Tu Trauma y tu Adicción

Tu Trauma y tu Adicción

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La definición de Adicción según la medicina convnecional: ‘La adicción se considera una enfermedad crónica que ocurre tras el consumo continuado de una droga durante un período de tiempo relativamente largo. Por tanto, el principal factor desencadenante de la enfermedad es el consumo mismo de la droga.’

Tengo que deciros no vamos a hablar sólo de la adicción a las drogas sino cualquier tipo de adicción ya que en la sociedad que vivimos todos somos unos adictos empedernidos.

Veamos ahora la definición de Adicción del Dr. Gabor Maté: ‘La adicción no es una enfermedad ni una simple falta de voluntad, sino una respuesta al sufrimiento no resuelto. La adicción no es una elección, sino un intento de auto-tratamiento y auto-soporte para mitigar el dolor. La adicción no es un problema de carácter o de falta de fuerza de voluntad, sino un mecanismo de afrontamiento ante el dolor.’

Tanto Maté como el Dr. Schwartz, que creó el Modelo de Sistemas Familiares Internos en 1980 y combina el pensamiento sistémico con la visión de que la mente está compuesta de subpersonalidades relativamente discretas, cada una con su propio punto de vista y cualidades únicas, describen la adicción como una estrategia de afrontamiento, una respuesta a un dolor emocional que tiene sus raíces en traumas no resueltos. El Dr. Maté, quien ha trabajado extensamente con adictos a sustancias, señala que la adicción, en cualquiera de sus formas (sustancias, trabajo, tecnología, etc.), es una manera de mitigar el sufrimiento. ‘La pregunta no es por qué la adicción, sino por qué el dolor’, afirma Maté, resaltando que el trauma infantil y la falta de conexión son los factores que generan este sufrimiento interno.

Por otro lado, Schwartz explica cómo en su Modelo de Sistemas Familiares Internos, las partes internas, llamadas ‘bomberos’ o ‘protectores’, son las que activan las conductas adictivas para evitar el dolor emocional almacenado en partes más vulnerables, conocidas como ‘exiliadas’. Estas partes exiliadas cargan con el dolor del pasado y necesitan protección, y es aquí donde intervienen las adicciones, al servir como una distracción de ese sufrimiento profundo. En este sentido, los bomberos no son malos, sino que intentan protegernos de sentir ese dolor.

La Vergüenza y la Adicción

Y ambos afirman que la vergüenza es como un motor del trauma y, a su vez, de la adicción, es la que nos impulsa a la adicción. Maté y Schwartz coinciden en que la vergüenza no solo es una respuesta al haber hecho algo malo, sino que es una reacción emocional que se genera incluso antes de que la persona tenga consciencia de sus actos. ‘La vergüenza es una reacción fisiológica y emocional que comienza desde muy pequeños, cuando perdemos la conexión con figuras importantes en nuestras vidas’, explica Maté. Este sentimiento de haber sido abandonado o desconectado genera una profunda herida emocional que, si no se aborda, puede alimentar ciclos de adicción.

Schwartz añade que cuando estas partes vulnerables se sienten tan cargadas de vergüenza y miedo, otras partes del sistema psíquico buscan cualquier manera de evitar que esa vergüenza salga a la superficie, lo que resulta en comportamientos adictivos. Ambos profesionales argumentan que trabajar con la vergüenza y el trauma subyacente es fundamental para la sanación.

Maté coincide y añade que el simple acto de observar con compasión las partes que nos causan dolor ya es en sí una herramienta poderosa de sanación. Para Maté, la clave está en hacer preguntas con curiosidad y sin juicio, ayudando a la persona a descubrir qué es lo que está en el núcleo de su sufrimiento.

