Combinación de Alimentos

‘Lo que comemos y no digerimos correctamente, no nos alimenta; al contrario, nos envenena. Cuando empezamos a alimentarnos combinando correctamente lo que comemos, se produce un cambio extraordinario en nuestras vidas: nos sentimos mejor, estamos de buen humor, olemos mejor, nuestra mente está más clara, desaparecen las jaquecas, alergias, estreñimiento y comenzamos a vivir la vida con una alegría creciente, como si nos hubiéramos liberado de un pesado fardo.’ H.M. Shelton, cita de su libro ‘La Combinación de los Alimentos’.

Corrían los años 90 cuando, en un curso de Higienismo en el antiguo Herbolario Navarro del centro de Valencia, me hablaron por primera vez de Herbert.M. Shelton y su libro ‘La Combinación de los Alimentos’. Fue tan grande el ‘descubrimiento’ que supuso un antes y un después en mi alimentación y también en mi estilo de vida.

¿Quién es Herbert Shelton (1895-1985)?

‘Uno de los principales críticos de la Medicina Moderna. Al tiempo que defendía las prácticas de un sistema de atención sanitaria denominado Higiene Natural, informaba a sus lectores de las muchas prácticas peligrosas que ejerce la medicina moderna. Él decía que una cosa es curar la enfermedad y otra bastante diferente devolver la salud al enfermo. Con un tratamiento farmacológico los síntomas pueden desaparecer, pero en su lugar quedan enfermedades que, a menudo, son graves y, algunas veces, mortales. La curación pertenece al organismo.’ Jean A. Oswald, ‘Yours for health, The life and Times of Herbert M. Shelton’ (1994).

¿Qué es la Higiene Natural o Higienismo?

‘Es una receta que proporciona de forma adecuada los requisitos naturales que exige una vida saludable -descanso mental, físico y fisiológico, alimentos adecuados, aire fresco, ejercicio, luz del sol, calor y limpieza.
La práctica de la Higiene Natural consiste en construir nuestro sistema inmunitario dentro de nuestra fisiología, gracias a una forma saludable de vida. Cuidar la salud significa cuidarnos a nosotros mismos y que lo que necesitamos es ampliar nuestra perspectiva para situar la responsabilidad por las enfermedades en un nivel más profundo de la conciencia, donde se puede encontrar el potencial curativo’. Jean A. Oswald, ‘Yours for health, The life and Times of Herbert M. Shelton’ (1994).

Importancia de las enzimas en nuestra digestión según Shelton

  • ‘Cada enzima es específica en su acción. Es decir, la especificidad de las enzimas las hace actuar sólo sobre una clase de substancias alimenticias. Las enzimas que actúan sobre los carbohidratos no tienen ni pueden tener efecto sobre las proteínas, ni sobre las sales minerales, ni las grasas. El fisiólogo Howel nos dice que no existe ninguna prueba evidente de que una enzima pueda producir más de una sola clase de acción.
    Esta acción específica de las enzimas es importante, pues como hay varias etapas en la digestión de los alimentos, cada etapa requiere la acción de una enzima diferente, y las diversas enzimas son capaces de realizar su trabajo siempre que el trabajo precedente haya sido correctamente realizado por la enzima que le precede. Por ejemplo, si la pepsina no ha convertido las proteínas en peptonas, las enzimas que transforman las peptonas en aminoácidos, no serán capaces de actuar sobre las proteínas.’

‘Como la acción de las enzimas en la digestión es muy parecida a una fermentación, se supuso que estas substancias eran fermentos. Sin embargo, la fermentación es realizada por las bacterias o fermentos orgánicos y sus productos, que difieren de la desintegración de los alimentos por enzimas, no son nutritivos. Más bien son tóxicos. La putrefacción, que es también el resultado de la acción de estas bacterias, tampoco produce materias nutritivas, sino venenos, siendo algunos de ellos virulentos.’

‘Cuando se emprenda una modificación, por modesta que sea, tiene que ser ante todo comprendida y aceptada a la perfección. Sólo así se consiguen resultados alentadores, estables y rápidos.’ André Torcque.

