Yo, Trauma. Tu Trauma

Yo, Trauma. Tu Trauma

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El trauma no es lo que te pasa a ti sino lo que pasa dentro de ti, es la herida’. Cita del Dr. Gabor Mate, médico y escritor canadiense, autor de varios libros, que se especializa en el estudio y tratamiento de las adicciones, trastorno por déficit de atención y experiencias traumáticas en la infancia.

El trauma es la fuerza invisible que moldea nuestras vidas. Da forma a la manera en cómo vivimos, cómo amamos y qué sentido le damos al mundo. Es la raíz de nuestras heridas más profundas. El Dr. Maté nos brinda una visión nueva: Una sociedad informada respecto al trauma donde padres, maestros, médicos, legisladores y personal de las entidades jurídicas, en lugar de dedicarse a arreglar comportamientos, hacer diagnósticos, suprimir síntomas y juzgar, busquen entender de dónde provienen los inquietantes comportamientos y enfermedades que habitan las heridas del alma humana.

Así que el trauma no es lo que te ocurre sino que es lo que ocurre en tu interior como consecuencia de lo que te ha ocurrido.

‘En la sociedad más obsesionada por la salud que existe, no están viendo lo más importante’. Esta es la primera frase del nuevo libro del Dr. Gabor Maté, ‘El mito de la normalidad: Trauma, enfermedad y sanación en una cultura tóxica’. A lo largo de más de 500 páginas, Maté y su hijo Daniel documentan el aumento de las enfermedades mentales y físicas crónicas como respuesta a un trauma y el trauma como producto de nuestra cultura. Además, nos dice cómo el TDAH, complacer a las personas, la adicción, la incapacidad para decir que no y las enfermedades autoinmunes no son cosas con las que uno nace sino que fueron creados por nuestra infancia. 


Tu infancia, las condiciones físicas (nutrición, vivienda, comodidad, protección) y emocionales y experiencias que tuviste crearon o causaron directamente la adicción, el TDAH y las enfermedades autoinmunes, junto con ciertas predisposiciones genéticas. Pero la predisposición no es una predeterminación. Puedes tener predisposiciones pero dependiendo de las condiciones ambientales, esas predisposiciones pueden expresarse de una forma u otra. Puede haber personas con los mismos genes que tienen resultados muy diferentes dependiendo de las condiciones en las que pasaron tus primeros años. También influyen los estados emocionales de tus padres. ¿Estaban estresados? ¿Tenían dificultades económicas? ¿Cargaban con sus traumas que aún no habían superado? ¿Tenían conflicto entre ellos? ¿Había mucha inestabilidad e imprevisibilidad? ¿O fuiste criado por uno sólo de ellos que luchaba por ganarse la vida y poder mantenerte? Todas estas condiciones afectaron tu personalidad y tu desarrollo cerebral cuando eras pequeño.

Así que el cerebro es un órgano social que interactúa con el medio ambiente durante toda nuestra vida y, por lo tanto, las condiciones ambientales afectan al cerebro, especialmente durante nuestra fase de desarrollo temprano.

Tu cerebro es un órgano social que se desarrolla en asociación con tu relación con los adultos que te rodean cuando estás literalmente dentro del útero de tu madre hasta que te desarrollas como un niño pequeño. Si estás dentro del útero de tu madre y ella está deprimida, ansiosa o experimentando abuso o pobreza o cualquier situación que crea estrés crónico, como la muerte o accidente de un familiar, eso afectará el desarrollo de tu cerebro, te guste o no. 

El Dr. Bruce Perry, reconocido psiquiatra infantil, define el trauma como ‘una experiencia, o patrón de experiencias, que perjudica el funcionamiento adecuado del sistema de respuesta al estrés de la persona, haciéndolo más reactivo o sensible’. Este psiquiatra de renombre mundial y director de la academia de trauma infantil, nos ofrece un excelente método llamado «Las tres R». Primero hay que regular, luego hay que relacionarse y luego hay que razonar. La teoría del trauma sugiere que la exposición a eventos traumáticos puede tener consecuencias psicológicas significativas, que pueden incluir trastornos de estrés postraumático, depresión, ansiedad, adicciones y otros problemas de salud mental. En su libro ‘What Happened to You?’ (¿Qué te pasó?) nos muestra cómo nuestras primeras experiencias infantiles pueden marcar nuestro futuro. 