La experta en salud mental Brené Brown, profesora e investigadora de la Universidad de Houston estudia la valentía, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía desde hace veinte años. Dentro de sus principales enseñanzas, nos habla de ejercer la valentía por medio de la vulnerabilidad (incertidumbre, riesgo y exposición emocional), ya que no es posible ser valiente sin ser vulnerable y viceversa. Ella relaciona la culpa con sentirse responsable de un error pero también con comprender cómo sucedió y estar motivado para hacerlo mejor la próxima vez. Por otro lado, la vergüenza se asocia más con sentimientos de incompetencia o de que algo malo es innato a uno mismo. Esto puede ser mucho más difícil de procesar que la culpa, ya que se basa en la creencia de que conceptos más arraigados podrían ser ciertos sobre uno mismo. Describe la vergüenza como ‘el sentimiento intensamente doloroso de que no somos dignos de conexión, amor ni pertenencia’.e no somos dignos de conexión, amor ni pertenencia’.

El Dr. Gabor Mate en su libro ‘En el reino de los fantasmas hambrientos: Encuentros cercanos con la adicción‘, afirma que ‘la vergüenza es fundamental para establecer patrones de comportamiento en casi cualquier tipo de adicción’. Explica cómo estos patrones se crean a través de ‘mensajes internalizados de inutilidad’ que llevan a las personas a buscar sustancias o actividades para encubrir sentimientos dolorosos de incompetencia o inseguridad.

Cuando no podemos procesar los sentimientos de vergüenza de forma saludable, estos pueden llevarnos a la depresión o la ansiedad, debido a la sensación de que no hay salida del ciclo de pensamientos negativos asociado a esta emoción.

La vergüenza es una emoción increíblemente poderosa que puede moldear nuestra percepción de nosotros mismos e interactuar con los demás a lo largo de la vida. Cuando alguien experimenta vergüenza, su autoestima se ve afectada y puede volverse retraído o a la defensiva para protegerse de futuros juicios. Al comprender lo que significa ver esta emoción desde la perspectiva de la teoría del apego, propuesta por Gabor Mate, podemos comprender por qué podemos sentir vergüenza en ciertos momentos y cómo afrontar mejor estos sentimientos de forma saludable en el futuro. La describe como ‘una pérdida de contacto con uno mismo. Quienes la experimentan pueden creer: No soy lo suficientemente bueno. Hay algo malo en mí’.

Los sentimientos de vergüenza pueden estar asociados con baja autoestima, hostilidad y angustia psicológica. Alguien que lidia con la vergüenza también puede sentir: Inferioridad, humillación, remordimiento, insuficiencia, indignidad, impotencia. Estos sentimientos, a su vez, pueden resultar en aislamiento de los demás y/o agresión, en un intento de desviar los sentimientos de vergüenza.

Lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Lo opuesto a la adicción es la conexión.’

La adicción se manifiesta en cualquier comportamiento que una persona anhela, le produce alivio o placer temporal, pero que le genera consecuencias negativas y le resulta difícil abandonar. En resumen: Ansia, alivio, placer, sufrimiento y pérdida de control.

Insisto y me repito que la adicción no se limita a las drogas, sino que podría abarcar casi cualquier comportamiento humano, desde el sexo hasta la comida, las compras, las apuestas, los deportes extremos, la televisión, Netflix y el uso compulsivo de internet. La lista es interminable.

‘No te voy a preguntar a qué fuiste adicto’, suele decirle a la gente, ‘ni cuándo ni por cuánto tiempo. Solo que, sea cual sea tu enfoque adictivo, ¿qué te ofreció? ¿Qué te gustó? ¿Qué te proporcionó, a corto plazo, que anhelabas o disfrutabas tanto?’. Y, universalmente, las respuestas son: ‘Me ayudó a escapar del dolor emocional… me ayudó a lidiar con el estrés… me dio paz mental… una sensación de conexión con los demás… una sensación de control’.
Y yo añadiría una sensación momentánea de casa, de sentirme lleno, importante, vivo…

Estas respuestas demuestran que la adicción no es una elección ni una enfermedad, sino que se origina en un intento desesperado del ser humano por resolver un problema: el problema del dolor emocional, del estrés abrumador, de la pérdida de conexión, de la pérdida de control, de una profunda incomodidad consigo mismo. En resumen, es un intento vano de resolver el problema del dolor humano.