1- No tomar ácidos con almidones

La digestión empieza en la boca. La saliva, que es normalmente un fluido alcalino, contiene una enzima llamada ptialina, la cual reduce el almidón a maltosa, un azúcar complejo que más tarde es descompuesto en el intestino por la maltasa y convertido en glucosa, que es un azúcar simple. Así pues la ptialina actúa directamente sobre el almidón.
La amilasa, que es una enzima de secreción pancreática, reduce también el almidón como lo hace la ptialina. De esta manera, el almidón que escapa a las fases de digestión bucal y estomacal, puede todavía ser transformado en maltasa y maltodextrina, suponiendo que no haya fermentado antes de llegar al intestino.
La ptialina es destruida por un ácido débil y también por una reacción alcalina fuerte. Puede actuar sólo en un ambiente medianamente alcalino. Por tanto si se mezclan almidones con alimentos ácidos o que provoquen una secreción ácida en el estómago, la acción de la ptialina queda interrumpida. 

En una o dos cucharaditas de vinagre, existe el suficiente ácido acético para suspender totalmente la digestión salivar. Los ácidos de los tomates, bayas, naranjas, pomelos, limones, piñas, manzanas agrias, uvas agrias y otras frutas ácidas o agrias, son suficientes para destruir la ptialina de la saliva y, por lo tanto, suspender la digestión del almidón. El doctor Percy Howe dice: ‘Mucha gente que no puede comer naranjas en la comida no tiene inconveniente si las toma de quince a treinta minutos antes.’
Tampoco es conveniente beber zumos de naranja o de tomate en un desayuno a base de cereales, a pesar de ser un hábito tan común.

  • Los almidones a los que Shelton se refiere son: Todos los cereales y sus derivados (pan, pastas, etc.); habas y judías secas (excepto los granos de soja); garbanzos y en general todo tipo de leguminosas secas; toda clase de patatas; cacahuetes; boniatos; plátanos; calabazas; aguaturmas (tubérculo); castañas. Con menos cantidad de almidón: coliflores, remolachas, salsifís (raíz que se parece al nabo o a la zanahoria), escorzoneras.
  • Casi todos los ácidos que ingerimos son frutas ácidas: Naranjas, granadas, manzanas ácidas, ciruelas ácidas, uvas ácidas, melocotones ácidos, grosellas, pomelos, fresas, tomates, frambuesas, piñas, limones. Además del vinagre.

2- No combinar proteínas con almidones

El fisiólogo Stiles afirma: ‘La capacidad de la enzima pepsina para digerir proteínas se manifiesta sólo en presencia de una reacción ácida y se pierde por completo cuando la mezcla es alcalina. Por lo tanto, las condiciones que permiten la digestión péptica son las que impiden la acción de la saliva’. De la ptialina dice: ‘Esta enzima es extremadamente sensible al ácido. Puesto que el jugo gástrico destruye la ptialina, y por lo tanto, inhibe la digestión del almidón.’
El doctor Richard C.Cabot dice: ‘Cuando comemos carbohidratos, el estómago segrega el jugo adecuado, de composición diferente al que segrega si le llegan proteínas. De este modo es cómo el estómago responde a la peculiar demanda que se le hace. Este es uno de los numerosos ejemplos de que órganos, que creemos, sin razón, inconscientes y desprovistos de alma, efectúan una elección y toman, por propia voluntad, una iniciativa inteligente. Aquí está el secreto. Cuando tomamos almidones, el estómago segrega una clase diferente de jugo que cuando tomamos alimentos proteicos.’
V.H.Mottran, profesor de fisiología en la Universidad de Londres dice: ‘El jugo gástrico digiere las proteínas, y la saliva, el almidón. Por lo tanto, es obvio que para una digestión correcta y eficaz, los alimentos proteicos deben comerse primero, y los que tienen sólo almidón, después.’
A lo que Shelton responde que si se come primero el alimento proteico y luego el que contiene almidón, las proteínas se digerirían en la parte inferior del estómago y el almidón en la parte superior. Que yo sepa, el estómago no posee ningún mecanismo para separar estas substancias tan íntimamente mezcladas y colocarlas luego en compartimentos diferentes. Por tanto, el plan sugerido por Mottran (comer primero el alimento proteico y luego el amiláceo) no puede dar resultados satisfactorios.
Esta regla nos dice que los cereales, el pan, las patatas y otros alimentos con almidón, no deben tomarse a la vez que huevos, carne, queso, frutos secos y otros alimentos proteicos.

