Después de lo vivido durante estos primeros meses del 2026, tengo que confesar que me vinieron ganas de venganza y según James Kimmel Jr., autor de ‘La ciencia de la venganza’, es una adicción compulsiva a lastimar a otros, aprovechándonos de nuestra propia victimización para sentirnos mejor.
Queremos venganza por lo que nos acaba de pasar y nos han hecho pero la disfrazamos de justicia para encubrir y excusar cualquier acto de agresión verbal o física.
Kimmel nos recuerda la importancia de distinguir la autodefensa de la venganza porque la autodefensa la necesitamos para sobrevivir sino nos convertimos en víctimas y ahí es cuando tendremos sed de venganza.
Es como un martillo golpeando un clavo. Pensamos: Pobre clavo que está siendo golpeado por un martillo. Pero el martillo también experimenta el mismo impacto de ese golpe. No puede escapar de él. Y no podemos convertirnos en el instrumento del dolor de otra persona sin experimentar nosotros mismos algo de ese dolor.
Así que los que nos han hecho daño también se han sentido víctimas primero. Tienes que tener ese sentido de victimismo para que tu cerebro lo convierta en un acto de violencia y te conviertas en un perpetrador. Los perpetradores siempre fueron víctimas primero.
Ahora que ya todo se ha calmado no tengo ni un ápice de venganza y eso me ha dado más claridad para seguir poniendo el foco en mi Bienestar y y así poder tomar decisiones más acertadas. Y no voy a entrar en si tienes que perdonar una situación imperdonable porque a quien tienes que perdonar es a ti mismo por tomar decisiones erróneas y permitir que te hicieran daño.
Así es cuando te liberas de tu propia prisión y la autodefensa se convierte en estar en paz y sin miedo de que te vayan a volver a hacer daño porque la única persona que puede permitir que eso ocurra eres Tú.
Lo que he aprendido: La venganza es una autolesión que perpetua el daño. Y además es como el martillo y el clavo. Los dos reciben el golpe y lo mantienen en el tiempo haciendo imposible la sanación.