Bruce Perry dice que el cerebro es un órgano histórico por lo que almacena los impactos de las experiencias de la vida.

Vienes a este mundo predispuesto a ciertas cosas pero es el entorno el que desactiva o activa aquello a lo que estás predispuesto. Si las condiciones ambientales pueden moldear tu cerebro cuando eres niño, y el cerebro se desarrolla, crece y cambia a través de la neuroplasticidad a lo largo de toda tu vida, entonces los cambios ambientales también te ayudarán a cambiar y abordar estas condiciones.

Apego y Autenticidad

El niño nace con todas estas emociones conectadas a su cerebro pero tiene dos grandes necesidades. La necesidad de apego, de pertenencia, de ser sostenido, de ser aceptado, apoyado, etc. Es una necesidad que no es negociable. Sin ella, cuando eres un bebé o un niño pequeño, te mueres. Y además hay otra necesidad que el Dr. Maté llama autenticidad, que significa estar conectado con tus emociones y tus instintos. Así que ¿cuánto tiempo sobrevive una criatura en la naturaleza si no presta atención a sus instintos? Nada, no llega al final del día.

Por tanto, tenemos estas dos necesidades, apego y autenticidad, de estar conectados con nosotros mismos. Nos educan para no confiar en nuestros instintos. Estamos programados para desconectarnos y para reprimir nuestros sentimientos. Renunciamos a la autenticidad en aras del apego. Estamos atrapados en esa tensión entre el apego, que es la necesidad de ser aceptado, y la autenticidad de ser nosotros mismos. Las mujeres están atrapadas en esa trampa en esta sociedad. También lo son muchos hombres, por supuesto, pero son las mujeres las que tienen que elegir el apego de ser aceptadas a la autenticidad. Por eso tienen muchas más enfermedades autoinmunes. Elegimos el apego en lugar de permanecer conectados con nosotros mismos.

Trauma con T Mayúscula y Trauma con t minúscula

Recordemos, el trauma es una herida psicológica que sufres. Y se comporta como una herida. Entonces, por un lado, una herida si está muy abierta y la tocas, duele mucho y se infecta. Entonces, si tengo una herida por no ser querido o la creencia de que no lo soy, décadas después, si algo me recuerda eso, me duele tanto como cuando originalmente sufrí la herida. Por tanto, en cierto sentido, el trauma es una herida sin cicatrizar que, al tocarla, nos desencadena más dolor.

Y la otra cosa que les pasa a las heridas es que cicatrizan. Y el tejido cicatricial tiene ciertas características. No tiene terminaciones nerviosas, por lo que no hay sensación en ella. Entonces la gente queda traumatizada, desconectada de sus sentimientos. El tejido cicatricial es rígido, no flexible, por lo que perdemos cierta flexibilidad de respuesta. Entonces, cuando sucede algo, tendemos a reaccionar de formas típicas estereotipadas, predecibles y disfuncionales debido a la rigidez. Así pues, las personas traumatizadas tienden a quedar atrapadas en los estados emocionales que caracterizaron su desarrollo cuando sufrieron el trauma. Cuando alguien te dice, no seas niño, no suena muy agradable pero hay algo de verdad en ello. Significa que probablemente estés reaccionando según los patrones de alguna herida que sufriste cuando eras niño y ahora estás reaccionando como si esa herida estuviera sucediendo de nuevo. Esto es lo que Peter Levine llama la ‘tiranía del pasado’: Algo sucede en el presente y reaccionamos como si estuviéramos en el pasado cuando esto sucedió por primera vez. Y no estamos en el momento presente en absoluto. 

Existen dos tipos de trauma. Los traumas con T mayúscula que hay más personas de lo que pensamos: violencia familiar, violencia de los padres entre sí, un padre encarcelado, un padre con una enfermedad mental, un padre adicto, un divorcio rencoroso, etc. Estos son los grandes traumas identificados, grandes traumas profundos, sin mencionar la pobreza, la desigualdad extrema, la guerra, etc.