Todos los fisiólogos coinciden en la idea de que la composición del jugo digestivo corresponde a las características del alimento que debe ser digerido, y que cada alimento requiere una modificación específica de dicho jugo. Se comprende entonces claramente que las mezclas complejas perturbarán mucho la eficacia de la digestión y que las comidas sencillas serán digeridas más fácilmente y serán, por lo tanto, más provechosas.

En la actualidad hemos llegado a tal punto que hacemos unas combinaciones increíblemente atómicos (en una misma comida varias proteínas, varios almidones, varios ácidos y, de remate, postre). Así que, simplemente aconsejando tomar un sólo almidón y una sola proteína al mediodía ya uno puede notar una mejoría digestiva abismal.

  • Las proteínas o prótidos son los alimentos que contienen un alto porcentaje de proteínas en su constitución: Frutos secos (nueces, almendras, avellanas, etc.); huevos; judías secas; garbanzos; granos de soja (la soja es ciertamente la leguminosa más difícil de digerir ya que contiene un 24% de almidón, un 37% de proteínas y un 18% de grasa); cacahuetes; quesos; aceitunas; leche (tiene bajo contenido proteico); todo tipo de carne y de pescado (excepto la grasa).
    Las proteínas combinan bastante mal con las siguientes verduras: remolachas, nabos, zanahorias, coliflor, colinabos, habas, guisantes, alcachofas, patatas, boniatos porque son verduras algo farináceas. Las judías y los guisantes contienen a la vez proteínas y almidón, y es mejor consumirlos como proteína o como almidón, combinados con verduras y sin agregar ningún otro producto proteico o amiláceo. Las patatas tienen la suficiente fécula como para ser la parte principal de una comida amilácea.
  • La Enzima estomacal o Pepsina

El jugo gástrico puede variar desde una reacción casi neutra a una reacción ácida fuerte, según la naturaleza del alimento ingerido. Contiene tres enzimas: la pepsina que actúa sobre las proteínas, la lipasa que tiene una acción sobre las grasas y el labfermento que coagula la leche. La pepsina es capaz de iniciar la digestión de todo tipo de proteínas. Es la única enzima que tiene esa característica.
La pepsina actúa sólo en un medio ácido y es destruida por un alcalino. La baja temperatura, como cuando se ingieren bebidas heladas, retarda y hasta suspende su acción. El alcohol precipita esta enzima.

Si la naturaleza produjera gran cantidad de alimentos con una proporción casi idéntica de lípidos, prótidos y de glúcidos, nuestro sistema digestivo sería probablemente distinto. Los alimentos equilibrados en los tres componentes son muy difíciles de digerir. La digestibilidad aumenta a la vez que la preponderancia de un solo elemento. Por ejemplo, la soja es ciertamente la leguminosa más difícil de digerir ya que contiene un 24% de almidón, un 37% de proteínas y un 18% de grasa.

3- No combinar Proteína con Proteína 

La digestión de dos proteínas que difieren por su composición y carácter, asociadas con otros factores alimentarios, requiere de las secreciones unas modificaciones y un tiempo de actuación peculiar para cada proteína. Esto no significa que dos tipos de carne no puedan comerse juntos, o que diferentes clases de frutos secos no puedan tomarse al mismo tiempo, pero sí significa que no deberían combinarse alimentos proteicos como carne y huevos, carne y frutos secos, carne y queso, huevos y leche, huevos y frutos secos, queso y frutos secos, etc.
Unas sola clase de proteínas en la misma comida proporcionará a la fuerza una digestión más eficiente.
Y ojo para los que se creen que hacen una comida ‘sana y ligera’ cuando toman la típica ensalada compuesta, entre otras cosas, por pollo, atún, huevo y queso aliñada con una salsa ‘suave’ a base de nata líquida. 

