Hacer o No Hacer ‘Dieta’. Esa es la Cuestión…

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Dieta: ‘Conjunto de nutrientes que se ingieren durante el consumo habitual de alimentos. Popularmente, la dieta se asocia erróneamente a la práctica de restringir la ingesta de comida para obtener sólo los nutrientes y la energía necesarios, y así conseguir o mantener cierto peso corporal. Dieta proviene del griego dayta que significa ´régimen de vida».Wikipedia.

Está claro que la palabra ‘dieta’ ya la asociamos a restricción, a obligación, a carencia de alimentos, a aburrimiento y a sumisión. ¡Qué mundo de locos! Unos muriéndose de hambre porque quieren y otros porque no tienen. Mucha gente se pasa su vida ‘haciendo dieta’ ya que ahora resulta que tenemos a nuestra disposición miles de dietas que podemos ir cambiando al gusto del consumidor y aquí es dónde la mala información o la ignorancia nos hace tener grandes desbarajustes nutricionales que a la larga nos llevarán a problemas más serios.

Muchos clientes que empiezan conmigo se sienten que están ‘haciendo dieta’ y por una parte tienen razón ya que eliminamos mucha porquería (más claro, agua) que no se puede considerar comida y porque además, como somos seres de excesos, pues hay que eliminar por completo otros alimentos para compensar nuestro abuso de ellos. En definitiva, que seguimos ‘haciendo dieta’ de una manera o de otra.

Y luego está el que ‘no hace dieta’, aquél que dice que ‘come de todo’. Otra coletilla a discutir porque hoy en día eso de decir ‘comer de todo’ significa, para mi, comer todo lo que nuestro supermercado de ‘confianza’, vamos, el de toda la vida, nos aporta con comida mediocre, mejor dicho pésima, desde el pescado congelado y enfermo que viene de Vietnam hasta el pan de chicle que eso no se lo daría ni a mi peor enemigo, por poner un par de ejemplos.

La industria alimentaria primero nos encandila con sus nuevos formatos llenos de colorido y sabores que engañan a nuestro sentido del gusto para crear malos hábitos, normalizándolos con el tiempo, y enganchándonos y haciéndonos adictos (casi todo ya lleva azúcar en su composición), para después caer enfermos tanto física como mentalmente. Pero para que no creamos que ella, la industria alimentaria, es la mala de la película, nos busca supuestas soluciones a través de productos light, ‘0% materia grasa’, ‘diet’, sin lactosa, sin azúcares, sin gluten, sin huevo, sin conservantes ni colorantes…Y ya sabemos que sus supuestas soluciones (si, lo sé, me repito) son para que sigamos enganchados a esta nueva manera de sobrevivir. Pero ha llegado a más y ha metido sus patitas de corderito en la llamada industria dietética donde también nos controla con las etiquetas de ‘integral’, ‘con fibra’, ‘sin glutamato monosódico’, ‘no transgénico’, ‘no irradiado’, ‘ecológico’, ‘biológico’ y demás términos, tan ‘naturales’ como la vida misma, para que no tengamos escapatoria. Nos pasamos así toda la vida, dando vueltas y más vueltas.

Siempre he admirado a mi bisabuela que llegó casi a los 100 años con toda su dentadura y nadie la recordó enferma. Vio morir a sus hijos y a su marido y murió durmiendo en su cama de colchón de algodón. Mi padre, su nieto, me contó un poco la vida diaria que llevaban ella y mi bisabuelo: Gente de campo que vivían en una aldea donde no existían las grandes cadenas de supermercados ni los envases de plástico y se abastecían de lo que les daba la Naturaleza dependiendo de la estación. No tenían nevera y, en su lugar, guardaban todo en una despensa oscura y a una temperatura idónea. Desayunaban gachas o pan de su trigo molido en molino de piedra hecho en su horno de leña y mi bisabuela, los días de duro invierno, le ponía a mi bisabuelo una copita de coñac (elaborado por mi bisabuelo) para que entrara en calor ya que trabajaban todo el día a la intemperie mientras ella se encargaba de hacer la comida para todos los que trabajaban sus tierras. Nunca vieron un desayuno compuesto de copos de supuestos cereales contenidos en cajas de cartón con dibujos de animales o siluetas de mujeres, ni leche sin lactosa y omega 3 ya que tomaban leche de sus cabras cuando estas habían parido, solo en esas fechas ya que no estaban dando leche todo el año, tampoco tomaban zumo de naranja de tetrabrik ‘recién exprimido sin azúcares añadidos’ ni productos envasados con códigos de barras (si, si, todos tus alimentos antes de llegar a tu casa pasan por ese escáner que es ‘ideal para la salud’). 

