Ansiedad. Adicción a la Comida

‘La ansiedad es un término generalmente utilizado para denominar varios trastornos que causan nerviosismo, miedo, aprensión y preocupación. Estos síntomas afectan de manera diferente a los comportamientos y al día a día de quien los sufre. La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) distingue la ansiedad por un lado como una emoción natural, y por otro como un trastorno patológico que requiere una atención médica.

Quien sufre de trastornos de ansiedad sabe que no es fácil explicar lo que siente a alguien que nunca ha pasado por eso. Aunque la ansiedad sea algo que todas las personas viven en algún momento de su vida, es algo que afecta a cada persona de manera diferente, por lo cual, es algo muy difícil de explicar a nivel personal.’

Para mi el ansia o la ansiedad es como un conjunto de emociones que están encerradas a la altura del pecho y en situaciones de estrés o puntuales quieren salir todas a la vez pero la persona no las suelta y de ahí ese desasosiego, ese malestar. En Acupuntura Tung hay uno o dos puntos claves que cuando se punturan se consigue que la persona libere esa emoción retenida y regrese a la calma. Pero si seguimos resistiéndonos a liberar cualquier emoción retenida lo que ocurre es que vamos a necesitar de algo externo para dormirla o sedarla. Y ahí es cuando aparece la adicción. Adicción a la comida, al sexo, al deporte, a las drogas, al alcohol, al tabaco, al juego, al shopping… y si esa adicción no nos satisface pues se desembocará en emociones más destructivas como la ira, la rabia, la autoagresión e incluso la violencia.

Adicción a la Comida

Aquí hablaremos sobre el ansia por la comida, mejor dicho, la adicción a la comida por no liberarnos de lo que hay dentro de la ansiedad. Y esto bien podríamos aplicarlo a cualquier adicción. Por lo tanto, no es la raíz del problema sino la consecuencia de algo más profundo que nos perturba y que intentamos saciar (sin resultado positivo) a través de alimentos extremos, de alimentos que no deberían ser llamados como tal. Como nuestra ya consolidada y bien vista droga blanca que la encontramos escondida en muchos productos  ecológicos incluidos: El azúcar.

Como vemos diferentes adicciones que provienen de la misma raíz: Falta de amor a un mismo y falta de amor recibido.

La adicción, en cualquiera de sus formas, es reflejo de necesidades infantiles no satisfechas. Y cuánto dinero, cuánta salud y cuánto placer nos estaríamos ahorrando si sencillamente nuestra madre nos hubiera llevado más tiempo en brazos y hubiese estado atenta a nuestros genuinos reclamos.

Las sustancias adictivas (azúcar, chocolate, café, alcohol, tabaco…) nos aportan seguridad, es decir, nos aportan ‘mamá’. Laura Gutman.

Si, un ‘ansia’ adictiva que nos nubla, que nos ciega y que nos hipnotiza para así ocultar nuestros verdaderos miedos y no responsabilizarnos de nuestros problemas, de nuestras enfermedades obsesivas, en definitiva, de nuestra Vida. 

La solución no es echarle la culpa a la industria alimentaria (parte de culpa tiene, por supuesto) ni a nuestra madre por no recibir su amor incondicional o por no habernos llevado a un buen colegio. Creo que debemos hacernos adultos y dejar de culpar a otros de nuestras carencias ya que está más que comprobado que ir de víctimas no es la solución porque es otra manera de autoagredirnos y, de rebote, agredir a nuestro entorno y no tener la oportunidad de tener relaciones sanas.

Una clienta que tuve cuando le venía la ansiedad se cocinaba un paquete de 500 gramos de macarrones blancos con tomate (de una marca específica, sino no vale) y tres latas de atún. Una vez listo se lo comía todo (si, todo de una sentada) directamente de la olla y en un tiempo récord. Se transformaba, estaba como poseída. Esta era la comida que su madre narcisista le daba a menudo de comer en su infancia. Había veces que se lo preparaba con antelación por si le ‘entraba’ cuando menos se lo esperaba.