Y la fuente del dolor siempre e invariablemente se encuentra en la experiencia vivida de una persona, comenzando con la infancia. El trauma infantil es el molde para la adicción, cualquier adicción. Todas las adicciones son intentos de escapar del profundo dolor del niño herido, intentos de alivio temporal, pero finalmente inútiles. Esto es tan cierto para el adicto al trabajo con éxito social, como para el comprador empedernido, el consumidor de porno, el jugador, el consumidor de sustancias o el ama de casa consumidora de opioides.

No solo todos los adictos, consuman sustancias o no, comparten el deseo de escapar del dolor, sino que los mismos circuitos cerebrales intervienen en todas las adicciones, desde comprar hasta comer, pasando por la dependencia a la heroína y otros opioides. Los mismos circuitos cerebrales, los mismos sistemas cerebrales que involucran placer, recompensa e incentivo, las mismas sustancias neuroquímicas, por no mencionar las mismas dinámicas emocionales de vergüenza y falta de autoestima, y los mismos comportamientos de negación, deshonestidad y subterfugio (trampa, engaño que se emplea para conseguir algo o sortear una dificultad).

Es hora de darnos cuenta, entonces, de que la adicción no es una elección ni una enfermedad hereditaria, sino una respuesta psicológica y fisiológica a experiencias vitales dolorosas. Emplea las mismas vías neurológicas y patrones emocionales. Tratar la adicción, que es un síntoma, sin tratar el dolor subyacente es abordar los efectos en lugar de las causas y, por lo tanto, condena a muchos a ciclos continuos de sufrimiento. Es decir, recaeer again and again.

Finalmente, veamos la relación del trauma infantil con la adicción y el consumo de opioides. Al oir o leer la palabra trauma infantil, las personas suelen asumir que se refieren a eventos terribles, como abuso, explotación sexual, fallecimiento de los padres, violencia doméstica, etc. Y, sin duda, como demuestran abundantemente las investigaciones, cuantas más experiencias de este tipo tenga que soportar un niño, mayor será exponencialmente su riesgo de adicción. Pero el trauma no se limita a experiencias horribles. Se refiere a cualquier conjunto de eventos que, con el tiempo, imponen al niño más dolor del que su organismo sensible puede procesar y descargar. Por lo tanto, el trauma puede ocurrir no solo cuando ocurren cosas malas, sino también cuando los padres están demasiado estresados, distraídos, deprimidos, agobiados por preocupaciones económicas, demasiado aislados, etc., como para responder a la necesidad emocional de un niño sensible de ser visto, apoyado emocionalmente, escuchado, validado y sentirse seguro. Esta es la realidad detrás de muchas historias de infancia supuestamente feliz. De hecho, la negación del propio dolor, la separación de la angustia de la memoria consciente, es uno de los resultados del trauma.

Como escribió el pionero del tratamiento del trauma, Peter Levine: ‘El trauma se ha vuelto tan común que la mayoría de las personas ni siquiera reconocen su presencia’.

No todas las personas traumatizadas se vuelven adictas, pero todas las personas adictas, incluidas las adictas a los opioides, sufrieron algún tipo de trauma. Esa es la realidad de nuestra cultura, donde la adicción, al igual que el trauma, es tan común que la mayoría de las personas no son conscientes de ella. Sin embargo, nos rodea, nos absorbe a tantos, que centrarnos casi exclusivamente en los problemas de la drogadicción no es más que otra forma de escapar de la realidad. Nos quedamos en la superficie.

Carl Jung decía sobre la adicción: ‘Las sustancias químicas actúan en un nivel profundo del funcionamiento psíquico, difuminando los límites del mundo interior. Las divisiones se eliminan, los mundos fragmentados se fusionan. Una vez que alguien ha experimentado esta sensación de plenitud, es probable que desee experimentarla una y otra vez.’

¿Qué pensaba Freud sobre la adicción? Una revisión de 2020 resume los escritos dispersos de Freud sobre la adicción para afirmar que teorizó que el consumo de sustancias podría ser un sustituto de los impulsos sexuales. Así que la relación del sujeto con la droga se presenta como una adicción secundaria y sustitutiva en tanto la adicción primordial sería la masturbación.

TDAH y Adicciones

El Dr. Maté menciona que hay muchas investigaciones que muestran un vínculo directo entre el TDAH y la adicción. Nos dice que tanto los adictos como las personas con TDAH carecen de control de sus impulsos. 