Escáner del Código de Barras de tus Productos

Hago un alto aquí para poner un fragmento de una entrevista que le hicieron a Anne-Claude Leflaive, biodinámica, anti-OGM y co-gerente de Domaine Leflaive, propiedad vitivinícola familiar, donde comenta los efectos nocivos del lector óptico: 

‘-¿El efecto de los rayos lectores de los códigos de barras son verdaderamente negativos para el vino que hay en el interior de la botella, como he leído? 

-Yo me preguntaba sobre los efectos del lector óptico que pasa sobre el código de barras de un producto, sobre una botella de vino, tenía dudas sobre si al vino le afectaba esta lectura óptica, por lo que hace unos años pedí al laboratorio de cristalización sensible hacer un análisis sobre un vino tocado por el lector óptico y el mismo vino, pero sin ese contacto. El resultado fue muy sorprendente, demostrando que al cabo de 24 horas el vino tocado por el lector óptico tenía una fuerte alergia, es decir: el lector óptico llegó a atravesar el cristal y a ejercer un efecto alérgico sobre el vino. Al cabo de cinco días el vino presentaba desequilibrios, lo que quiere decir que el paso del lector óptico sobre una botella de vino biodinámico es muy negativo para su calidad. Di a conocer estos resultados a nuestros distribuidores e importadores y les pedí que evitaran poner un código de barras en la contraetiqueta. Se puede poner en un papel que pase por la máquina registradora, pero no meterlo sobre la botella de vino, sobre todo cuando se trata de un gran vino.’

Así que si esto pasa en el vino biodinámico ya nos podemos imaginar que pasará lo mismo en todos los productos que compramos incluidos los ecológicos que también tienen escáner de código de barras. Estamos totalmente entre barras, o mejor aún, estamos entre barrotes.

Siguiendo con mi bisabuela. Al pan le ponían aceite de oliva que ellos mismos se hacían o mantequilla de cabra casera. ¿Qué más? Carne que cazaba mi bisabuelo, huevos de sus gallinas super felices… Ya sé que en el momento actual es difícil llevar este estilo de vida, que yo ya considero todo un lujo (y más después de haber vivido un confinamiento), pero en muy pocas décadas hemos pasado a tener que comer todo envasado, manufacturado, adulterado (le quito y le pongo) y encima, ya sin disfrutar de la comida, sin saber qué es lo que nos apetece realmente o necesita el cuerpo. Hemos pasado de un extremo al otro de una manera abismal y en un tiempo récord. Y lo curioso, por poner un adjetivo, es que nuestros estómagos en poco tiempo también se han adaptado a comer todo refinado, batido, triturado, picado…haciendo que al intentar volver a comer alimentos integrales o enteros nuestro cuerpo se resienta. Si señores, muchos sistemas digestivos se han vuelto muy vagos e ineficaces y hasta un simple arroz integral puede llegar a ser una tortura estomacal.

Regresemos al hecho de ‘hacer dieta’. Estamos totalmente condicionados por lo que comemos, por lo que pesamos, por las calorías que hemos ingerido y gastado. Y la pena es que las mujeres todavía lo tenemos peor porque debemos entrar a la fuerza en unas medidas impuestas e irreales, ’90-60-90′, para ser reconocidas en esta sociedad de apariencia y falsa juventud eterna. Pero lo peor es que casi ninguna entra en esas medidas y llega la frustración y el autocastigo. En el pueblo de mi abuelo a una mujer guapa le decían: ‘¡Qué cachas tienes cordera!’ Me imagino que esas mujeres de entonces no pasarían como topmodels pero estoy segurísima de que eran más felices que nosotras en todos los aspectos.

No basaban su vida en el físico, ni en si ésto no me lo como que engorda o si ésto lleva ácido fólico o si aquéllo lleva tanto porcentaje de grasa y mucho menos se pasaban la vida contando calorías, proteínas o puntos (ahora encima hay que ser matemática para saber cifras exactas de lo que consumimos). En fin, mi bisabuela no vio ni un kiwi, ni un coco, ni una papaya, ni un salmón ahumado, ni un aguacate en su vida. Primero, porque allí, en su aldea, era imposible que crecieran kiwis y segundo, porque no vivió en nuestra época donde podemos encontrar cualquier tipo de alimento fuera de su estación. Tomaban castañas cuando era su temporada y no todo el año, tomaban almendras cuando era época de almendras, un poco de setas que recogían también en su momento, espárragos silvestres, iban tomando lo que les iba dando la tierra. Ahora te puedes comer cualquier alimento de cualquier parte del mundo cualquier época del año y eso visto desde cierto punto puede ser positivo pero creo que a la larga nos ha traído más mal que bien. Por poner un ejemplo: Muchos necesitan un kiwi para ir al baño (o eso nos han inculcado en nuestra cabecita) cuando los kiwis en Nueva Zelanda (aunque son originarios de China) seguro que están riquísimos pero los que llegan aquí están sosos como ellos solos y sin nada de nutrientes. Y así podría seguir con muchos alimentos. Nuestras abuelas también preparaban confituras o carnes adobadas y embotadas para tomar en otras épocas del año, para cuando hubiera escasez si, pero de ahí a comerse mango o papaya tropical en pleno invierno para hacer una ‘dieta depurativa’ pues como que no tiene mucho sentido.