Cuando estamos en un momento de ‘crisis de ansia’ o cuando hay un brote de ansiedad nos convertimos en el monstruo de las galletas (nunca mejor dicho), necesitamos nuestro chute ya, de lo que sea, pero ya.

‘La carencia primaria incita a la compensación a través de la incorporación compulsiva de lo que sea, con tal de llenar la falta.’ Laura Gutman.

Me gusta este ejercicio que nos propone Caroline Myss: ‘Aplicar la percepción simbólica a los acontecimientos pasados le ayudará a hallar la joya en esas experiencias. Elija un hecho de su pasado que le traumatizó y replantéeselo. En lugar de decir ‘mi padre me humillaba cada vez que yo hacía algo que le disgustaba’, diga ‘un adulto que se sentía insatisfecho con su vida trataba de contrarrestar ese sentimiento humillando a las personas que le rodeaban’. Luego examine su vida y sus actos para observar si no estará usted comportándose de la misma manera que le traumatizó en su infancia’. 

Hay muchas maneras, muchos ejercicios pero lo importante es llegar a la emoción en cuestión, una vez allí sentirla y tener la valentía de soltarla, de soltar todo, todo ese pasado que ya no forma parte de nuestra vida actual. Dejar de traer el pasado al presente para dejar de perpetuarlo.

Si estamos en casa abriremos la nevera o algún armario de la cocina para atiborrarnos de chocolate, galletas o tal vez a frutos secos grasientos y requemados (para gustos, colores). O tal vez nos dé por esa moda traída de Estados Unidos que es ponerse hasta las orejas de helado envasado en vaso de medio litro y zampártelo enterito por la noche (de pensarlo ya me congelo). Comemos, mejor dicho tragamos y engullimos con ansia, con desesperación (algunos a escondidas por sentirse culpables o avergonzados) y cuando ya nuestro cuerpo no puede más por la indigestión (tanto física como emocional) nos llega el remordimiento, la culpa, la pena, la angustia, la tristeza y el ‘no valgo una mierda’. De nuevo la víctima toma el protagonismo y caemos en sus redes. Es un círculo vicioso.

‘La mayoría de los productos alimentarios actuales están fabricados de tal manera que no puedas contentarte con comer uno solo. Aditivos como el glutamato monosódico que se usa como potenciador del sabor, engaña al centro del apetito, anulando las señales innatas de saciedad’. Dr. C. Northrup.

Sé que muchos os veréis reflejados en lo que estoy contando. Sois muchos los que acudís a mi desesperados para que os ayude con vuestras ansias incontrolables y además, como ansiosos que sois, queréis que erradique vuestro problema en un plis plas, como por arte de magia. Me pasáis la pelota como de un partido de fútbol se tratara y si no sale como queréis, pues la culpa es mía. Me repito: Es hora de responsabilizarse y dejar el papel de víctima para por fin empoderarte, un término muy usado pero poco integrado.

Así que ya podemos tirar todos nuestros dulces a la a basura y llenar nuestra despensa de alimentos que nos nutren pero como no hagamos una buena limpieza mental-emocional, soltar ya patrones antiguos, desencarcelar mentalmente a familiares supuestamente culpables, caeremos de nuevo yendo al supermercado o a la pastelería más cercanos a por nuestra dosis de ingenuo, irreal y nada duradero amor.

El apego a la solución mágica es similar a la respuesta inmediata de leche o de brazos que hemos esperado siendo bebés, que hubiera compensado todas las carencias, que no hemos obtenido y seguimos esperando desplazadamente en la actualidad. Sólo dentro de la sensación de obtener inmediatamente lo que necesito, puedo tranquilizarme. Caso contrario, mi furia es desmedida.’ Laura Gutman.

