura, suavizante natural de carnes o caseína) es el E-621 o del E-630 al E-635. Así que la lecitina no proviene de un huevo fresco ni el ácido cítrico es de un zumo de limón. Por favor, dejemos de ser tan inocentes, tan ingenuos con la industria alimentaria.

Ojo con el ácido acético como conservante y acidulante. El ácido acético no debe considerarse sinónimo de vinagre. El ácido acético tiene su versión sintética y en realidad es el E-260, conservante y acidulante sintético obtenido por reacción de Metanol y Monóxido de Carbono, y también se califica como Ácido Etanoico. No viene del vinagre. En dosis concentradas puede resultar corrosivo para el sistema digestivo y los bronquios. 

El problema es universal. En uno de los primeros libros sobre el problema, William Longgood escribía:

Prácticamente cada trocito de alimento que comemos ha sido tratado con alguna sustancia química en algún lugar del proceso. Tintes, colorantes, emulsionantes, antioxidantes, conservantes, potenciadores del sabor, suavizantes, aerosoles nocivos, acidificantes, alcalinizantes, desodorantes, humectantes, agentes secantes, gases, agentes que aumentan la anchura y el grosor, desinfectantes, defoliantes, fungicidas, neutralizadores, edulcorantes, agentes para evitar que se endurezcan o hagan espuma, acondicionantes, encurtidores, hidrolizantes, hidrogenantes, madurantes, fortalecedore, y otros muchos.

Éstos son los instrumentos del ‘técnico de la alimentación’…, brujo capaz de seducir, engañar y estafar. Su alquimia puede hacer parecer frescos los productos rancios, dar lugar a prácticas insalubres, enmascarar la calidad inferior, sustituir ingredientes más caros por productos químicos de valor nutritivo inferior o nulo. Casi sin excepción, estos productos químicos realizan sus misión al precio de destruir valiosos minerales, vitaminas y enzimas, despojando a los productos alimenticios de sus cualidades naturales vivificantes’.

Y el doctor Chauncey Lake, anterior presidente de la Asociación para el Progreso de la Ciencia de Estados Unidos, advertía en 1963: ‘El uso generalizado, y en grandes cantidades, de nuevas sustancias químicas ha creado un nuevo riesgo: el envenenamiento subclínico, tan insidioso que los médicos no logran relacionar el veneno con la dolencia’.

Cita de Kathryn Marsden, autora de ‘Salud para tu estómago’:

‘A pesar de nuestro rápido y casi terrorífico ‘progreso’ en ciencia, tecnología y comunicación, y de las enormes mejoras en nuestro modo de vida, es posible que no hayamos hecho tantos progresos en lo que respecta a la alimentación. Puede parecer que los supermercados rebosan de variedad, pero mire un poco más de cerca. La variedad de productos frescos que era tónica dominante hace unos años se ha visto reemplazada con un suministro de alimentos más limitado y no-tan-naturales, basados en trigo y maíz genéticamente manipulados, carne y huevos de granjas superpobladas, leche pausterizada y de producción intensiva, azúcar muy refinado y grasas fabricadas, todo ello adornado con una pasmosa serie de productos químicos creados por el hombre, como los aditivos artificiales y restos de manojos de hortalizas que sólo llevan dando vueltas unos cuantos años. Esto ha pasado en un espacio de tiempo que no es lo bastante largo para que nuestros cuerpos puedan siquiera empezar a adaptarse: un simple nanosegundo en la biología evolutiva. ¿El ser humano quiere adaptarse o ha de de adaptarse por obligación?…

No debería añadirse nada a los alimentos, pues los aditivos químicos y sintéticos no pueden ser metabolizados correctamente, dado que no hay ninguna cadena metabólica prevista en el organismo para estos aditivos sintéticos. El organismo está entonces obligado a crear circuitos parametabólicos que producen deterioros y desorganizaciones celulares.

Y por mi parte, decir que casi todo lo que comemos y bebemos está adulterado, en muchos casos con ingredientes muy perjudiciales para la salud. Y normalmente suelen ser los aditivos alimentarios u otros residuos químicos, y no el alimento en sí mismo quien causa el problema de alergia o de intolerancia.

Yo Isasi

Add Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

× Mándame un WhatsApp!