Di lo que Piensas. Autenticidad Auténtica

Di lo que Piensas. Autenticidad Auténtica

Tabla de contenidos

¿Alguna vez has dicho si cuando en realidad querías decir no?

Vivimos en una sociedad que damos por hecho el si hasta que decimos no y la otra persona se asombra.
A nivel sexual, por ejemplo, parece que todo está permitido… hasta que pones un límite y dices: ‘Esto, en concreto, no’. Y de repente, surge un silencio que se convierte en distancia.

África Brooke, escritora de renombre mundial y especialista en autocensura, integridad y expresión, autora de The Third Perspective: Brave Expression in the Age of Intolerance, nos invita a ampliar la mirada y atrevernos a expresarnos con honestidad.
Su propuesta no es vivir en confrontación, sino recuperar la capacidad de decir lo que pensamos y sentimos, aunque vaya a contracorriente.

En su libro, Brooke nos recuerda que la valentía no es gritar a los cuatro vientos, sino hablar con integridad cuando sería más fácil callar. Que decir “no” no es rechazar a la otra persona, sino respetarte a ti mismo. Y que poner un límite claro es, en realidad, un acto de cuidado hacia ti y hacia quien tienes delante.

Quizá el reto más grande no sea aprender a decir “sí” con entusiasmo, sino atrevernos a decir “no” con serenidad y valentía. Porque cuando tu respuesta nace de la claridad y la coherencia, se transforma en algo más poderoso que una simple negativa: se convierte en un gesto de autenticidad. Y eso hoy en día es un valor que está en extinción.

Según Brooke, las redes sociales nos empujan a mostrar una versión limitada y encorsetada de nosotros mismos. El miedo no solo silencia lo que decimos, sino que también apaga quiénes somos realmente. Por eso, analiza la diferencia entre callar por miedo y elegir nuestras palabras con intención, recordándonos que no tenemos que escoger entre el silencio absoluto o la sobreexposición. El reto está en hablar desde la autoconciencia, la integridad y una confianza profunda.

Nos cuesta hablar con honestidad por temor al juicio. Nos autocensuramos. Evitamos conflictos y, al hacerlo, abandonamos nuestros valores. Hemos perdido la costumbre de vivir sin redes sociales y no sabemos establecer límites de forma respetuosa y cuando lo hacemos, a menudo es desde el rechazo. Pensamos en términos binarios —bueno o malo— y olvidamos que existe una tercera perspectiva, o incluso varias. Evitamos las conversaciones incómodas y nos bloqueamos frente a quien piensa diferente, ya sea sobre política, religión, educación o cualquier otro tema como el polémico y supuesto conspiranoico coronavirus

Si lográramos atravesar ese miedo al rechazo y al conflicto, podríamos crear espacios seguros para el diálogo y recuperar la libertad de expresión. Hoy, sin darnos cuenta, vivimos atrapados en nuestra propia mente: una mezcla de vergüenza pública, sobreexposición de lo personal, incapacidad de discrepar y autocomplacencia.

Brooke identifica aquí una forma moderna de tribalismo: la tendencia a sentirnos fuertemente ligados a un grupo y a ignorar o rechazar al resto. La división y la polarización no son nuevas; existían hace décadas, solo que adoptaban otras formas. El deseo de pertenencia es tan antiguo como la humanidad, pero que sea primario o biológico no significa que debamos normalizarlo.

Autocensura y Filtro Social

La autocensura ocurre cuando tememos ser castigados por expresarnos con honestidad. Puede adoptar la forma de callar o fingir que estamos de acuerdo con lo que otros quieren escuchar. Las redes sociales potencian esta dinámica: nos llevan a comportarnos y callar de maneras que no tendríamos en la vida real. Pensamos cosas como: “No puedo decir esto en Instagram”.

A la vez, existe la presión opuesta: la de ser radicalmente transparentes y exageradamente auténticos todo el tiempo. Cosa que puede llegar a ser abrumador. Brooke recuerda que no tenemos solo dos opciones: decirlo todo o no decir nada. La autocensura nace del miedo —muchas veces inconsciente— a ser rechazados o abandonados. Hoy no solo lo hacemos con personas cercanas, sino también con completos desconocidos, perfiles sin rostro ni nombre. Sentimos que podríamos ser ¡expulsados’… pero, ¿expulsados de dónde exactamente? Ese temor es profundamente primario, de nuevo el sentido de pertenencia (tienes un artículo sobre esto aquí).

Brooke distingue entre la autocensura y el filtro social. El filtro social se basa en el discernimiento, no en el miedo, y es algo que usamos de forma natural para comunicarnos de manera consciente y respetuosa. La clave está en no confundirlo con la autocensura.

Mundo Binario y la Tercera Perspectiva


Nuestra mente prefiere lo simple: Coca-Cola o Pepsi, Real Madrid o Barça, izquierda o derecha. Esa tendencia a reducir todo a dos opciones —lo que Brooke llama mundo binario— nos ahorra esfuerzo mental pero también nos encierra.