Recordemos que el trauma no es lo que te pasa a ti sino lo que pasa dentro de ti, es tu herida. Las personas pueden resultar heridas no sólo por las cosas malas que les suceden, sino que también los niños pequeños pueden resultar heridos en familias funcionales si no se satisfacen sus necesidades a nivel físico, es decir, si no recibe una nutrición adecuada, su cuerpo y su mente sufrirán. Y cuando no se satisfacen las necesidades emocionales del niño, ese niño también resulta herido. Y eso son los traumas de la T pequeña, que no son eventos dramáticos importantes, como los de antes, sino simplemente la necesidad del niño de ser amado incondicionalmente, de ser sostenido cuando está angustiado, de ser respondido, de ser visto, de ser escuchado, de que se le permita su pleno desarrollo. Cuando estas necesidades de apego amoroso incondicional se frustran y no son recibidas, los niños también resultan heridos. Y a eso también es trauma porque aparece más adelante en la vida de adulto como el impacto de heridas dolorosas. 

De modo que el trauma en esta sociedad es mucho más común de lo que imaginamos. Yo, por mis sesiones, puedo constatar que todos tenemos un trauma o varios. Unos con T pequeña y otros con T mayúscula.

Nuestro Trauma y Pinocho

Somos como Pinocho, es decir, marionetas y la mayoría vivimos sin ser conscientes del titiritero, sí, del trauma que está impulsando nuestra vida. Esta es una muy buena analogía. Aunque muchos ahora me diréis que estáis en el crecimiento personal, que os habéis trabajado y que no sois ningún Pinocho ni la rana Gustavo de Barrio Sésamo. Aún así yo continúo con mi discurso.

El trauma realmente es como un titiritero detrás de escena moviendo tus hilos y no eres consciente de ello. Cuando Pinocho finalmente se convierte en un niño humano dice ‘lo tonto que fui cuando era un títere’. Así que tenemos que admitir que estamos siendo activados por estos hilos inconscientes, que son traumas tirando detrás de escena y actuamos en nuestras vidas creyendo que somos seres libres autónomos. Pero en realidad estamos siendo controlados por algo del pasado que no hemos resuelto. Insisto, somos marionetas, no hay ninguna libertad en ello. Y elige la marioneta que más te guste: el monstruo de las galletas, Epi, Blas, la cerdita Peggy, super Coco… ¿Con cuál te sientes identificado?

Entonces lo opuesto al trauma es la liberación. La liberación del trauma. Liberación por reconexión. Liberación del poder despiadado del inconsciente. Es cortar los hilos. ¿Alguna vez realmente cortamos los hilos o simplemente aprendemos a tirar de ellos cuando intentan decirnos que hagamos algo con más fuerza de la que los hilos ejercen en la dirección opuesta? Eso no funciona porque aún no estás a cargo. Simplemente estás en modo de resistencia automática a algo. Eso no es libertad. Entonces, nos damos cuenta de que la conciencia es enorme porque una vez que eres consciente de que existe esto, ves que es posible que estas cosas no se deshilachen o corten de inmediato. Así que una vez que eres consciente de que cualquier reacción que estás viviendo ahora no se trata de lo que está pasando ahora mismo sino que hay algo antiguo del pasado que se está activando de nuevo, es cuando entonces esa conciencia y presencia afloja un poco las cuerdas. Por tanto, hay que empezar por tomar conciencia de ello y si darnos cuenta de que este titiritero intenta desesperadamente hacernos sobrevivir que no significa vivir sino sufrir una y otra vez como el día de la marmota.

El primer paso es reconocer que hay un titiritero (trauma) que nos está controlando y cuáles son los hilos que tiene.

El trauma está tirando de nuestras vidas y el primer paso es darnos cuenta de ello y así saber que hay algo en lo que trabajar, algo que solucionar. Esto ya es el paso más importante. Buda dijo que reconocer la fuente de tu sufrimiento es el primer paso para aliviarlo. Y tan pronto cuando preguntas cómo lo haces, ya has dado un gran paso. Porque mucha gente ni siquiera sabe lo que acabamos de ver ya que no es consciente. Simplemente piensan que esto es su realidad y que así es la vida. Así que me encanta cuando alguien en sesión me dice: ¿Y qué hago? Eso significa que su inconsciente, su herida ha salido a la superficie y se ha hecho consciente. ¿Qué haces? Pues acabas de dar el primer paso a la curación y el siguiente paso es estar despierto, atento y presente el máximo tiempo posible para cambiar tus patrones antiguos y empezar a vivir e interactuar desde los nuevos.