Todas las adicciones actúan sobre el sistema de dopamina, que es lo que también se ve afectado en el TDAH. Entonces, los adictos a los estimulantes, como los adictos a la metanfetamina, a la cocaína, a la nicotina, a la cafeína, literalmente están aumentando sus niveles de dopamina, que es precisamente el problema del TDAH. Si nos fijamos en los estudios, un 30% o más de los adictos a las drogas en realidad son diagnosticados con TDAH. Todas las adicciones, sin importar cuáles sean, funcionan en un circuito de dopamina. Así que la definición de la adicción sería como la que se manifiesta en cualquier comportamiento en el que una persona encuentra alivio o placer temporal y, por lo tanto, anhela, pero luego sufre consecuencias negativas como resultado y no se da por vencido a pesar del daño. Entonces anhelo de placer, alivio a corto plazo, daño, incapacidad de renunciar a ello. 

Ojo, os recuerdo que no es sólo adicción a las drogas sino a cualquier comportamiento. Así que levante la mano si ¿tuviste o tienes un patrón adictivo? ¿Apareció la vergüenza?Todos tenemos patrones adictivos. Todos buscamos es escapar del sufrimiento o del estrés. Esa copa o botella de vino por la noche, ese trozo de chocolate que se convierte en la tableta entera, esa cerveza a mitad de mañana o el vermut o ese porrito antes de dormir (que ahora dicen que la marihuana no hace daño) o esa partidita interminable en la playstation… Busca tu adicción… Tengo otra, ese partido de padel de los martes que se convierte en un campeonato obsesivo o esa carrerita que empezó con 30 minutos y al final haces triatlones. La línea es muy delgada ya que algo que al principio puede ser beneficioso también se puede convertir en adicción. Tuve una clienta que era adicta a los aguacates, no es broma. Todos los días compraba ocho aguacates y se los tomaba de una sentada.

Así que la adicción no es la enfermedad que tenías o tienes. No es tu problema principal sino que fue o es un intento de resolver el problema del dolor emocional y el aislamiento. Así que el Dr. Maté dice: No preguntes por qué la adicción, pregunta por qué el dolor. Si comprendes el dolor, observa tu vida y no sólo tus genes. Y volvamos a la dopamina, al adicto a las compras, al adicto al juego, al adicto a la pornografía, al adicto a las redes sociales… Buscamos una inyección de dopamina para nuestro cerebro, que obtenemos al comportarnos así. Todo se basa en parte en los circuitos de dopamina que no se desarrollaron como deberían en tu infancia. Y ahora tienes que conseguir tu dopamina a través de la pornografía, las compras, el juego, las redes sociales, etc. Los escáneres cerebrales de adictos a la pornografía obtienen múltiples picos de dopamina como un drogadicto.

Ryan Soave, director clínico de Guardian Recovery que trabaja con personas que buscan una curación profunda del trauma, la adicción y la angustia emocional dice: ‘La adicción no es el problema sino la solución ya que la sustancia o la conducta da alivio temporal al estrés’. Y yo añadiría que da alivio al trauma individual. 

Adicción a los Opiáceos

Y hablemos de los opiáceos: Sustancia que se usa para el tratamiento del dolor o para producir sueño. Los opiáceos se derivan del opio o contienen opio. Los opiáceos se unen a los receptores de opioides en el sistema nervioso central. La codeína, la heroína y la morfina son ejemplos de opiáceos. ¿No te suenan? Pues el tramadol es el opioide más utilizado por todos nosotros. Mira tu botiquín.