Sigamos haciendo dieta o no es una cuestión muy personal pero en estos momentos actuales todos, de una manera u otra, hacemos dieta y eso le encanta a la industria alimentaria ya que así nos tiene bien controlados y sabe que tiene las de ganar y nosotros las de perder acabando, para rematar, en la industria farmacéutica, amiga y compinche de la alimentaria y así van pasándose la pelota como en un partido de tenis donde esa pelota somos nosotros, más mareados que un pulpo en un garaje. Y ya no hablemos de la alimentación creada para los más pequeños, ya que desde bien pequeñitos nos enganchan con su supuesta y sana alimentación y nos ‘regala’ obesidad por doquier o diabetes infantil.

Esto es lo que me escribió una posible clienta: ‘Básicamente, ¿lo que propones es hacer dieta? Claro, yo pienso en dieta y automáticamente me viene a la cabeza un plan cerrado de alimentos aburridos. ¿Y ese tipo de alimentos de esta dieta son muy diferentes a nuestros hábitos? Somos cuatro personas y cocina mi madre. Me preocupa compaginarlo porque ya para meter integral la tuvimos…y los precios…’

Está bien claro que la industria alimentaria ha hecho un buen trabajo en nuestro cerebro para que pensemos que lo divertido y lo normal es lo que ella nos ofrece, lo que está en todos los grandes supermercados y que lo aburrido y caro es comer alimentos enteros, pescado fresco, carne (si fuera necesario) de buena y auténtica procedencia, etc.

Pero estoy contenta de que ya hay mucha gente que, después de llevar un tiempo conmigo, se da cuenta de que no es una ‘dieta’ sino una forma de nutrirse pero no para unas semanas sino para seguir como estilo de vida, como buena Salud. Sinceramente me alimento así, mejor dicho me nutro, ya desde hace muchos años y no me parece nada aburrida, no es tan cara y lo que más me gusta es que no necesito dulce, ni alimentos extremos, ni antojos. Me siento nutrida, equilibrada y sin carencias. Yo, personalmente, no la considero ‘dieta’ como el concepto que nos han inculcado pero según la definición que puse al principio si habría que considerarla como tal: ‘Dieta proviene del griego dayta que significa ‘régimen de vida».

Nuestro colon en forma de U invertida

Nuestra capacidad mental, espiritual y física está influida en gran medida por el estado de nuestros órganos digestivos y de eliminación. La mayoría de los cólones, en lugar de presentar una forma normal de U invertida, presentan posiciones retorcidas sufriendo hinchazones grotescas debido a la carga de residuos retenidos. No es nada inusual que carguemos con aproximadamente unos siete kilos de residuos o más en nuestro colon.

Vayamos a la raíz del problema y limpiemos nuestros cuerpos de toda ‘comida basura’. Volvamos a ponernos en contacto con nuestra intuición aportando alimentos frescos y naturales, ya que los antiácidos, los laxantes y los medicamentos para la hipertensión o el colesterol nos hacen creer que nos ayudan a curar nuestras molestias pero lo único que hacen es perjudicarnos cada día más.

Dejemos de lado toda esta química. Dejemos de hacer dieta. Escuchemos nuestro interior. Despertemos nuestro instinto. Anímate a hacer mi Ayuno Intermitente Diferente y verás la liberación!

No abandonemos ni maltratemos nuestros cuerpos. La soluciones rápidas no sólo pasan por alto el origen del problema sino que además lo aumentan. Desde luego así no adelgazas ni un gramo. Tu bienestar físico y psíquico existe cuando encuentras el equilibrio perfecto entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Esto incluye un peso adecuado, una energía sin límite y una mente clara y feliz.

Vivimos en un momento de la evolución humana en el que estamos sometiendo nuestros cuerpos a la alimentación más artificial de la historia. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo. Ves al supermercado más cercano y abre los ojos, comprobando por ti mismo, que más del 80 % o más de los productos son alimentos artificiales, procesados, elaborados con ingredientes desnaturalizados y químicos, sin vida. Ninguno de estos productos merecen llamarse ‘comida’. Sé consciente que esa ‘sin vida’ va directamente al interior de tu cuerpo y te aparta de la salud natural, de la Vida. Nada de esto te puede nutrir, limpiar o dar vigor; todo debería eliminarse.

Yo Isasi

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