¿Qué hace el Trauma?

Las experiencias traumáticas alteran la capacidad de conectarse auténticamente con los demás. Construyes muros. El miedo te guía. Los peores escenarios están por todas partes. Desarrollas estrategias de afrontamiento poco saludables. El trauma cambia tu visión del mundo y de ti mismo en muchos niveles. Cambia los pensamientos, los sentimientos, el sistema nervioso y tu capacidad de confiar. 

El trauma es mucho más que una historia de lo que te pasó. Los sentimientos, creencias y sensaciones corporales que absorbiste durante el trauma todavía están muy vivos en ti, no como recuerdos, sino como reacciones en el presente. 

El trauma también es lo que hizo que no sucediera pero debería haberte sucedido, es decir, todas tus necesidades insatisfechas, abandono y negligencia. 

¿Ves alguna conexión entre tus experiencias pasadas y tus creencias y miedos actuales cuando te relacionas con tu pareja o con los demás?

Cuando se trata de trauma psicológico, lo que ocurrió no es lo importante, lo importante es si pudiste o no procesarlo.

Trauma Mundial Individual y Colectivo

¿Qué está pasando? Las epidemias interconectadas de ansiedad, enfermedades crónicas y abuso de sustancias son, según el Dr. Gabor Maté, normales. Pero no de la manera que podríamos pensar.

Porque, como aprendimos del Dr. Gabor Maté, el trauma le sucede a todo el mundo. Individual y colectivamente cargamos con una acumulación de dolor que nunca ha sido escuchado y deberíamos compartir, presenciar y mantener espacio para las heridas más profundas de los demás para así ayudarnos entre nosotros. Pero la vergüenza y el dolor a veces nos frena y el silencio hace que los traumas se encallen y no avancemos ni sanemos. El trauma no siempre se puede conquistar, arreglar o resolver, pero se puede escuchar, sostener y amar.

Imagina un mundo informado sobre el trauma. Se conseguiría que la verdad abriera nuestros corazones y nuestra sabiduría innata comenzaría a brillar a través de nuestras heridas.

Nos demos cuenta o no, es nuestra herida, o cómo la afrontamos, lo que dicta gran parte de nuestro comportamiento, moldea nuestros hábitos sociales e informa nuestra forma de pensar sobre el mundo. Para muchos de nosotros, asoma su cabeza en nuestras relaciones más cercanas provocando todo tipo de problemas relacionales.

Fue en 1889 cuando el psicólogo francés pionero Pierre Janet describió por primera vez la memoria traumática: ‘Acciones y reacciones automáticas, sensaciones y actitudes repetidas y recreadas en sensaciones viscerales dominando todas las demás experiencias, arruinando la apreciación del momento presente”. Peter A. Levine lo llamó la tiranía del pasado. Peter A. Levine es doctor en Biofísica Médica y Psicología, y creador de Experiencia Somática, un enfoque para sanar el trauma basado en la conciencia corporal. Levine nos enseña que cualquier persona que sufre un trauma tiene una historia valiosa que contar y que, al compartir nuestras historias, podemos catalizar el retorno de la esperanza, la dignidad y la plenitud. Nos dice que estar traumatizado es estar condenado a repeticiones interminables de experiencias insoportables.

‘Todo trauma es preverbal’, dice el psiquiatra Bessel van der Kolk, además es autor del Best Seller del New York Times ‘El cuerpo lleva la cuenta’, presidente de Trauma Research Foundation en Brookline y ha publicado más de 150 artículos científicos revisados por pares y cuatro libros relacionados con el estrés postraumático 

Su afirmación es cierta en dos sentidos. En primer lugar, las heridas psíquicas que sufrimos a menudo nos las infligen antes de que nuestro cerebro sea capaz de formular cualquier tipo de narrativa verbal. En segundo lugar, incluso después de estar dotados del lenguaje, algunas heridas quedan impresas en regiones de nuestro sistema nervioso que no tienen nada que ver con el lenguaje o los conceptos. Esto incluye áreas del cerebro y también el resto del cuerpo. Están almacenadas en partes de nosotros a las que las palabras y los pensamientos no pueden acceder directamente e incluso podríamos llamar a este nivel de codificación traumática ‘subverbal’. Como explica Peter Levine: «La memoria consciente y explícita es sólo la punta proverbial de un iceberg muy profundo y poderoso. Apenas deja entrever los estratos sumergidos de la experiencia implícita primaria que nos mueve de maneras que la mente consciente sólo puede comenzar a imaginar’.