Y tenemos receptores para la molécula de opiáceo en nuestro cerebro, lo que significa que tenemos nuestro sistema interno de opiáceos. Esto es pura ciencia del cerebro. El sistema de opiáceos se llama endorfinas. Endorfina significa sustancia interna endógena similar a la morfina. Tenemos un sistema de opiáceos en nuestro cuerpo que afecta muchas funciones de nuestro cuerpo, desde el intestino hasta el sistema inmunológico. Pero ¿qué hacen en el cerebro? Si entendemos la adicción a los opiáceos, tenemos que entender qué hacen las endorfinas en la trayectoria humana. En primer lugar, proporcionan alivio del dolor, tanto físico como emocional. Nuestras endorfinas internas hacen eso. Tenemos que tener dolor en la vida porque sin dolor no sobrevivimos porque podemos lastimarnos a nosotros mismos. Pero también tenemos analgésicos. Así, las endorfinas alivian el dolor, pero no sólo el dolor físico, también el dolor emocional. Porque la parte del cerebro donde las personas experimentan dolor físico, el sufrimiento del dolor físico, es también donde experimentan el sufrimiento del dolor emocional. Entonces las endorfinas y los opiáceos actúan allí. Ese es su primer papel. Su segunda función, junto con la dopamina, es brindar una sensación de placer, euforia y alegría. Pero eso es bastante importante en la vida humana porque la vida humana es difícil…

Además lo que hacen es facilitar esa cosa tan deseada por todos: El Amor. Las endorfinas ayudan a sentirnos conectados con otras personas. En particular, ayudan a que los padres se sientan conectados con sus hijos, sin lo cual nuestro hijo no sobreviviría. Ahora bien, ¿quiénes son estas personas que desarrollan adicciones a los opiáceos? Personas cuyas vidas han socavado sus circuitos de opiáceos. Al igual que el alcohol, que te da un mayor sentido de pertenencia, te da una sensación de ser amado, una sensación de calidez. Por eso la gente se vuelve adicta. Es porque sufrieron ese dolor temprano y ese intento de escapar, y porque sus circuitos cerebrales fueron afectados por condiciones adversas y no se desarrollaran de manera óptima, y ahora tienen que sustituirlos.

Cuando entiendes los circuitos cerebrales y la conexión con el desarrollo cerebral y el desarrollo humano y las condiciones y experiencias infantiles y cómo eso tiene un impacto directo en el funcionamiento y el cableado del funcionamiento de tu cerebro, puedes ver, como ser humano, lo que causó esto. Ese es el punto. Entonces eso te permite partir de ese momento de separación, desapego y objetividad para irte y decirte ‘no tengo la culpa de esto’.

Así que esto es un problema de circuitos y acondicionamiento. Por lo tanto dite: Es mi responsabilidad hacer lo que tengo que hacer con esto, curarlo y mejorarlo. Nunca podrás sanar mientras te castigas al mismo tiempo. Deja el papel de víctima y ocúpate de ti.

Tu adicción es una respuesta perfectamente normal a circunstancias anormales. Podemos observar a todos los veteranos de Vietnam que quedaron traumatizados y se convirtieron en alcohólicos o adictos a los opioides. Pero ojo que luego está el estudio opuesto sobre los veteranos de Vietnam que consumían opioides en Vietnam pero luego regresaron a casa y encontraron un ambiente de apoyo y dejaron la adicción.

Adicciones Conductuales

Hay que hacer una distinción entre las adicciones a las drogas y las adicciones conductuales porque las adicciones a las drogas se convierten en un problema químico, y la gente llega a la abstinencia, y eso tiene que ser controlado. Y los adictos conductuales también pasan por la abstinencia pero es menos notorio. Al igual que con la adicción al trabajo, cuando no trabajas estás irritable y deprimido. Eso es abstinencia porque la dopamina no fluye. Pero obviamente es más fácil de manejar. Hay dos cosas. Una es, veamos la necesidad que estás atendiendo en tu vida. No te sientes cómodo contigo mismo y entonces tienes que estar haciendo y tu atención tiene que ser externa y eso, por supuesto, nos remonta a tu infancia. Significa que no estabas cómodo y desarrollaste esa comodidad contigo mismo. Desarrollas ese sentido de tu propia bondad y validez. De modo que cuando estás solo y no estás haciendo algo, hay angustia y tu mente va por todos lados, se pierde. Y buscas esa conducta para satisfacer esa necesidad. En mi caso personal, cuando mis padres se divorciaron, yo me encerré en mi habitación a estudiar y así esconder mi dolor y mi soledad e intentar que la soledad se hiciera mi amiga. Esto que a simple vista puede parecer bien aprovechado porque sacaba buenas notas, en la actualidad me ha llevado a que tengo que estar escribiendo constantemente, una adicción a la escritura o la investigación que si no me controlo me absorbe y se pasan las horas que ni me entero. Puede parecer bien aprovechado pero eso hace que me desconecte de mi mundo personal.

Se trata de reconocer la necesidad que se está satisfaciendo, no invalidar la necesidad, validarla, sino reconocer que el comportamiento en sí solo se adapta temporalmente a ella pero no satisface la necesidad.

Y no hay nada de malo en decir: No trabajes o no bebas o no compres. Lo único que pasa es que no aborda la necesidad fundamental. Reconozcamos la necesidad. Esas necesidades son válidas. Necesitas contacto social o no estar aislado. Aislamiento social que lo interpretas como rechazo. 

Reconocer la necesidad, validarla y luego preguntarte: Bien, ¿cómo puedo satisfacer esa necesidad de manera que no sea dañina?

Trauma Infantil

‘El trauma no es el acontecimiento que infligió la herida. El trauma no es un evento o incidente por lo tanto, el trauma no es el abuso sexual, el trauma no es la guerra, no es el abandono, no es la incapacidad de tus padres para verte tal y como eras. El trauma es la herida que sufriste a consecuencia de ello.

Así que tu herida no fue que tu madre te dejara temporalmente con un extraño cuando eras niño, como me ocurrió a mi, aunque creo que todos hemos vivido esta situación, por ejemplo, si cuando eras bebé ya ibas a la guardería. Tu herida es el significado que le diste a esa experiencia como que no eras un buen niño y que no te querían y por eso te abandonaban. Si la herida del trauma ocurre dentro de ti significa que eso puede curarse en cualquier momento porque crearás experiencias que te llevarán a sentir tu herida con la posibilidad de curarla. En nuestra vida adulta, repetimos constantemente acontecimientos y situaciones, que a simple vista parecen únicas, pero son experiencias iguales del pasado para poder traspasarlas conscientemente y cambiar los patrones antiguos y, en definitiva, tener la oportunidad de sanar.

En su libro, el Dr. Maté relaciona el trauma infantil y la enfermedad física adulta. Y como dijo el psicólogo británico Richard Bentall, el vínculo entre el trauma infantil y la enfermedad mental está tan firmemente probado pero el estudiante medio de medicina de cualquier universidad nunca oye la palabra trauma. En toda su educación nunca llegan a echar un vistazo a la vasta literatura que relaciona enfermedad física y trauma o enfermedad mental y trauma o adicciones y trauma.

‘El cerebro sano tiene ciertas cualidades: conectividad social, afecto, búsqueda de la curiosidad, juego. Todos los mamíferos juegan. ¿Por qué? El juego es uno de los motores más importantes del desarrollo de un cerebro sano. ¿Qué pasaría si las escuelas comprendieran que el cerebro humano necesita interacciones humanas cálidas y enriquecedoras con adultos de confianza? ¿Que el juego es esencial? ¿Que la curiosidad es un circuito natural del cerebro humano y que hay que fomentarla en lugar de aplastarla?

¿En qué se equivocaron nuestros padres o abuelos?