Cuando intentamos ver matices, aparece la paradoja de la elección: demasiadas opciones nos abruman. Sin embargo, es en ese terreno incómodo donde crece la tercera perspectiva: preguntarnos si existe otra vía, una alternativa no evidente.

El problema es que cambiar de opinión o adoptar una tercera postura nos obliga a soltar una versión de nosotros mismos que otros ya conocen. Es más fácil mantener una imagen cara a la galería coherente y predecible, aunque no sea auténtica.

Por eso debemos entrenarnos para buscar esa tercera mirada, incluso en temas difíciles como política, religión o relaciones. Estar presentes, cuestionar nuestros valores y actuar desde la valentía —no desde el ego— es clave para salir del pensamiento binario.

La tercera perspectiva surge de esa sinceridad. No se trata de vernos como problemas que hay que arreglar sino de detectar un punto crítico en nuestra vida y explorarlo con curiosidad. A menudo reprimimos no solo nuestras palabras, sino también nuestros pensamientos. Lo peligroso es cuando te censuras mentalmente antes de que nadie te cuestione: ya has hecho el trabajo de silenciarte.

¿Estás dispuesto a entrar en un conflicto y afrontarlo de forma saludable o lo evitas y te defiendes con autocomplacencia? Es importante en tus relaciones personales cuidar tu autocensura ya que intentamos evitar el conflicto incluso dentro de nosotros mismos.

Desmantelamiento de tu Identidad

Muchos reafirmamos nuestra identidad constantemente: con quién nos relacionamos, qué consumimos, qué leemos. Eso nos da seguridad, pero también nos puede dejar atrapados. Brooke lo compara con desmontar un mueble de Ikea hasta dejar todas las piezas sueltas, no tener manual de instrucciones y decir, ¿qué más puedo construir a partir de esto?

El reto está en romperte para que salga tu esencia, como cuando rompes la cáscara de un huevo y te haces un riquísimo huevo frito. Es cuestionar partes de nosotros sin destruirnos por completo manteniendo nuestras convicciones pero con apertura a revisarlas. Y sólo solemos ver dos opciones extremas, una opción es seguir reafirmando quién eres. Y la otra opción es desmantelarte tan profundamente que no tengas ni idea de quién eres. Y ¿cómo existimos en este espacio? 

Aquí es cuando aparece la verdadera tercera perspectiva que consiste en no aferrarnos a nuestra identidad ni rechazarla por completo. Es encontrar un punto intermedio, flexible y vivo.

Uno de los miedos más comunes es pensar que no se nos dará la oportunidad de explicar lo que sentimos. Esto provoca que revisemos y reescribamos cada palabra antes de hablar o publicar algo para, al final, no decir nada. Y tú antes has editado, reeditado, repasado, cambiado y reeditado cada palabra, y luego lo has borrado y lo has vuelto a escribir y una vez publicado piensas que van a pensar que es demasiado, que no está bien.

Callar es más seguro, pero ¿a qué precio? Al escondernos, perdemos oportunidades de conexión y entendimiento. Recuperar el diálogo, tu diálogo interno, requiere coraje: atrevernos a ser claros sin miedo a la desaprobación, y abrirnos a escuchar sin sentir que eso nos obliga a ceder.

Así que, cuando pienso en la reconstrucción de la identidad, surge la segunda pregunta: ¿puedo seguir manteniendo mis convicciones y tener una mente abierta?¿Puedo seguir manteniendo mis convicciones sobre mi identidad pero estar abierto a cambiarlas de nuevo? 

Esa es la tercera perspectiva. Así que no se trata de una u otra. No tienes que apegarte demasiado a tu identidad ni rechazarla por completo. En realidad es un reencuentro con tu auténtica Esencia.

La Falsa Superioridad Moral

Uno de los mayores bloqueos para el diálogo es la creencia de que yo tengo razón y tú estás equivocado. Si ya parto de que estoy en lo correcto, no tengo ni espacio ni interés en comprender tu postura.

En redes, este deseo de superioridad se acentúa. Allí no hay contexto personal: nadie conoce tus inseguridades o tu historia, así que puedes proyectar una imagen ‘perfecta’ y moralmente impecable. Muchas veces, esta postura busca compensar inseguridades profundas o miedo al rechazo.

El antídoto es la autoindagación, aunque sea incómoda: detectar cuándo y por qué queremos ejercer control o sentirnos por encima o superiores. Un debate valioso no consiste en demostrar que el otro está equivocado, sino en comprender tan bien su argumento que incluso pueda desmontarse solo.

El poder de “ganar al público”

En la sociedad actual, quien gana la aprobación del público —sobre todo en redes— gana, aunque esté equivocado o no conozcamos la verdad completa. Lo vemos en casos legales, en programas de televisión, en cualquier lugar donde la narrativa pública pese más que la realidad.

Esto nos lleva de nuevo al punto inicial: necesitamos menos tribalismo y más espacios de comprensión. Menos miedo a hablar y más capacidad de escuchar. Porque, como recuerda África Brooke, la libertad de expresión no es decirlo todo ni callarlo todo, sino elegir con conciencia, responsabilidad y autenticidad.

