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¿Existe la Dieta Perfecta?

‘No existe ninguna verdad dietética única que sea la respuesta para todo el mundo. Lo mismo vale para los ‘alimentos milagrosos’, como las algas verdes azuladas, el aceite de lino y el polen de abeja. Estos alimentos sí van bien a algunas personas, pero no a todas. Una talla única no le va bien a todo el mundo’. Dra. Christiane Northrup.

Toda persona, con un poco de interés en llevar una buena alimentación, ha probado dietas diferentes: la dieta de la alcachofa, la del sirope de arce, la del grupo sanguíneo, la del Dr. Atkins, la de los puntos, la keto, macrobiótica… Muy a menudo la persona está convencida mentalmente de que la dieta elegida es la correcta pero, física y sensorialmente, sabe que algo no va del todo bien.

Con la cita de arriba, queda claro que cada persona es única, siendo imposible que una dieta específica se adecue personalmente a nuestras necesidades. Personalmente no me gusta la palabra ‘dieta’ ya que parece que estemos a régimen o sea algo impuesto u obligado a hacer. La palabra Nutrición me gusta más ya que abarca mucho más y es un estilo de vida que no dura sólo un par de semanas. En estos momentos de tanta información nutricional y de tantas escuelas naturistas es mejor hacer caso a nuestro interior, ir probando y elegir lo que mejor nos convenga, esté o no de acuerdo con la filosofía de esa escuela que tanto nos gusta.

Dietas y sus contradicciones que nos confunden

Tenemos a los macrobióticos estrictos que se basan en un exceso de cereales; los frugívoros que solo se alimentan de frutas, mientras que los macrobióticos casi las excluyen; los vegetalianos eliminando la carne, queso y huevos y los vegetarianos que suprimen los anteriores pero toman de vez en cuando huevos y algunos toman un exceso de lácteos y frutos secos para suplir sus carencias proteínicas; los crudívoros que eliminan todo lo cocinado y comen todo crudo (frutas, carnes, pescados, huevos, quesos, semillas, legumbres germinadas, verduras) y luego otras escuelas vegetarianas que sí que son partidarios de alimentos cocinados; y otros, como los seguidores de Paul Carton que son partidarios de tomar muchos alimentos distintos en una misma comida y luego los sheltonianos que la prefieren disociada.

Personalmente pienso que cada una de estas escuelas ‘cojea’ en algo y hace que no sean ‘dietas’ equilibradas.

Existe una gran variedad nutricional y muchas ‘opiniones muy mentales’. Pero debemos ser conscientes que no es lo mismo vivir en una zona fría que en una tropical, que es importante la estación en la que nos encontremos, al igual que el momento del día; que es importante tener en cuenta nuestra edad, la actividad física, nuestro sexo y las enfermedades o síntomas que nuestro cuerpo suele manifestar con frecuencia (hay gente que se resfría muy a menudo, otra suele ser bastante estreñida y otra puede tener cándidas permanentemente).

A partir de esto, podemos comprobar también, cuáles son los alimentos que particularmente nos sientan bien o mal. Todo se hace escuchando a nuestro cuerpo, haciendo caso a sus verdaderas necesidades nutritivas y emocionales. Aunque hay tantas interferencias que ya casi es imposible saber qué es lo que nuestro cuerpo nos dice.

¿Qué sucede cuando nos excedemos o suprimimos ciertos alimentos para seguir a estas escuelas?