Muchos fuimos educados en la era del ‘no llores’. Así que si eras un bebé y estabas llorando y querías la atención de tus padres, simplemente te dejaban llorar y así aprenderías a no llorar. Una lógica aplastante y con mucho sentido común… Según me contaron mis padres, yo me pasé la mayor parte del tiempo de mis tres primeros años de vida llorando. Yo eso no lo recuerdo pero lo que si recuerdo es un momento de mi infancia que no paraba de llorar y no sabía por qué pero no podía parar. Mi padre cogió mis regalos de cumpleaños y los puso lo más alto posible para que los viera pero no los pudiera tocar. Me dijo que era igual que mi abuela (su madre) con tanto lloriqueo y que hasta que no parara no tendría mis regalos. Mi padre con su trauma y yo creando el mío. Eso hizo que aún llorara más mientras me quedaba sola en la habitación mirando mis regalos inalcanzables. Esto que puede parecer una niñería crea un mensaje a nuestro inconsciente, crea un trauma (una gran herida) y crea un patrón que repetirás toda tu vida si no lo llevas a la conciencia. ¿Cuál es el mensaje inconsciente? Que no te puedes permitir enseñar tu vulnerabilidad porque te arriesgas a perderlo todo o a no conseguir nada. Además puedes hacer otra lectura, la injusticia de que te alejas siempre de la abundancia que te pertenece y al mismo tiempo sientes que no eres digno de ella. Otra, que si muestras tus necesidades, que si muestras quién eres, que si muestras tu vulnerabilidad, te abandonan, te dejan solo. ¿Sencillo de ver? ¿Verdad? Pues te animo que hagas lo mismo con tus traumas para romper los patrones sin sentido con los que te mueves en tu edad adulta. ¿Quieres reparar este trauma? Cierra los ojos, visualiza esa experiencia y cambia el curso del acontecimiento como si fueras el director y el guionista de tu propia película. Puedes hacerlo porque si has guardado esta imagen durante décadas que sepas que tienes la capacidad de cambiarla ahora mismo, con intención y emoción. Lo importante es encontrar la emoción, recuerda que el trauma es la herida que produce la experiencia, no la experiencia en si. Puede que al principio llores más que en la versión original y eso significa que el final será mucho más liberador.

¿Cuál es el impacto? A nivel psicológico, esto transmite el mensaje de que tus necesidades no importaban. También aprendías que estás solo y que el mundo no es de fiar.

Cuando el niño llora, está expresando una gran necesidad de conexión. Cuando no se satisface esa necesidad, el niño se estresa y su cerebro se llena de cortisol, que interfiere en el desarrollo cerebral.
‘No hay nada más natural que un bebé llore y quiera que le cojan en brazos. De hecho, los indígenas de todo el mundo no dejan llorar a sus bebés. No es que les prohíban llorar, es que los llevan a todas partes. En cuanto el niño se angustia, lo cogen en brazos.

Todo acontecimiento traumático es estresante, pero no todo acontecimiento estresante es traumático.
‘Si hablamos de trauma tendemos a pensar en abuso sexual, físico y emocional, que ocurren mucho. Pero puedes herir al niño si entiendes que un trauma significa una herida simplemente por no cogerle cuando está llorando y necesita tu atención y no se la das’. Experiencias traumáticas durante las etapas críticas de la formación del cerebro pueden alterar la estructura y la función de áreas cerebrales responsables de regular las emociones y decisiones. Estos cambios pueden traducirse en comportamientos y salud mental a largo plazo. La incapacidad para regular y controlar la respuesta al estrés y la emoción convierte a las personas que han experimentado traumas en seres vulnerables. Estas dificultades se manifiestan como trastornos de estrés postraumático, depresión, ansiedad, entre otros.

El trauma infantil también puede estar directamente vinculado a problemas de salud mental en la edad adulta. En general, los niños que han sido traumatizados tienen más probabilidades de desarrollar trastornos psiquiátricos como trastornos del estado de ánimo, trastorno por estrés postraumático e incluso trastornos de la personalidad. 

Gabor cree que la fuente de las adicciones no se encuentra en los genes, sino en el trauma infantil y el estrés y la dislocación social endémicos de los sistemas de desigualdad e injusticia.

Gabor Mate dice que los niños no se traumatizan porque se lastiman, se traumatizan porque están solos con el dolor.

¿Conoces a Winnie Pooh? La gente sacrifica su disfrute y su alegría por sus necesidades inconscientes de validar su existencia. ¿De dónde viene eso? Viene de la infancia. El juego traumático es tan importante como la alegría. En ese sentido, siempre podemos seguir jugando en el Bosque Encantado y eso es esencial si uno decide vivir. Y pase lo que pase en el Bosque Encantado, el niño y su oso siempre estarán jugando juntos.

Adicción en casa

¿Qué ocurre cuando un miembro de la familia tiene una adicción que desestabiliza al resto? Pongamos, por ejemplo, un hijo o un padre adictos.

