Un agosto como hoy de hace 25 años, elegí Menorca con los ojos cerrados y apuntando al azar mi dedo en el mapa de la Guía Repsol (literal, como te lo cuento).
La primera noche, la isla me recibió en una casa rural del Camí den Kane con rachas de viento, relámpagos y truenos, una noche exactamente igual que la de ayer. Todo un festival de luces y sonidos para que me acojonara y saliera por patas o para decirme que a la isla se venía a despertar.
En Menorca me he caído, me he levantado, he parido en Es Grau, he reído, he llorado, he perdido, he ganado, he sufrido, he disfrutado, me he asfixiado, he respirado, he huido, he regresado, he aprendido, he desaprendido, he vivido, he muerto y he resurgido pero sobre todo la he respetado.
Lo que empezó como una aventura conmigo misma hace un cuarto de siglo, se ha convertido en una verdadera historia de Amor con sus luces y sus sombras.
El libro que estaba leyendo cuando llegué era El Alquimista y entre mar, arena, roca, pared seca, s’uestras, tramontanas y comiendo higos por primera vez, pude darme cuenta que había encontrado mi Hogar.
‘Cuando uno realmente desea algo, el universo entero conspira para ayudarlo a conseguirlo’. Paulo Coelho. Y yo añadiría: ‘Solo hay que tener Fe y disfrutar del trayecto ya que es ahí donde está el verdadero aprendizaje’.