4- No combinar Ácidos con Proteínas 

Como la pepsina solamente es activa en un medio ácido se comete el error de creer que agregando alimentos ácidos, estos ayudaran a la digestión de las proteínas. En realidad, sucede lo contrario, pues estos ácidos, inhibiendo la digestión de las proteínas, dificultan la secreción del jugo gástrico. Las frutas y los medicamentos ácidos perturban la digestión normal, ya sea destruyendo la pepsina o deteniendo su secreción. La digestión de las proteínas requiere imperativamente un jugo gástrico adecuado en cantidad y acidez, y los ácidos de las frutas, obstaculizan esta secreción, contrarrestan seriamente la digestión de las proteínas produciendo su putrefacción.
Aunque la pepsina sólo es activa en presencia del ácido clorhídrico (y no existe prueba alguna de que otros ácidos favorezcan la tarea de la enzima), una acidez gástrica excesiva detiene su acción, e incluso la destruye.


‘El zumo de limón, el vinagre u otro ácido utilizados para aliñar las ensaladas con un producto proteico, producen una repentina detención de la secreción del ácido clorhídrico, lo que impide la correcta digestión de las proteínas.’

5- No combinar Grasa con Proteínas

Las grasas (mantequilla, nata, aceite, margarina, etc.) retardan la digestión de las proteínas en dos horas o más, por lo que no es aconsejable consumirlas junto con proteínas. La presencia de grasa en carnes grasas, en frituras de carne, huevos fritos, es probablemente la razón por la que estos alimentos requieren más tiempo para ser digeridos que las carnes magras asadas o hervidas, o los huevos pasados por agua. Las carnes grasas y los fritos son los que ocasionan mayores trastornos.
Sin embargo, el efecto inhibidor de la grasa puede ser contrarrestado consumiendo verduras en cantidad, preferentemente crudas.

  • Las grasas: Manteca, mantequilla, nata, margarina, aceite de frutos secos, aceite de girasol, de sésamo, de almendras, de maíz, de oliva, de soja, aguacates, pacanas, carnes grasas y embutidos.

6- No combinar Azúcares con Proteínas 

Los azúcares no sufren digestión alguna en la boca, ni siquiera en el estómago, sino sólo en el intestino. Si se toman solos, no permanecen mucho tiempo en el estómago y pasan rápidamente al intestino. Asociados con otros alimentos, ya sean proteicos o amiláceos, se quedan en el estómago mucho más tiempo, aguardando la digestión de los otros alimentos. Los azúcares, al inhibir tanto la secreción gástrica como los movimientos del estómago, también interfieren la digestión de las proteínas, y durante esa espera, fermentan. Las proteínas, por lo tanto, no deben comerse junto con azúcares de ningún tipo o naturaleza. Experimentos del doctor Norman han demostrado que, al tomar nata y azúcar después de una comida, se demora su digestión durante varias horas.

Ejemplo: Las típicas tartas que hacemos con huevos.

7- No combinar Azúcares con Almidones

Las jaleas, compotas, mantecas de frutas, azúcares industriales, miel de abeja, melaza, jarabes, etc., agregados a tortas, pan, pasteles, cereales, patatas, etc., producen fermentación. La regularidad con que millones de personas toman cereales con azúcar como desayuno, y como consecuencia sufren acidez de estómago, eructos ácidos y otras evidencia de indigestión, sería divertida si no fuera tan trágica. Las frutas dulces con almidones también producen fermentación. El pan relleno de dátiles, uvas pasas, higos, etc., tan popular entre los clientes de las tiendas de ‘alimentos sanos’ son combinaciones ‘no adecuadas’. Muchas personas interesadas en la vida sana creen que si se utiliza miel, en lugar de azúcar, se evita la incompatibilidad, pero en realidad no es así. Miel con tortas calientes, jarabes con tortas, pasteles calientes, etc., producirán casi seguro fermentación.
Se ha comprobado que, al ingerir azúcar con almidón, se obstaculiza infaliblemente la digestión de este último.

8- No combinar Almidón con Almidón

Con una pizca de humor, Carlton Fredericks dice: ‘No sirva más de dos productos alimenticios ricos en azúcar o en almidón en la misma comida. Cuando sirve pan y patatas, usted sobrepasa los límites de tolerancia del organismo al almidón (las patatas tienen la suficiente fécula como para ser la parte principal de una comida amilácea). Una comida que incluya guisantes, pan, patatas, azúcar, pastel y después alguna infusión azucarada debería incluir una cápsula del complejo vitamínico B, algo de bicarbonato y la dirección más cercana del especialista en artritis y otras enfermedades degenerativas.’