Lo primero que suele ocurrir es que no se habla del tema, es como si en casa no pasara nada. Se excusa en pocas ocasiones y se tapa la mayoría de las veces. Y con el tiempo se normaliza, entre comillas, la adicción. Normalizarse no significa que ‘todo está bien’. Normalmente es la madre que piensa ‘todo pasará’ y no toma acción y al no accionar lo que se consigue es que cada vez se haga ‘más grande’ la adicción. La relación familiar se va quebrando con conflictos cada vez más subidos de tono que la madre normalmente tapa, no deja que los otros miembros de la familia hagan ruido consiguiendo que el hijo o padre adicto tenga el control de todo, es el protagonista de este drama y que es ‘alimentado’ normalmente por la madre. Si algún otro hijo intenta hacer ver que esto es injusto, que hay que romper este círculo vicioso, no se le deja, se le impide a través de la manipulación atándole las manos y tapándole la boca.

Es un tema complicado y delicado ya que si la madre no da dinero para mantener esta adicción igualmente su hijo le cogerá el bolso o la tarjeta de crédito si hace falta. En cristiano, le robará pero ya no solo a ella sino, por efecto dominó, a todos los miembros de la familia que verán mermada su estabilidad. Y la madre, aún así, sabiéndolo suele permitir porque cree y confía que su hijo saldrá de esto. Esta madre vive en su cuento de hadas, como si fuera a venir un hada madrina y con su varita mágica todo lo arreglara y lo dejara todo bonito. Pero con el tiempo, ella misma se da cuenta de que está endeudada, que sus vecinos han oido y visto mucho, que sus otros miembros de la familia están perdidos y ella es percibida y sentida como mala madre. A este punto la madre ya no confía, desconfía de todo, revisa bolsillos, móviles, pero siente que ya es demasiado tarde y ha perdido la oportunidad de poder hacer algo y se ha dado cuenta de que su manera de ayudar solo ha servido para empeorar las cosas y que Proyecto Hombre se convierte en como llevar a su hijo a la cárcel. Lo que lidia esta mujer ya es la pérdida de su niño, pérdida en todos los niveles y su obsesión obsesiva con este hijo ha hecho que haya perdido el foco en los demás miembros de la familia y en ella misma. Y la vergüenza, el resentimiento, la injusticia, la pérdida, la rendición, el cansancio, el victimismo se apoderan de toda ella. Y una pregunta: ¿tiene la madre una adicción? Yo respondería de que es adicta al control y que busca de manera disfuncional el ser reconocida y el amor.

La Dra. Black es reconocida mundialmente por su trabajo y continúa liderando, enseñando e instruyendo sobre temas relacionados con la adicción. En su libro, ‘Nunca me pasará’, aborda tres reglas importantes que existen en las familias cuando alguien tiene una dependencia química: No hables, no confíes y no sientas.

Con el tiempo, la racionalización normaliza la adicción. En algunas familias ni siquiera se buscan excusas, sino que no se habla de la adicción. Esto suele ocurrir cuando los familiares quieren ocultar el dolor y no hablar de la adicción puede simplemente desaparecer.

La seguridad psicológica y/o física suele faltar en hogares con adicción, lo que genera desconfianza.

Las reglas de ‘no hablar’ y ‘no confiar’ contribuyen directamente a la incapacidad de compartir o expresar sus sentimientos. Represión, contención y ocultar llevan al final a no sentir nada en absoluto y aquí el resto de la familia tiene la opción de permitir todo este complot o escapar de esta situación y cuanto más lejos mejor. 

Identificar y combatir estas reglas puede ser difícil. Sin embargo, una vez identificadas, existen maneras de reintegrar el diálogo, la confianza y los sentimientos en la familia. La Dra. Claudia Black fue una colaboradora clave en la creación del programa Campamento Mariposa de Eluna. 

Muy a mi pesar yo he vivido de cerca dos adicciones de las grandes con dos miembros de mi familia y he visto cómo los adultos no sabían y no actuaban para ayudar a mejorar la adicción ni proteger al resto de la familia. Como he dicho antes, es un tema delicado pero hoy en día hay muchas maneras de abarcar el problema y siempre, siempre, la raíz está en la infancia. Pero eso no es excusa para no hacer nada porque podemos hacer y mucho.

Yo Isasi

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