Cultura de la Cancelación

La llamada cultura de la cancelación o, como lo llama Brooke, sabotaje colectivo es un fenómeno en el que creemos actuar por el bien común pero en realidad muchas veces actuamos desde la intolerancia, el miedo o la vergüenza. Queremos ser progresistas, pero acabamos siendo regresivos.

En vez de mirar hacia adentro, señalamos hacia afuera y apuntamos con el dedo acusatorio. Es más fácil condenar que cuestionar nuestras propias sombras. Sin embargo, el verdadero crecimiento exige reconocer esas partes incómodas de uno mismo, integrarlas y aprender a convivir con ellas.

La culpa y la vergüenza rara vez logran un cambio real, ni en los demás ni en nosotros. ¿Cuándo fue la última vez que alguien se acercó a ti porque lo avergonzaste? Y aunque te disculpes, una disculpa nacida del miedo no siempre implica responsabilidad auténtica. Si es miedo disfrazado de superioridad.

Participar en la cancelación es incompatible con sentirse plenamente en paz con uno mismo. Estar completo significa aceptar tanto tu luz como tu oscuridad. Requiere valentía, autocrítica y la disposición a ver la humanidad en el otro, incluso si no estás de acuerdo con lo que hizo. La gracia —que no es pasividad ni falta de límites— consiste en decir no con el corazón abierto.

El problema es que hoy vivimos como si siempre estuviéramos, literalmente, en un escenario o en un set de rodaje porque grabamos casi todos los acontecimientos de nuestra vida. Nos autocensuramos, damos explicaciones preventivas y filtramos cada palabra por miedo al juicio. Esto erosiona la autenticidad, las relaciones y la confianza. Nuestras interacciones se reducen a instantáneas mal interpretadas, como fotos sin contexto o cortes de videos de menos de un minuto que distorsionan la verdad.

Pero ¿por dónde empezamos cuando no tenemos espacio para nuestras contradicciones porque ni siquiera sabemos cuáles son?

Si estás dispuesto a integrar y comprender tu sombra, experimentarás una vida más plena. Te encontrarás siendo más íntegro. Es como un viaje de pasar del conformismo, ya sea conformarse con los valores y expectativas de tu yo pasado, a un lugar de expresión y coraje reales y valientes donde hay que pasar por tres etapas: Conciencia, responsabilidad y expresión. Y mucha gente se salta los dos primeros y va directamente a la expresión.

Tenemos que empezar por la conciencia. ¿A qué le temes si dices la verdad? ¿Te castigarán, te abandonarán o te rechazarán? Una debilidad muy primaria. Ves el mundo como una amenaza para tu identidad ficticia.

Después llegas a la responsabilidad, donde te pregunto: ¿qué defiendes? 

Y para saber realmente qué defiendes, necesitas saber cuáles son tus valores. Para detectar tus contradicciones tienes que preguntarte ¿qué valoro? Y decimos cosas como valoro la honestidad, la integridad, la transparencia, la amabilidad

Y está muy bien todos estos bonitos valores pero si quieres profundizar un poco más tienes que darte cuenta de que los resultados que ves en tu vida ahora mismo, en tiempo real, en este preciso instante, te mostrarán qué es lo que realmente valoras: el estado de tus relaciones, el estado de tu cuenta bancaria, tu comportamiento en redes sociales, todo esto te muestra lo que realmente valoras. Entonces, ¿sigue siendo coherente con los valores que mencionaste de honestidad, integridad, transparencia, amabilidad? 

Pero creo que lo realista es observar algún punto crítico en tu vida ahora mismo, porque seguro que existe como mínimo uno, y luego sentir curiosidad, aunque sea un poco. Y ser honesto sobre las áreas en las que te encuentras reprimiendo, no solo tus palabras, sino también tus pensamientos. Es un gran ejercicio de reflexión y honestidad con uno mismo. 

No creo que puedas estar verdaderamente completo dentro de ti mismo, porque estar completo es aceptar tu sombra, es integrar las partes desordenadas y asquerosas de ti que preferirías mantener cerradas. 

Y tus relaciones interpersonales son el mejor campo de entrenamiento para todo lo que estamos hablando. Porque quien eres en tu vida personal se convierte en quien eres en las redes sociales, te guste o no. Se trata de permitirte tener los pies en la tierra, ser quien eres como persona y saber cuáles son tus prioridades. Y si hay algo que no te gusta, te quedas y descubres por qué te sientes tan incómodo y lo reparas porque es un conflicto. Necesitas repararlo.

Los humanos tenemos una enorme capacidad de transformación si se nos da la oportunidad. Vale la pena preguntarse:

  • ¿Qué creencias guían mi vida que yo no elegí?
  • ¿Cuántas verdades acepté por herencia y nunca me cuestioné?

La libertad está en expresarse de forma honesta, sin buscar la aprobación constante. Como dije, prefiero un conflicto honesto a una armonía falsa.

Por eso la pregunta no es ¿quién está de acuerdo conmigo?, sino ¿estoy viviendo de forma íntegra?

Yo Isasi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *