A Nadie le Amarga un Dulce

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Nuestra sociedad infantil adicta a los coloridos y llamativos dulces, supuestamente aptos para la salud, vendidos en tiendas con nombres tan atractivos como ‘dulces sensaciones’, ‘dulces sonrisas’, ‘dulces momentos’… en fin tan dulzón todo que se me hace empalagoso. Antes eran simplemente las llamadas paraetas o kioskos pero ahora parece que han cambiado su imagen siendo el interior incluso más ‘peligroso’ que antes. La realidad es que es un gran negocio que mueve mucho dinero.

Golosina: ‘Manjar dulce cuyo único valor nutritivo es el azúcar o grasa, escaso o nulo en proteínas, vitaminas y minerales, y está destinado a satisfacer un gusto o antojo. Su consumo en exceso es un mal hábito que se ha extendido en los niños, y puede desencadenar problemas de salud como obesidad, diabetes, caries e incluso anemia y ocasiona pérdida de apetito por alimentos nutritivos’. Wikipedia. Por lo menos una definición más o menos clara.

Ya no es que no tenga ningún valor nutritivo o que sólo lleve azúcar blanco o glucosa sino que una simple golosina lleva aditivos, saborizantes, colorantes y emulsionantes muchos considerados como peligrosos. Es increíble que estos supuestos ‘inofensivos dulces’ (no se les debería llamar así, no se lo merecen) cuestan sólo céntimos y pueden crear graves y caras enfermedades. Cintas pica-fresa, nubes, fresas, discos fresa regaliz, ladrillazos pica fresa, moras, aros pica, ositos, gusanos, huevos fritos, labios, dentaduras, besitos de fresa, chupetes pica, platanitos, piruletas, pirulís, paraguas, monedas y figuras de chocolate, las tan de moda tartas de gominolas y muchos más donde actualmente ya puedes comprarlos en cualquier tienda virtual. En una de ellas, en su primera página, nos advierte: ‘Para garantizar la mayor frescura de estos productos, los pedidos deben de realizarse con una semana de antelación’. Así ya me quedo más tranquila porque seguro que cuando lleguen a mi casa estarán en condiciones óptimas para el consumo de mis queridos hijos… o para el mío propio porque eso es otra, ponemos de excusa a los peques pero los que más comen son los padres.

Personalmente considero que esto no es ninguna broma y no es para tomar a la ligera y mucho menos para premiar a nuestros pequeños con estos dulces de plástico porque se hayan terminado la comida o esa moda de los profesores de dar golosinas si hacen los deberes o atienden en clase como si fueran nuestras mascotas.

Hoy en día una fiesta de cumpleaños sin golosinas no es una fiesta, no es una celebración. Tampoco se quedan atrás los bautizos o las comuniones donde debemos seguir al azúcar y a la química religiosamente. Los niños y los agresivos y amargos dulces van en pareja, eso es lo que se ha instaurado en nuestra cabeza sabiendo ya por todos que estos dulces no son nada sanos y deberían considerarse peligrosos para la salud y advertirlo en sus bolsas como se hace en las cajetillas de tabaco.

Ahora estas grandes y ricas empresas, muy listas ellas, para no perder a ningún niño y así tranquilizar a los padres, han sacado la versión ‘sin gluten’, la ‘0% materia grasa’ y la ‘sin lactosa’. Qué tranquila me quedo así…

‘Muchos dulces tienen colores llamativos para satisfacer la vista tanto como las papilas gustativas. Los pigmentos de estos dulces se suelen sintetizar a partir de subproductos del petróleo, y son mucho más intensos y estables que los colorantes naturales. Se pueden crear efectos iridiscentes con una combinación de láminas finas de mica (silicato de potasio y aluminio) y dióxido de titanio u óxido férrico.’ Harold McGee.

Si, y me quedo tranquila sabiendo que uno de cada tres menores entre 13 y 14 años está por encima de su peso; me quedo tranquila sabiendo que la obesidad infantojuvenil se ha duplicado en 15 años; y me quedo super tranquila sabiendo que España es el tercer país con mayor sobrepeso infantil.