El trauma impregna nuestra cultura, desde el funcionamiento personal hasta las relaciones sociales, la paternidad, la educación, la cultura popular, la economía y la política. De hecho, alguien sin las marcas del trauma sería un caso atípico en nuestra sociedad. El trauma es una lesión interna, una ruptura o división duradera dentro del yo debido a eventos difíciles o dolorosos. Y me repito, el trauma es principalmente lo que sucede dentro de alguien como resultado de los acontecimientos difíciles o dolorosos que le sucedieron y no son los acontecimientos en sí. Pensemos en un accidente automovilístico en el que alguien sufre una conmoción cerebral: el accidente es lo que sucedió; la herida es lo que dura. 

El trauma es una lesión psíquica, alojada en nuestro sistema nervioso, mente y cuerpo, que dura mucho más allá del incidente que la originó y que se puede desencadenar en cualquier momento. Es una constelación de dificultades, compuesta por la herida misma y las cargas residuales que nuestra herida impone a nuestros cuerpos y almas, las emociones no resueltas que nos visitan, las dinámicas de afrontamiento que dictan, los guiones trágicos, melodramáticos o neuróticos que involuntariamente pero inexorablemente vivimos; y, no menos importante, el precio que estos provocan en nuestros cuerpos.’ Dr. Maté.

Sanar tu Trauma. Un camino hacia la Curación

Lo que viene a continuación está extraído del libro ‘El mito de lo normal: trauma, enfermedad y curación en una cultura tóxica’ por el Dr. Gabor Maté y su hijo Daniel Maté. 

Nadie puede trazar el curso de curación de otra persona porque no es así como funciona la curación. No existen hojas de ruta para algo que debe encontrar uno mismo. Sin embargo, podemos esbozar el territorio, describirlo, familiarizarnos con él y prepararnos para afrontar sus desafíos. Podemos aprender qué leyes naturales parecen gobernar la curación, específicamente qué actitudes y atributos despierta y a qué responde en nosotros. Al igual que el parto natural, la curación no puede ser impuesta ni acelerada pero ciertamente se puede ayudar.

Las siguientes cuatro puntos no son pasos instructivos ni mandatos rígidos. Representan principios curativos que han demostrado ser guías útiles para muchas personas.