Si dos o más almidones se comen al mismo tiempo, en la misma comida, uno o el otro será seleccionado para la digestión y la asimilación y el otro pasará directamente a los intestinos sin ser digerido retardando la digestión de otros alimentos creando fermentación.

¿Cuántos de los que coméis ‘sano’ tomáis varios cereales en el desayuno (muesli o pan multicereales) o granolas en la merienda creyendo que por eso aportáis más nutrientes? Con uno es más que suficiente. Mi abuela decía ‘pan con pan comida de tontos’ y a esta regla le va como anillo al dedo. Siempre lo digo: ‘Menos es más’.

9- Los Melones y Sandías siempre solos

Al tomarse correctamente, sólo permanecen en el estómago unos pocos minutos y luego pasan al intestino. Pero si se ingieren con alimentos que requieren una larga permanencia en el estómago para la digestión salivar o gástrica, los melones también quedan retenidos. Como se descomponen muy rápidamente cuando se les corta y se les coloca en un lugar caliente, tienden a producir gases y molestias al comerlos con la mayoría de los demás alimentos.
Toda variedad de melones y sandías deben tomarse solos. No deberían tomarse entre comidas.

10- Frutas mejor solas

Las frutas no admiten ninguna mezcla porque al ser mezcladas con otros alimentos, produce una fermentación alcohólica y perturban gravemente la digestión y la asimilación. De esta forma, lejos de proporcionar al cuerpo los minerales y vitaminas que contienen en abundancia, lo desmineralizan y provocan desequilibrio y carencias. La regla de oro es tomar la fruta exclusivamente sola. No se recomienda tomar fruta para cenar, sobre todo si es ácida, y menos aún en el caso de las personas nerviosas.

Los ácidos de las frutas no combinan bien ni con los almidones ni tampoco con las proteínas. Asimismo, sus azúcares no combinan bien con las proteínas ni con los almidones. Los aceites del aguacate y de la aceituna tampoco combinan bien con las proteínas de otros alimentos.
Al tomarlas con otros alimentos que necesitan permanecer un largo tiempo en el estómago, las frutas también se quedarán allí hasta que se complete la digestión de aquellos alimentos. Esto provoca una descomposición debido a la acción de las bacterias.

Además del ácido clorhídrico, los ácidos de las frutas como naranjas, pomelos, piñas, tomates, limones, limas, uvas, bayas ácidas, etc., y el ácido del vinagre, así como los ácidos de los medicamentos destruyen la amilasa salivar. Comer frutas ácidas y utilizar vinagre para aliñar suspende la digestión.

11- Eliminar los Postres

Los pasteles, tartas, pudines, helados, frutas hervidas, etc., tomados al final de la comida combinan mal con casi todo cuando se haya digerido. No sirven para nada y no son necesarios.
Tomados después de una comida normal, como de costumbre, no pueden digerirse bien. Lo mismo puede decirse de los postres fríos, como por ejemplo los helados, significan otra barrera más al proceso digestivo, la del frío.
Totalmente de acuerdo. ¡Fuera postres!

12- Agua fuera de las Comidas

‘Beber agua en la comida debilita la acción de la saliva sobre los almidones, tanto en la boca como en el estómago. Además, no es cierto que necesitemos tomar agua durante la comida para ayudar a la digestión. Es mucho mejor beber agua diez o quince minutos antes. El agua durante la comida diluye los jugos digestivos y los arrastra con sus enzimas.’

Deseo que esta información os haya sido tan valiosa como lo fue para mí en su momento. Creo que es necesario ampliar la visión nutricional y ser conscientes de que no sólo es importante la calidad nutricional de los alimentos sino también de cómo los digerimos y absorbemos para obtener todos sus nutrientes.
Menos es Más.

Tienes información más ampliada sobre este tema en mi libro ‘El Código de la Nutrición. Por una Nutrición Divergente’.

Yo Isasi

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