Sigo con mi tranquilidad cuando el director de marketing de una empresa conocida de chucherías asegura: ‘Los ingredientes de las chucherías no son tóxicos. No escondemos que tienen azúcar y gelatina y reconocemos que todo esto en mucha cantidad puede sentar mal, pero tres o cuatro chuches al día no son malas…’ Este señor si que sabe de marketing…

Y yo sigo con mi tranquilidad al leer en un periódico reconocido y de tirada nacional: ‘Los expertos están de acuerdo. Comer dulces no es malo… si se hace con moderación.’ Claro, los expertos y sus maneras de tranquilizarnos… Y aún dice más: ‘Los investigadores no han encontrado ninguna evidencia de que las chucherías puedan contribuir al desarrollo de la diabetes’. Pues nada, esta noche duermo tranquila y seguro que muchos padres también pensando que este artículo está escrito por una exagerada que quiere que nos preocupemos por una simple golosina. 

Con la tranquilidad que me caracteriza os digo lo que lleva un paquetito de 200 gramos llamado ‘Caramelos de goma’: Jarabe de glucosa, azúcar, gelatina, E-270, E-300, E-296, E-325, E-471, dextrosa, lactosa, sal, almidón de trigo, yogur en polvo, maltodextrina, grasa vegetal, aromas, agentes de recubrimiento, cera, aceite vegetal, E-102, E-133, E-129, E-104, E-110, E-171, E-150d, E-124, E-122, E-153, E-162 y lactato sódico. Y esta cita también estaba incluída: ‘Puede tener efectos negativos sobre la actividad y atención de los niños’. 

Amigos míos, hay otras maneras de endulzar la vida de nuestros niños. Sino ya sabéis el legado que les dejamos cuando sean adultos: Buscarán azúcar cuando estén en momentos difíciles y tomarán azúcar en las celebraciones y de ahí directos al alcohol porque está todo relacionado.

Me gusta que la última versión cinematográfica de ‘Hansel y Gretel’ de los hermanos Grimm. Me gusta que Hansel sea diabético a causa de que la bruja malvada le obligara a comer dulces. Espero que algunos capten el mensaje.

No me quiero olvidar del chicle (que lo único que tiene de chicle es el nombre), del gran sustituto del tabaco, del muy tomado por los mayorcitos: ‘Las gomas de mascar se hacen con polímeros sintéticos, en especial el estirenobutadieno que también se usa para neumáticos de automóvil y el acetato de polivinilo usado en adhesivos y pinturas. Ya pocos contienen chicle o jelutong, un látex natural del Extremo Oriente.’ Harold McGee.

Y ojo con los ‘ingredientes’ ya que nos engañan hasta con los nombres: ‘Los jarabes de frutas industriales son una versión relativamente reciente de los jarabes tradicionales. Se hacen con lotes excedentes, deteriorados o no utilizables de diversas frutas, como manzanas, peras y uva. Los fabricantes de alimentos valoran estos jarabes, en parte porque se pueden etiquetar atractivamente como ‘endulzantes a base de fruta’ y no como jarabes.’ Harold McGee.

Estoy convencida de que el ‘assúcar’ al que se refería Celia Cruz no era al que nuestros hijos están acostumbrados a tomar a través de estas supuestas golosinas porque aunque wikipedia las defina como ‘manjar’ sinceramente no veo dónde está ese manjar.

Espero que empiecen a amargarnos estos dulces para poder llevar una vida sin adicciones y con dulzor del bueno.

Está claro que no podemos separar a nuestros hijos de la sociedad, de las golosinas y de la comida basura pero debemos de enseñarles con consciencia y conseguir que sepan valorar la buena comida que tienen en casa, la comida que de verdad les nutre y les calma. No podemos convertirnos ahora en padres obsesionados ni en ‘policías’ ya que lo único que conseguiremos será que tengan un trastorno alimentario como la bulimia o la anorexia. Puedes estar seguro que si tú no le permites estos ‘dulces manjares’, los comerá a escondidas y en cantidades desproporcionadas y, ahí de nuevo, aparecerá lo que nos preocupaba desde el principio: Obesidad y diabetes. 

Educa a tu hijo con responsabilidad, Amor, confianza, respeto y cabeza para que se sienta libre y pueda tomar las mejores decisiones, las decisiones inteligentes y sanas ya que la manera de educarlo ahora en la infancia hará que, luego en su adolescencia, pueda desestimar otro tipo ‘golosinas’ más peligrosas como son las drogas y el alcohol.

‘Lo creas o no, el cuerpo humano está hecho para comidas sanas. Con el tiempo, eso es lo que empezamos a desear’. C. Northrup.

Yo Isasi

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