Así que cuando notes que por tu cuerpo llega de nuevo la ansiedad, para un segundo, respira, aleja tu mente por un momento y pregúntate qué te está pasando; qué necesitas realmente; qué tienes que solucionar en tu vida actual, en tu presente, en tu día de hoy. Tal vez sea tu trabajo, tal vez tu relación de pareja o un conjunto de todas ellas. Creemos que nuestra vida se divide en departamentos pero en realidad todo está en todo. Los cambios dan miedo, lo sé, pero a veces tenemos que enfrentarnos a esos miedos infundados y con valentía superarlos para así poder ser dueños de nuestra vida de nuevo. Tú eres el único que puede hacerlo. Deja de autoengañarte, date la libertad de mostrar tus emociones, déjalas aflorar ya que es la única manera de salir de tu prisión porque el único que tiene la llave eres TÚ. Puede que al principio necesites ayuda externa y eso está bien, acéptala con gratitud para así empezar a ser quien realmente eres: un ser excepcional con un gran potencial que desea con todas sus fuerzas poder desarrollar su creatividad.

La verdadera liberación de la programación negativa recibida de nuestros padres se produce cuando dejamos de negar que somos como ellos. Preguntarnos cómo nos sentimos, pensamos, actuamos y reaccionamos igual que nuestros padres es el comienzo de nuestra separación de ellos y de nuestro proceso de sanación (…) así que tu disposición a recordar y soltar tus ataduras emocionales a experiencias del pasado va a liberar la energía que te servirá para sanar.’ Niravi Payne

‘Todas las emociones son normales. Son simple ‘energía’ que pasa por nosotros. Si nos sentimos furiosos, tristes o desilusionados eso es natural y normal. Tenemos que poder expresar estas emociones totalmente para superarlas de modo sano. Esto podría llevar de un par de horas a un par de días, dependiendo del grado de emoción. Una de las formas más eficaces e inmediatas para procesar las emociones difíciles es el ejercicio, que produce endorfinas y baja el nivel de las hormonas del estrés, el cortisol y la adrenalina. Correr y levantar pesas son ejercicios buenos para la rabia. Para la tristeza y la depresión suele ir bien el yoga. Las emociones son nuestro sistema de orientación interior; nos indican en qué dirección vamos, si hacia la felicidad o hacia lo contrario. Nuestro poder radica en comprender el mensaje que contiene la emoción y hacer algo al respecto, siempre.’ C.Northrup

‘Cualquier emoción, incluso la cólera, lleva aparejados el conocimiento y la perspicacia, algo que algunos llaman esclarecimiento. Nuestra furia puede convertirse durante algún tiempo en una maestra. (…) En una vida cohesiva, la cólera es una sustancia que está esperando nuestros esfuerzos de transformación. El ciclo de la cólera es como cualquier otro ciclo: la cólera sube, cae, muere y es liberada como nueva energía. El hecho de prestar atención a la cólera da lugar al proceso de transformación. Si una persona permite que su propia cólera se convierta en su maestra y se transforme por este medio, la cólera se dispersa y utiliza la energía en el área de la creatividad. (…) La cólera corroe nuestra certeza de que algo bueno puede ocurrir. Detrás de la pérdida de esperanza se encuentra la cólera; detrás de la cólera, el dolor, detrás del dolor, habitualmente la tortura de la clase que sea, a veces reciente pero más a menudo muy antigua. (…) Tenemos que utilizar la cólera como fuerza creativa. Tenemos que utilizarla para cambiar, desarrollar y proteger. Tenemos que buscar la utilidad de nuestro enojo. Aunque es cierto que a veces necesitamos desahogar nuestra furia antes de poder pasar a una serenidad aleccionadora, debemos hacerlo con cierto comedimiento. De lo contrario, sería algo así como arrojar una cerilla encendida a un charco de gasolina.’ Clarissa Pinkola Estés.

Como veis, un artículo cargado de citas pero creo que todas muy interesantes y que pueden ayudarnos mucho.

Yo Isasi

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