  • Autenticidad: Luchar por una imagen idealizada de uno mismo es incompatible con ser auténticamente quien uno es. Uno de los enfoques más directos hacia la autenticidad es darse cuenta de cuándo no estás ahí y luego aplicar algo de curiosidad y suave escepticismo a las creencias limitantes en uno mismo que la sustituyen o simplemente se interponen en tu camino. Después de prestar suficiente atención, comienzan a aparecer oportunidades reales de elección antes de que traicionemos nuestros verdaderos deseos y necesidades. El surgimiento de nuevas opciones en lugar de dinámicas antiguas y preprogramadas es una señal segura de que nuestro yo auténtico vuelve a estar con nosotros.
  • Enojo/Ira: La ira en su forma natural y saludable es una defensa de límites, una dinámica que se activa cuando percibimos una amenaza a nuestra vida o a nuestra integridad física o emocional. La ira saludable es una respuesta del momento, no una bestia que mantenemos en el sótano, alimentándola con vergüenza o narrativas de autojustificación. Es situacional, su duración es limitada, aparece cuando es necesario, cumple su tarea de defenderse de la amenaza y luego desaparece. No se convierte en una experiencia que temer y odiar y no te convierte en un irritante crónico. Es un sentimiento válido y natural que en sí mismo no pretende hacer daño a nadie. La ira en su forma pura no tiene contenido moral, bueno o malo; simplemente su único deseo es noble: mantener la integridad y el equilibrio. Si se transforma en una versión tóxica de sí misma, podemos abordar las historias e interpretaciones inútiles, los patrones de pensamiento moralistas o autoflagelantes que siguen avivándola, sin invalidar la emoción. También podemos observar cómo nuestra incapacidad para decir no alimenta el resentimiento crónico que nos deja propensos a quemaduras nocivas. Muchos de nosotros hemos aprendido a minimizar nuestra ira hasta el punto de que ni siquiera sabemos cómo es. Al igual que la autenticidad, la ira genuina no es una actuación. El mensaje central de la ira es un no conciso y potente, dicho con tanta fuerza como lo exige el momento. Dondequiera que nos encontremos tolerando o justificando situaciones que nos estresan persistentemente, insistiendo en que ‘no es tan malo’, ‘puedo manejarlo’ o ‘no quiero montar un espectáculo’, es probable que exista una oportunidad de practicar cómo darle espacio a la ira para que surja. Incluso admitir claramente que ‘esto no me gusta’ o ‘no quiero esto’ puede ser un paso adelante. La pregunta para la mayoría de nosotros no es si debemos estar enojados, sino cómo relacionarnos de manera saludable con los sentimientos que naturalmente fluyen y refluyen con la marea de la vida, incluida la ira.
  • Aceptación: Es el reconocimiento, siempre preciso, de que en este momento las cosas no pueden ser de otra manera que como son. Nos abstenemos de rechazar o tolerar. En lugar de resistirnos a la verdad o negarla o fantasear sobre cómo salir de ella, nos esforzamos por simplemente estar con ella. Al hacerlo, fomentamos una relación alineada con el momento presente. Aceptación también significa aceptar lo absolutamente difícil que puede ser aceptar. Puede parecer paradójico pero la verdadera aceptación no niega ni excluye ningún aspecto de cómo es, ni siquiera nuestro impulso de rechazar cómo es. La ira, la tristeza, la inquietud, la resistencia e incluso el odio dentro de una actitud de aceptación, todos ellos tienen espacio para decir su parte. A veces, aceptarnos a nosotros mismos comienza por afrontar que no sabemos cómo nos sentimos o que nuestros sentimientos son encontrados. El rechazo de cualquier parte de nuestra experiencia es un autorrechazo antinatural que, sin embargo, nos parece normal a muchos de nosotros. ¿Has cometido algunos errores graves?¿Te encuentras lleno de odio, resentimiento o confusión? Estos también son candidatos a ser aceptados porque debajo de ellos siempre hay dolor. De hecho, el odio, el resentimiento e incluso la confusión pueden ser intentos de la psique para no sentir dolor o tristeza. El duelo sano, la joya tan a menudo escondida dentro del agravio osificado, a menudo espera al otro lado de la aceptación de cómo son y han sido las cosas. Esto también puede ser difícil de aceptar pero cuando evitamos la energía del duelo que quiere atravesarnos, sólo hacemos que se acumule. Como dice el Dr. Gordon Neufeld: ‘Estaremos a salvo en un océano de lágrimas»‘ Este doctor es autor del Best-Seller  ’Hold on to Yours Kids’ (Aférrate a tus hijos) y su trabajo ha sido brindar herramientas a los adultos para que los niños prosperen. Hay que distinguir entre aceptar y tolerar. La aceptación es vitalizadora porque deja espacio para admitir a la ira si ésta está presente, aumenta nuestro sentido de libre albedrío y deja espacio para cualquiera que sea nuestra experiencia auténtica. Tolerar lo intolerable, por otra parte, es mortal. Por ejemplo, resignarse sombríamente a condiciones como el abuso o la negligencia implica rechazar partes cruciales de uno mismo, necesidades y valores que merecen ser respetados y la integridad que debe salvaguardarse. Esto está lejos de ser una verdadera aceptación. Aceptar que cualquier cosa que esté sucediendo actualmente está sucediendo no significa conceder que deba suceder. Primero debemos reconocer que existe y reconocer nuestro dolor y pena por el hecho de que exista. Ahora podemos preguntarnos cómo podemos trabajar eficazmente para eliminar no sólo sus formas sino también sus causas fundamentales. Lo que resistes, persiste. Entonces, si no aceptas lo que ha sucedido, entonces no crecerás a partir de ello. No aceptar el trauma te erosiona. Si te pones a la defensiva o eres crítico contigo mismo no avanzas, te estancas. 
  • Agencia (traducción de agency): La agencia es la sensación de control que sientes en tu vida, tu capacidad para influir en tus propios pensamientos y comportamiento, y la confianza en tu capacidad para gestionar una amplia gama de tareas y situaciones. Tu sentido de agencia te ayuda a mantenerte psicológicamente estable, pero a la vez flexible ante conflictos o cambios.

