Hay que tomar Sal

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Es un tema que tiene mucha importancia porque se utiliza en todas nuestras comidas y también está escondida en muchos productos.
Se obtiene de la evaporación del agua de mar o se extrae de minas en la tierra. Su principal elemento es el sodio y nuestro sistema nervioso no puede vivir sin él. La sudoración prolongada, los vómitos, la diarrea y el uso frecuente de diuréticos pueden causar un agotamiento del sodio y esta carencia provocará calambres musculares, debilidad, dolores de cabeza… También el cloruro, muy importante, está presente en la sal. El cloro es un componente del ácido clorhídrico del estómago y, es por eso que, en la medicina ayurvédica se considera digestiva.

Un poco de sal es esencial para nuestra vida, para estimular la digestión, fortalecernos y activarnos pero un exceso puede causar muchos problemas y actúa como dique reteniendo las grasas, por lo tanto, engordando. Es decir, que obstaculiza la capacidad de nuestro cuerpo de eliminar las grasas del torrente sanguíneo creando problemas renales, retención de líquidos, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, migrañas…

Procedencia y extracción de la Sal

La sal terrestre comercial que venden en los supermercados tiene un alto contenido en sodio y nada de minerales, además está llena de aditivos: yoduro de potasio, dextrosa (azúcar para que el yoduro no se oxide), bicarbonato de sodio para que la sal no se ponga rosa y aluminato silicosódico, carbonato de calcio, ferrocianuro de sodio, amonicoférrico verde, prusiato de sosa amarillo o carbonato de magnesio.
Todo este proceso industrial se hace porque la sal marina al contener cloruro magnésico es higroscópica, es decir, absorbe agua, lo que dificulta su almacenamiento y posterior comercialización, por lo que se ‘purifica’, convirtiéndola en un producto artificial e incompleto, como el ya comentado azúcar blanco. En el refinado desaparece el magnesio, elemento que regula el equilibrio sodio-potasio y ayuda a eliminar el exceso de sodio por los riñones.

La sal refinada y la sal gema (sal de montaña) sólo contienen cloruro sódico, la sal yodada es sal de gema con yodo añadido y la mejor sal, es la sal marina sin refinar porque además de cloruro sódico contiene prácticamente todos los oligoelementos (magnesio, calcio, potasio, manganeso, cinc, hierro…).
Una dieta que contenga alimentos procesados ricos en sal como ahumados, aceitunas, alimentos enlatados (latas de atún, sardinas…) pan, galletas, cereales cornflakes, quesos, ketchup, panceta, lomo embuchado, carnes procesadas, sopas de sobre, cubitos de caldo tentempiés salados, bolsas de frutos secos, palomitas de maíz… puede llegar a niveles de sodio de hasta 15 gramos, cuando deberíamos tomar un máximo de 1 a 2 gramos. de sal sin refinar. Un exceso de sodio en las células aumenta nuestras necesidades de potasio y dificulta la absorción de calcio y magnesio. Como vemos no sólo la sal se echa en la olla. Y no nos olvidemos de los panes, bollería y pasteles donde los conservantes son compuestos sódicos. Actualmente, no es obligatorio que en los productos se nos informe de las cantidades exactas de sal.

Si tienes hipertensión y te aconsejan dejar la sal, será mejor que dejes primero los alimentos mencionados que son los verdaderos culpables, los que dificultan el crecimiento en los niños y acelera el envejecimiento en los ancianos. Se ha comprobado científicamente, que las dietas bajas en sal no reducen la tensión arterial y, además, pueden aumentar el nivel de colesterol en la sangre.

Somos conscientes de que tiene muy mala reputación pero debemos saber que una mínima cantidad es importante para activar nuestros riñones. Una manera eficaz sería tomando unos granitos de sal marina; un poco de gomasio (sésamo tostado por una mínima parte de sal marina) ya que el sésamo tamiza el estómago y hace que la sal sea absorbida más lentamente.

El sabor salado estimula nuestra digestión y realza el sabor de los alimentos pero su exceso hace que los alimentos tomen el mismo gusto. Si abusamos necesitaremos añadir cada vez más y tendremos ansias y deseos compulsivos de dulce. Si no tomamos, nuestros platos se volverán muy sosos y no disfrutaremos de la comida, la alimentación quedará en un segundo plano en nuestra vida y no nos hará disfrutar realmente de ella, cosa que ocurre muy frecuentemente a los hipertensos y las personas de edad avanzada que les prohíben totalmente la sal.
Dale sal de la buena a tu vida con moderación y, como siempre digo, lee bien las etiquetas ya que muchos alimentos llevan sal añadida y de la refinada.

Sal en los más pequeños de la casa

Existen unos síntomas claros que nos advierten de que hay un consumo excesivo de sal en los bebés y los más pequeños de la casa. Pero que también se podrían aplicar para los mayores.
Exceso de hambre. La presencia de sal sobreestimula el apetito.
Exceso de gritos o quejas. Si grita a menudo es porque está demasiado contraído, demasiado exceso de sal, mientras que si se queja es porque se ha vuelto demasiado expandido, es decir, exceso de azúcares y demás edulcorantes.
Movimientos rígidos o falta de flexibilidad.
Dificultad para gatear o caminar.
Desarrollo de piernas arqueadas.
Desarrollo lento: La sal impide el desarrollo y frena el crecimiento.
Una circulación sanguínea lenta.
Peso anormal. Si adelgaza mucho puede ser debido a que absorbe demasiada sal. El exceso de sal causa contracción y rigidez en un bebé demasiado delgado, mientras que en el caso opuesto (gordo u obeso), le hace retener agua, grasa y otras sustancias como azúcares.
Piel seca cuando la piel debe ser blanda y suave.
– Si sus evacuaciones se endurecen y toman color oscuro.
– En algunos casos fiebre elevada.

Si tiene alguno de estos síntomas se debe restablecer el equilibrio reduciendo o evitando los alimentos salados y contractivos de la dieta materna: carnes, sal comercial, huevos, embutidos, quesos, fiambres, comidas preparadas o fast-food, enlatados (aceitunas, berberechos…), congelados comerciales (les añaden grandes cantidades de sal), bollería industrial (si, muchos son dulces pero llevan gran cantidad de sal), panes industriales, pizzas congeladas o industriales, frutos secos industriales…  Y no olvidarnos de los niños alimentados con leche de fórmula, ellos lo tienen más difícil ya que el exceso de sal lo llevan incorporado en esta leches.

Como he comentado anteriormente, un exceso de sal puede inhibir el proceso de crecimiento natural y además puede causar una degeneración en su capacidad mental.
Una vez nuestro bebé empieza a tomar sólidos debemos hacer sus comidas sin sal hasta que pase un año o más de edad y acentuaremos el sabor dulce con cereales más cocinados y con verduras dulzonas.
Más información en mi libro ‘El Código de la Nutrición. Por una Nutrición Divergente’.

Yo Isasi


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