  • Exceso de frutas (crudivorismo, frutarismo, especifismo, sheltonismo): Pérdida de vitalidad, frialdad, fatigabilidad, desmineralización; pérdida de peso excesiva, fragilidad de cabellos y uñas, depresión. Tomar una cantidad excesiva de fruta en pleno invierno es muy contraproducente ya que la fruta refresca y lo único que nos puede aportar es, entre otras cosas, una pulmonía.
  • Insuficiencia de frutas (macrobiótica, cerealiana): En los obesos produce un aumento de la viscosidad humoral, fragilidad vascular, arterial, venosa y capilar.
  • Exceso de cereales (vegetalianos, macrobióticos estrictos, vegetarianos): Crean mucha mucosidad (hiperviscosidad humoral), fatigas digestivas, dermatosis, catarros e infecciones, hinchazón abdominal, pereza, palidez o piel amarillenta, ansias de café y cigarrillos, exceso de acidez y desmineralización.
  • Excesos de huevos y quesos (sobrealimentación, fast-food): Aumento de lípidos, colesterol, triglicéridos, contribuyendo a lesiones en el hígado, enfermedades articulares y obesidad. Excesiva acumulación de mucosidades en la piel, senos nasales, pulmones y órganos sexuales.
  • Insuficiencia de huevos y quesos (vegetalismo, macrobiótica estricta, frutarismo, vegetarianismo mal equilibrado): Hipotonía general, anemia, frialdad, dificultades sexuales. El huevo, en su dosis justa, es necesario para nuestro sistema nervioso.
  • Exceso de carne (alimentación actual): Ateromas, agotamiento hepático, mal olor corporal, sensación de intoxicación, erupciones cutáneas. Si es exceso de carnes magras, fatiga hepatorrenal con hipertensión y artrosis.
  • Ausencia de carne (vegetalismo, vegetarianismo): Si la alimentación está provista de otra clase de proteína (pescado, huevos, carne blanca) no supone ningún problema. Si hemos decidido dejar la carne, después de ser carnívoros durante muchos años, para pasar a una dieta vegetariana, debemos hacer la supresión gradualmente ya que puede ocasionar un debilitamiento importante porque nuestro cuerpo estará acostumbrado a obtener hierro procedente de la proteína animal. Mucho cuidado y no confundir el debilitamiento con una crisis de desintoxicación.
  • Exceso de variedad (cartonismo, alimentación actual, fast-food): Los mecanismos digestivos son puestos a duras pruebas diariamente creando fermentaciones y putrefacciones excesivas. Debería ser una alimentación variada pero moderada para tener una asimilación y digestión excelentes. ‘Cuanto más se asocia más se asimila, pero menos se digiere.’
  • Insuficiencia de variedad (sheltonismo, alimentación disociada): Las digestiones son excelentes disminuyendo fermentaciones y putrefacciones. Pero está asociada a fatiga, tendencias anémicas, adelgazamientos, impotencia, depresión. ‘Cuanto más se disocie, mejor se digiere pero menos se asimila’
  • Debemos encontrar el equilibrio, el punto medio, sin caer en los extremos, ya que éstos son los causantes de nuestros desbarajustes nutricionales. No seamos tan estrictos con nosotros mismos, elijamos hoy lo que mejor nos convenga, que será diferente a lo que necesitemos mañana.

Yo las he probado todas y de todas he sacado algo pero no me he quedado con ninguna en concreto. De ellas he sacado la mía propia.

¿En qué coinciden estas escuelas naturistas?

  • Los alimentos deben ser naturales, es decir, que no se les sustraiga ninguno de sus nutrientes y no se le añadan aditivos químicos ya que nuestro organismo no está provisto de ninguna cadena metabólica para poder asimilarlos, creando así deterioros y desorganizaciones celulares.
  • La Moderación: Reducir la ingesta, ya que es como se previenen las enfermedades crónicas y es un factor esencial para conseguir una longevidad sana y vital. Dejar al estómago horas de reposo.
  • El Equilibrio: Ningún alimento específico aporta absolutamente todo lo que necesitamos, de ahí que nuestra alimentación debe ser variada en su justa medida, sin excesos ni restricciones.

En definitiva, todos buscan y admiten una Alimentación Natural moderada y equilibrada.

Espero que con este artículo nos hayamos aclarado y sepamos elegir lo que mejor nos convenga. No es lo mismo tus necesidades nutritivas que las de tu hijo o las de tu padre. Esto debe quedar claro.

Yo Isasi

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