El poder de la Autocompasión

La autocompasión es necesaria independientemente de la modalidad terapéutica que utilices para iniciar tu curación.

Cuanto más te desapruebes a ti mismo, menos capaz serás de cambiar. Nadie crece ni mejora siendo menospreciado o criticado. Cuanto más aceptes cómo eres en este momento, más capaz serás de elegir sentirte diferente en el siguiente momento. 

Aprendes mejor cuando eres compasivo contigo mismo. Todo ese desagrado, odio y crítica que sientes hacia ti mismo es una forma de autoprotección. Pero ya no te ayuda ni te protege. Es muy importante observarse a sí mismo en el presente sin juicios negativos y reconocer que eres un ser humano imperfecto pero que merece amabilidad. No eres diferente a los demás y todos merecen compasión. 

La autocompasión no significa que te estés poniendo excusas o mintiéndote a ti mismo. Simplemente dejas espacio para la seguridad y el cambio. 

Brené Brown habla a menudo de la diferencia entre encajar (que es convertirse en quien crees que necesitas ser para ser aceptado, como complacer a las personas) y pertenecer (ser tu yo auténtico y saber que te perteneces a ti mismo). Mientras estás en tu viaje de curación, el primer paso es trabajar para ser auténtico contigo mismo, preguntarte qué necesitas y dártelo, y conectarte contigo mismo y con personas seguras para sentir ese sentido de pertenencia. Más sobre la pertenencia en mi artículo ‘Necesidad de Pertenencia y tu Ikigai’.

Enfrentar el Trauma 

Cuando te enfrentas a un trauma, puedes atravesar el estado de entumecimiento a diferentes velocidades. Algunas personas permanecen allí más tiempo que otras, por lo que pueden parecer frías, distantes y no afectadas. Nada podría estar más lejos de la realidad. 

Es un recordatorio de respetar el proceso de cada uno y saber que cada uno sufre su duelo de manera diferente. Entonces, uno puede estar de luto y sumergirse en el trabajo y otro prefiere descansar y dormir más. Todo está bien.

Una forma de afrontar el trauma es descubrir en qué parte de tu cuerpo lo sientes. Algunos pueden sentirlo en el pecho, otros en el estómago. Otros pueden sentirlo en la cabeza o en el cuello. Algunos almacenan traumatismos en sus extremidades. 

Descubrí que la mejor manera de superar este ‘entumecimiento’ y generar conciencia era a través del movimiento. Podría ser bailando, haciendo yoga, andando. Cualquier cosa que te haga moverte. Podemos aprovechar y tomar conciencia de muchas emociones cuando caminamos, corremos o nadamos. Hay algo en estar en la naturaleza que permite conectarnos con nosotros mismos y llegar a la esencia de lo que nos molesta. Esta fue una de mis recetas para sanar: el movimiento. 

El Antídoto contra el Trauma

El antídoto al trauma es la curación experiencial. Los eventos traumáticos se almacenan en el hemisferio derecho del cerebro. Son fragmentados, somáticos, no verbales, emocionales y conductuales. Para sanar, debes mostrarle (no decirle) a tu sistema nervioso que estás a salvo. 

Nuestro sistema nervioso explora constantemente el entorno en busca de señales. Luego clasifica cada señal como segura o insegura. Este proceso se llama Neurocepción, acuñado por Stephen Porges, psiquiátrico y neurocientífico que creó la teoría polivagal que establece que la funcionalidad del nervio vago es clave en la regulación de nuestras respuestas fisiológicas frente al estrés y a la amenaza

Así que la Neurocepción se refiere a la capacidad de nuestro sistema nervioso para detectar de forma inconsciente, sin intervención de la atención consciente, si una situación o persona es segura o amenazante para nuestro organismo.

Nos cerramos o nos abrimos y crecemos dependiendo de cuán seguros sean nuestros entornos y relaciones. Los seres humanos están preparados para conectarse desde el nacimiento. Las experiencias traumáticas reconfiguran el cerebro para buscar protección. No hay tiempo para el juego, la alegría, la confianza y la relajación si estás atento a las señales de peligro. Esta búsqueda constante de seguridad ocurre a nivel subconsciente, por lo que es posible que ni siquiera te des cuenta. 

Las personas emocionalmente seguras crean un espacio seguro para pensamientos y sentimientos. Esa seguridad se siente en su presencia, lenguaje corporal y energía. Estas relaciones pueden ayudar a regular tu sistema inmunológico a través de la corregulación. La corregulación es cuando dos personas se ayudan a regular sus emociones entre sí. Se refiere a la capacidad que tenemos los seres humanos de influirnos unos a otros a nivel de las emociones y estados fisiológicos, haciendo que sincronicemos nuestras experiencias subjetivas y también las conductas. Esto te permite sentirte cómodo. Si al principio no tienes una persona así en tu vida puedes buscar otras formas de regular tu sistema nervioso pasando tiempo con tu perro o tu gato, estando en la naturaleza, tomando un baño, participando en actividades de cuidado personal mientras trabajas para aumentar tu sistema de apoyo y así personas seguras y comprensivas. A veces, la primera persona segura es tu terapeuta y ese también es un hermoso comienzo para la curación. 

El Remedio al Trauma

Una vez que hayas pasado por todas las fases que nos recomendaba el Dr. Gabo Maté, podrás trabajar en la última fase, que es el antídoto y experimentarás un crecimiento postraumático. Esto significa que es probable que te recuperes de tu trauma y te vuelvas más fuerte como resultado de él. Cuando Michael Jordan se rompió el tobillo, en realidad sanó con más fuerza. Hay animales que se vuelven más fuertes después de ser atacados. Hay países que se han vuelto más fuertes después de una guerra. 

El remedio al trauma es sentir todos tus sentimientos. Es posible que notes sentimientos encontrados de dolor y optimismo. Dolor y alegría. Desesperación y entusiasmo. Vergüenza y orgullo. Todo eso es normal. Siente todos tus sentimientos y, si puedes, compártelos.

Y luego canaliza esa energía emocional hacia un propósito. Por ejemplo, usa tu herida sanada para que puedan sanar otros. Por ejemplo, yo lo hago en mis sesiones de Acupuntura.

El trauma no es el final de la historia. Es el comienzo de una nueva.  

Puede que no seamos responsables del mundo que creó nuestras mentes pero podemos asumir la responsabilidad de la mente con la que creamos nuestro mundo. Gabor Maté.

Me ha salido bordado este artículo, ¿verdad?

Yo Isasi


Ha quedado bordado el artículo ¿verdad? Mucha conciencia, aceptación, autenticidad, ira saludable pero no me puedo marchar así porque tengo que contaros realmente cómo trabajo yo, qué ocurre en mis sesiones porque hay que currar, hay que ir a la raíz y sacar ese trauma. Entonces haber primero hacemos el árbol genealógico y lo canalizo aunque ya puedo empezar a canalizar desde que te tumbas en la camilla y te pido que cierres los ojos y busques una imagen de tu infancia o tu adolescencia sin forzar nada. Normalmente no suele ser la primera experiencia que creó el trauma pero como el inconsciente no conoce de tiempo ni de espacio es una que también nos puede servir ya que actúas de la misma manera tanto en la primera como en la de ahora. Una vez tenemos la imagen y tenemos la escena con sus personajes dependiendo de si estas dispuesto o no pues podemos hacer dos cosas: Una es cambiar la película, es decir, tú y yo vamos como director y guionista y cambiamos el guión y los acontecimientos de tu película y otra, si hay mucha resistencia y no podemos pues simplemente vamos a la emoción, a lo que tú sentiste en aquel momento para hacer un cambio de percepción de esa situación y así revertir esa emoción en una que te libera de la carga. ¿Y qué ocurre aquí? Como hemos dicho antes el trauma es preverbal y entonces insisto en la sesión eN que hables, que te comuniques con tu historia y con tus personajes y cuesta mucho al principio pero con mi acompañamiento cuando te sueltas sientes una gran liberación. Así que si estás dispuesto y quieres trabajar en serio ya sabes dónde me encuentras. 

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